La infanta Elena saluda a los feligreses frente al Cristo de Medinaceli
La infanta Elena saluda a los feligreses frente al Cristo de Medinaceli - Ernesto Agudo

Diez días de espera para cumplir la tradición y besar los pies al Cristo de Medinaceli

La infanta Elena, recibida entre gritos de «¡Viva España!» y el himno nacional, ha sido la representante de la Familia Real

MADRIDActualizado:

Un kilómetro de distancia separa la plaza de Jesús de la estación de Atocha. Esa es la longitud de la larga cola formada esta mañana en Madrid para cumplir con la tradición besarle los pies al Cristo de Medinaceli. Los miles de fieles se concentraban desde la noche anterior para entrar a la iglesia. Pero esa cantidad de horas –la mayoría de los primeros puestos estaban «reservados» desde las 23.o0 horas del jueves– no fueron suficientes para ser los primeros en acceder a la basílica. Los más creyentes se apostaron a los pies del tempo, incluso, nueve días antes. Es el caso de Manoli, una mujer de 81 años que llevaba esperando en la puerta desde el 20 de febrero.

«Vengo desde que tengo 37 años. Lo primero que le pido es que me dé salud; lo segundo, que arregle un poco el país», relató esta mujer a una revista eclesiástica. La mejor compañera de Manoli durante estos días fue una silla de plástico en la que pasaba las horas y una manta para soportar el frío de noche. «Me concede todo lo que pido. Si un día deja de concederme algo, me cabreo y no vuelvo», ironiza. Está convencida de que el Cristo la cuida y seguirá volviendo cada año, y siendo la primera, hasta que Él lo decida.

Igual que Manoli, los diez primeros afortunados fueron vecinos madrileños que llegaron a la plaza del barrio de las Cortes tres días antes del tradicional acto que siempre se celebra el primer viernes de marzo. Se calcula que este año medio millón de vecinos –y personas llegadas de otros lugares de España– han participado en el tradicionál «besapiés» pedir sus tres deseos al Santo, donde el más habitual suele ser la salud.

El vicehermano de la Archicofradía del Cristo de Medinaceli, Miguel Ángel Izquierdo, ha explicado, en declaraciones a Europa Press televisión, que «es el día más importante» para la cofradía y han insistido en que ellos esperan «hasta que entre la última persona» que lo desee, aunque entiende que «por costumbre la gente quiere entrar a primera hora».

Este año la encargada de la Familia Real en hacer cumplir la tradición ha sido la infanta Elena. A su llegada a la iglesia, ha sido recibida con aplausos de los feligreses que en ese momento se encontraban en los alrededores del templo.

La infanta ha sido recibida por el ministro provincial de la comunidad de los padres capuchinos, Benjamín Echeverría, y otros representantes de esta orden que regenta la iglesia, y ha saludado a los integrantes de la junta de gobierno de la archicofradía de Jesús de Medinaceli.

Desde su entrada en la basílica y hasta que ha llegado a pocos metros de la imagen del Cristo ha ido saludando a decenas de fieles que querían besarla o estrechar su mano.

Mientras sonaban los acordes del himno nacional interpretado por el organista de la iglesia, la infanta se ha situado frente a la talla, se ha santiguado y, a continuación, ha besado el pie derecho y ha tenido un momento de recogimiento ante ella.

Ya en la sacristía del templo ha departido unos minutos con una decena de miembros de la comunidad de las padres capuchinos, y a la salida, de nuevo con el himno nacional de fondo, ha vuelto a repartir saludos que ha continuado en el exterior entre algunos gritos de «¡Viva España!» y «¡Viva la infanta!».

Ha sido la segunda ocasión en la que doña Elena cumple con este rito desde que Felipe VI asumió la Corona en 2014, ya que también lo hizo hace dos años, en 2017.

El año pasado fue el propio don Felipe quien acudió a la basílica, en la que fue la primera vez que lo hacía como Rey, mientras que la Reina Sofía protagonizó esta práctica en 2015 y 2016.

Vinculación Real

La vinculación de la Familia Real con esta imagen, de 1,73 metros de altura y tallada en Sevilla en la primera mitad del siglo XVII, se remonta a su participación en 1682 en una procesión en Madrid en honor del Nazareno.

La procesión se organizó al llegar la efigie ese mismo año tras haber sido rescatada de manos del sultán marroquí Muley Ismail, que meses antes se había hecho con la colonia española de Mámora (actual Mehdía) y a la que los padres capuchinos de Sevilla habían llevado la talla.

Han sido muchas las vicisitudes por las que ha pasado esta imagen, que se ha ido ubicando en diversas iglesias hasta que permanece en la actual desde el final de la Guerra Civil.