El ex portavoz de Batasuna Arnaldo Otegi, a su llegada a la Audiencia Nacional, en Madrid, en 2009
El ex portavoz de Batasuna Arnaldo Otegi, a su llegada a la Audiencia Nacional, en Madrid, en 2009 - EFE
Memoria histórica de la lucha contra ETA

Los etarras que no llevaban pistola

La Comisaría General de Información de la Policía diseñó una estrategia que fue clave para el fin del terrorismo

MadridActualizado:

«Esa noche -15 de julio de 1998, hace 20 años- había mucha tensión. Un compañero y yo estábamos en un despacho de la Comisaría de San Sebastián para coordinar la operación. Recibíamos las novedades de los compañeros y les transmitíamos las instrucciones que recibíamos de los mandos», relata a ABC una inspectora de la Unidad Central de Inteligencia (UCI) de la Comisaría General de Información.

«En otro despacho permanecían reunidos nuestros jefes con el juez Garzón. Eran cerca de las 11 de la noche, la hora marcada para entrar en la nave de Hernani donde Egin tenía su redacción, administración y talleres... También íbamos a cerrar la emisora de radio Egin Irratia y la editora Orain S.A. Las Unidades de Intervención estaban escondidas cerca del polígono, esperando la orden de entrar»...

Operación muy delicada

La operación de cierre del Egin y del resto de medios de comunicación al servicio de ETA era de una delicadeza extrema. Se trataba de herramientas al servicio de la banda, pero había que sopesar también derechos fundamentales como es el de la información. Por otra parte, la reacción de la sociedad vasca era imprevisible, pues se atacaba uno de los focos que aglutinaba y alimentaba a todo el entramado del llamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV).

«La secretaria judicial de Garzón fue de mucha utilidad. Cuando alguno de los pocos trabajadores del periódico que había dentro a esas horas ponía pegas le advertía que tendría que avisar al magistrado de su actitud. La fama que precedía al juez de no dudar en tomar decisiones contundentes era el mejor antídoto ante cualquier intento de poner dificultades a los registros».

Como en cada operación, surgió la anécdota. Garzón ordenó parar las rotativas para impedir que el periódico saliera a la calle: «Los trabajadores aseguraron que no sabían cómo hacerlo; el director, lo mismo, y era algo lógico, y por supuesto los policías ni idea. La solución fue llamar al mecánico del helicóptero de la Policía que daba cobertura a la operación, que consiguió el objetivo. Pero a continuación se planteó otro problema: qué hacer con esa maquinaria. Decidimos llevarla a Madrid, parte en el helicóptero y el resto en una furgoneta que mandó la Comisaría de San Sebastián». Esa rotativa histórica, que también imprimió carteles de Jarrai, permanece hoy en una dependencia de la zona de calabozos de la Comisaría General de Información de Madrid, donde el olor a tinta aún se puede percibir con claridad. Nadie la ha reclamado.

La Policía entra en las instalaciones del diario Egin en una imagen de archivo
La Policía entra en las instalaciones del diario Egin en una imagen de archivo - EFE

«Juan Cotino, entonces director general de la Policía, entró en el despacho en el que estábamos en mangas de camisa y con unos sandwiches. Garzón había ordenado el cierre, pero seguía con dudas. Cotino se quedó un momento con nosotros y nos dijo que él no podía opinar de la operación, pero que por su formación de empresario sí tenía muy clara una cosa: que había un alzamiento de bienes por parte del periódico y que además había recibido fondos de ETA, unos 120 millones de pesetas, acreditado documentalmente. Y eso era suficiente para cerrar al margen de otras consideraciones».

La investigación tuvo su origen en documentación intervenida en 1993 a los etarras José María Doronsorro y José Ignacio Herrán, si bien ya en 1987, en los famosos papeles de Sokoa confiscados a Santiago Arróspide Sarasola, se intervino el acta de una reunión en la que se discute sobre a quién nombrar director de Egin Irratia.

Nombraba al director

En 1992 otro documento confiscado a la cúpula de ETA en Bidart precisa que la banda veía «infravalorado» el papel de los medios «que están a nuestra disposición». En el resto de la documentación confiscada a Francisco Múgica Garmendia, Pakito; José María Arregui Erostarbe, Fiti, y José Luis Álvarez Santacristina, Txelis, hay otro acta, «Reunión de responsables de proyectos Udaletxe», donde se explica la elección del responsable empresarial y el director de Egin, Ramón Uranga y Xabier Maria Salutregi, respectivamente, este último auxiliado por Teresa Toda. La de Sokoa y Bidart fueron dos magníficas operaciones del Servicio de Información de la Guardia Civil.

En la investigación quedó demostrado que Egin, su sucesor Gara y el resto de medios afines, como la radio Egir Irratia, la revista Ardi Beltza o la editorial Txalaparta, formaban el «frente mediático-cultural». El rotativo debía mantener la cohesión interna del MLNV; era un instrumento de coacción e intimidación contra los «enemigos» y hacía una «pedagogía de la violencia» para que fuese vista por los afines como natural y legítima.

Desde esas páginas se alertaba de operaciones contra ETA y las secciones de anuncios por palabras -Merkatu Txiquia («pequeño mercado» y Agurriak (saludos)- eran utilizada para comunicaciones entre etarras. Así lo admitieron muchos terroristas al ser detenidos, como Juan José Aramburu, del comando Katamotz, quien confesó: «Utilicé la sección del Merkatu Txikia del Egin para cosas urgentes y sin tener la seguridad que este este mensaje fuera captado por Anboto (Soledad Iparagirre), ya que teníamos establecido previamente una forma de entendimiento». Otros etarras arrestados también lo confirmaron.

La Policía entra en las instalaciones del diario Egin en una imagen de archivo
La Policía entra en las instalaciones del diario Egin en una imagen de archivo - EFE

A la operación de Egin siguió otra contra la red Sarea, el «equipo de investigación» del periódico dirigido por Pepe Rei y que, según se demostró, trabajaba para la banda captando información para atentados, actos de kale borroka y hostigamiento de los cachorros y satanización de objetivos.

El golpe a Egin formaba parte de la estrategia puesta en marcha por la Policía en 1997 para acabar con el entramado del MLNV. La idea era acabar con la otra ETA, la que no llevaba pistolas pero que era imprescindible para la banda. La recién creada UCI -con las plantillas del País Vasco y Navarra- jugó un papel decisivo, porque de ella salieron los informes que convencieron a los fiscales y jueces de la Audiencia Nacional de que había que atacar a todas las organizaciones.

Golpe a golpe

Golpe a golpe, informe a informe, tras miles de horas de análisis de cada documento intervenido a ETA, cada declaración de los detenidos, cada información publicada, se conseguía ilegalizar al entramado. Primero Xaki, tras las tregua trampa del 2000; ese mismo año EKIN, sucesora de KAS en la codirección del MLNV junto a los pistoleros; en 2001, Jarrai, los cachorros de ETA, su sucesora Kaika y más tarde Segi, ésta en 2002; también en ese ejercicio se ataca el entramado financiero de la banda, con el cierre de su red de herriko tabernas y sociedades y en 2006 se ilegaliza Batasuna...

«Estas organizaciones cogían poder a medida que Francia colaboraba más en la lucha contra ETA», explica un veterano investigador de la UCI. «Y según las desmantelábamos, el resto tenía que ocuparse de su trabajo y asumir el de la ilegalizada. En los 90 Herri Batasuna sólo era responsable de la línea política; con los golpes sucesivos acabó quedándose con todo, siempre sometida a la organización... Así llegamos hasta la operación de Segura, que determina el final del sistema» tal como estaba concebido».