MotoGP | GP MalasiaAsí salvó Márquez su caída número 25

El piloto, que sí se cayó en la clasificación, saldrá séptimo en parrilla. Pole para Pedrosa y Dovizioso, tercero

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En 2013 Marc Márquez ganó el título de MotoGP. Era su primer año en la categoría y acumuló récords de precocidad que todavía hoy aumenta. Pero también tuvo el «honor» de ser el piloto que más caídas acumuló a lo largo de la temporada: 15. Era la ambición del novato, decían; la falta de costumbre en la categoría reina, decían. Cinco temporadas después, Márquez es más maduro, más experimentado, más capaz, más seguro. Puede ser campeón el domingo en Malasia (8.00 horas, Movistar+ MotoGP y ABC.es), aun con un Dovizioso fuerte en los entrenamientos. Número de caídas en 2017: 24.

Sumó la 25 en la sesión de clasificación. Ya tuvo un gran susto en los últimos entrenamientos, pero no pudo hacer nada para evitar caer en su primera vualta. Le perjudicó porque perió tiempo para poder recuperar el crono y Márquez saldrá séptimo en parrilla. En primera línea: Pedrosa, Zarco y Dovizioso.

A pesar de tan elevada cifra, solo dos de esos resbalones han tenido efecto en la clasificación. En este curso, como en 2013, únicamente ha sumado dos ceros por no terminar la carrera: Argentina y Francia -el tercero llegó en Silverstone por la rotura del motor-. Por comparar, 2015 fue su peor año, se cayó menos veces, trece, pero más en carrera, seis. En aquel 2013, la caída de Mugello lo obligó a salir en ambulancia. En este 2017, el resultado han sido sustos, moraduras, monos desgarrados, pequeñas roturas de la moto y risas en su garaje. Márquez ha aprendido a caer, a casi convertirlo en una rutina necesaria. Porque en cada salida de pista, en cada resbalón por el asfalto, en cada arrastrarse por la grava, el español ha encontrado lecciones que lo han puesto a un paso de su cuarta corona.

«Me caigo porque voy al límite», repite sin cesar desde la primera carrera, inestable la moto, dudoso el piloto. Y no se ha caído más por su pericia y su frialdad para controlar los tembleques de la Honda. Es esa «prueba y error» de los entrenamientos su forma de aprender hasta dónde inclinarse, hasta dónde frenar, hasta dónde puede llegar. Es un riesgo, por supuesto, pero uno que parece tener controlado a su favor. Cuando se cae, intenta dar siempre una vuelta más para volver a pasar por ese punto y borrar el rastro del susto y el dolor. A la hora de la verdad, cuando el semáforo se apaga, los cardenales de la moto y el cuerpo le recuerdan los datos en cada curva, en cada adelantamiento, en cada acelerón. «Los errores de ayer me han servido otra vez para aprender para hoy. Hemos hecho subir al podio al de recambios porque siempre termina tarde de trabajar», reía tras vencer en el Gran Premio de Aragón.

Con un Mundial tan apretado como el de este año, con cuatro líderes, menos puntos que nunca y ventajas mínimas, en el riesgo está la virtud. Ese ir al límite es parte de la naturaleza de Márquez, de pensar con el corazón cuando se siente fuerte y divertirse por encima de la calculadora, aunque nunca la olvida. Así ganó en Aragón, para dar un paso de gigante; y así lo rubricó en Australia, afilada la moto en cada paso por curva porque o adelantaba o lo adelantaban. Si en su evolución ha ganado experiencia, templanza, confianza y madurez, en este año al que le quedan dos pruebas ha sumado un recurso más a su repertorio: el arte de caer bien, mejor, más allá del límite. Para levantarse cada vez más sabio.