El topo ruso de la CIA que se libró por los pelos de las garras de Putin

Según la prensa, fue él quien informó de que el presidente ruso dio la orden de influir en las elecciones estadounidenses de 2016

Corresponsal en MoscúActualizado:

Al excoronel del GRU (la inteligencia militar ya desde la época soviética), Serguéi Skripal, le pillaron pasando información al Reino Unido y le condenaron a 13 años de cárcel en 2006. No los cumplió porque en julio de 2010 fue canjeado, junto con otros tres informantes al servicio de Occidente, por 10 espías rusos que fueron sorprendidos infraganti en Estados Unidos, entre ellos la glamurosa y mundana matahari, Anna Chapman.

Luego, los supuestos «turistas» rusos Alexánder Petrov y Ruslán Boshírov, también agentes del GRU según Londres, intentaron asesinarle junto a su hija en Salisbury con Novichok, una sustancia de uso militar altamente tóxica.

Del otro lado, habían sido desenmascaradas dos jóvenes y seductoras espías rusas, la citada Chapman, y María Bútina. La primera, tras ser canjeada, volvió a su país para dirigir un programa en la televisión rusa. La segunda está todavía encarcelada en EEUU, aunque pronto podría ser puesta en libertad y deportada de regreso a Rusia.

Pero el que se ha librado por los pelos de caer en manos de los servicios secretos de Vladímir Putin y de ser enviado a prisión, a buen seguro para una larga temporada, ha sido Oleg Smolenkov, un gris diplomático ruso reconvertido en confidente. Espiaba nada más y nada menos que a Putin y lo hacía desde dentro de la Administración de la Presidencia rusa, desde unas oficinas situadas en la calle Ilinka, junto a la Plaza Roja y a tiro de piedra del Kremlin. Parece que nunca se reunió personalmente con el máximo dirigente ruso, pero sí pudo leer los informes que pasaban por su despacho. Escapó con su familia a Estados Unidos antes de ser descubierto.

Su fuga se produjo en 2017 y, según la prensa estadounidense, fue él quien informó a la CIA de que Putin había dado orden de influir por todos los medios en las elecciones presidenciales de 2016, en las que venció el actual jefe de la Casa Blanca, Donald Trump. La CIA decidió que Smolenkov corría peligro en Moscú y había que sacarle de allí.

El canal internacional CNN sostiene que había miedo a que una indiscreción del propio Trump, que ya demostró en una ocasión poca cautela compartiendo confidencias con el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, pudiera delatar al topo. Fuera por esa razón o por cualquier otra, por ejemplo, porque tal vez se pudo detectar que el hombre ruso de la CIA infiltrado en el Kremlin estaba empezando a ser vigilado por el FSB, el antiguo KGB, lo cierto es que puso pies en polvorosa en compañía de su esposa e hijos.

De Montenegro a Virginia

Partió hacia Montenegro como si se fuera de vacaciones y desapareció a bordo de un barco. Su destino final era en Stafford (Virginia), una localidad muy cercana a Washington, junto al río Potomac, en donde sus amigos americanos le habían agenciado una bonita casa. Cuando pasó el tiempo y en la Administración del Kremlin se dieron cuenta de que Smolenkov había desaparecido creyeron que estaba muerto. De hecho se abrió una causa criminal por asesinato, pero el caso fue archivado de forma repentina a los pocos días.

Las autoridades rusas nunca dieron a conocer la desaparición ni pidieron información a Washington, lo que parece indicar que no sabían su paradero y tal vez ni siquiera que había estado espiando al jefe del Estado. O, si lo sabían, puede que resolvieran mantener silencio para ocultar el humillante gol que les había metido la CIA.