EL APUNTE

El lugar de los que mueren

El drama mortal de la inmigración no tendrá solución sin paz y progreso en los países de origen

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Siempre sorprende. Nunca deja de impresionar. La imagen de los que cruzan el mar sobre un flotador, sobre cualquier juguete, encima de cuatro maderas unidas con tres clavos... La lucha por la vida enfrentada a la capacidad de matar del mar, los que huyen del hambre, la guerra o la desesperanza sin nada que perder. Los habitantes de la provincia están familiarizados con el fenómeno de la inmigración pero hay dolor para el que resulta imposible prepararse. La imagen mental de cuatro personas ahogadas, entre 471 rescatados, 57 pateras o embarcaciones hinchables interceptadas en un solo día. Ninguno de nosotros está listo para ese impacto por más entrenamiento que tengamos porque muestra con toda la crueldad la dramática lucha de miles de personas por escapar de la miseria o la violencia a través de las olas. El ‘Aquarius’ que navega hacia Valencia sólo es una gota en todos los océanos del fenómeno social y global: el mundo pobre huye hacia el rico.

Nos toca ver a las víctimas de cerca porque vivimos en una de muchas las trincheras que hay en el mundo, como la frontera mexicana, Lampedusa, los límites terrestres o marítimos entre Grecia y Turquía... Escenarios de una guerra mundial y social, humana, despiadada e interminable.

El fenómeno se ha generalizado en otras costas, en Grecia, antes en Italia, y la alarma se ha quedado encendida durante semanas, meses. En realidad, nunca cesa. La muerte de cuatro personas (más) es un golpe que recuerda una tragedia que sucede a diario. Cuando no suena, también.

La reaparición de los cuerpos ateridos, con hipotermia, agotados o sin vida de inmigrantes en aguas del Estrecho, niños, embarazadas, jóvenes que serían considerados niños en la egoísta Europa, hace más de dos décadas que ofrece un trágico retrato casi diario. Esa tragedia, que parecía desplazada ahora a otros puntos del mapa, al Mediterráneo Central, ha vuelto a demostrar que nunca se fue de aquí.

Después de unos años –2012, 2013 y 2014– en los que se habló de un incremento de hasta el 300% (con la célebre avalancha en Tarifa), los expertos, asociaciones y profesionales aún dicen que la vía del Estrecho va a vivir en 2018 el verano más complicado de su historia. Ya es decir. No queda más que salvar vidas mientras gobiernos y diplomacia tratan de buscar solución definitiva a esta lacra: paz y progreso en los lugares de origen de los que mueren.