Mark Cavendish
Mark Cavendish - EFE

Tour de FranciaCavendish no puede con Merckx

Con 30 victorias en el Tour y ya en decadencia, el británico ve imposible el récord de 34 triunfos del ‘Caníbal’

ChartresActualizado:

«Nunca me entreno para el sprint. Cada vez que monto en la bici es pensando en superar la montaña». Esta frase podría pertenecer a un escalador. Y no. Es de Mark Cavendish. «Por mi físico, soy ciclista de velódromo. Nunca tendría que haber estado en el Tour», declaró antes de esta edición en el diario ‘L’Equipe’. Pero el corredor de la Isla de Man se ha empeñado siempre en llevarle la contraria a su naturaleza. «El Tour es mi vida, toda mi carrera».

La Grande Boucle le alimenta. Por eso sube montañas. Ha ganado la Milán-San Remo y el Mundial, y suma 147 victorias, incluidas 30 etapas en el Tour. Aun así, no está satisfecho. Con 33 años y consciente de su declive, vino a esta ronda gala con su última misión: alcanzar a Eddy Merckx, el único que le supera en el palmarés de triunfos de la prueba francesa. El ‘Caníbal’ acumuló 34 etapas. A Cavendish le faltan cuatro, le va a faltar tiempo. En los cinco sprints disputados hasta ahora ni se ha acercado a Gaviria, Groenewegen y Sagan. Merckx está a salvo. «Nunca descartes a un campeón como Mark», advierten en su equipo, el Dimension Data. Su misión parece ya imposible.

Cavendish puede rotular el mapa de Francia con los lugares donde ha logrado sus 30 etapas. La primera, en 2008, relevó la presencia de un camicace, un chaval formado en el velódromo sin miedo a nada. Era él el que atemorizaba con sus trazadas y zigzags en las llegadas masivas. Cavendish se hizo hueco a codazos en la aristrocracia del sprint. En su primer Tour se llevó cuatro etapas. Seis en el segundo y cinco dianas tanto en 2010 como en 2011. Era un vendaval. El tsunami de la Isla de Man. Un joven insolente, con actitud de hooligan, que desenfundaba la pistola antes que los demás. Cavendish tenía una caja registradora de triunfos.

Todo se termina. Hasta al más veloz le alcanza el paso del tiempo. Hasta el más atrevido tropieza con las caídas. El Tour de 2014 comenzó en Inglaterra. La primera etapa terminaba en Harrogate, la ciudad de Cavendish. La ronda gala le ofreció así un homenaje. Vencer allí era más que una obsesión; era una obligación autoimpuesta. Esa tarde, ante sus vecinos, se cayó y tuvo que abandonar. Su puesto en el podio lo ocupó le alemán Marcel Kittel, que ese año venció en cuatro jornadas. ¿Cambio de ciclo? «Mark corre para ser historia del Tour», comentan en su equipo. Eso le impulsó a reconstruirse y en 2016 firmó otras cuatro victorias en la ronda gala. Las últimas hasta ahora. Kittel, Sagan, Demare y ahora Gaviria y Groenewegen se han repartido su trono.

Esa silla real la perdió definitivamente el año pasado, en otra caída. Fue en el sprint de Vittel. Cavendish quiso rebasar a Sagan junto a las vallas, por donde no entraba. La línea del sprint se fue cerrando y el británico se incrustó contra el borde. Sagan fue expulsado del Tour -los jueces reconocieron cinco meses después que ese castigo fue injusto- y Cavendish acabó en el hospital y fuera de la carrera. No lo ha superado. «Si Sagan no me hubiera tirado, seguro que habría ganado alguna etapa en ese Tour», lamenta aún. Sigue recluido en esa secuencia de Vittel. Culpa a Sagan de sus males, de sus pesadillas, de no poder con el récord de Merckx. «Yo nunca había tenido miedo en un sprint. Ahora lo tengo. No puedo controlar lo que hacen los demás», confiesa. Al antiguo camicace le han entrado los temblores. Y así no hay quien apunte a la hora disparar el sprint.

Ese nuevo miedo y la edad le pasan factura. Cada vez se cae más. Esta temporada se ha ido al suelo en la Milán-San Remo, en la aproximación a la subida al Poggio. Se rompió un costilla. Las caídas son consecuencia, muchas veces, de la falta de fuerzas. Cuando un corredor va al límite, los errores se multiplican. Pese a los obstáculos, Cavendish se alistó en este Tour. Vino a por Merckx y se ha topado con Gaviria, Groenewegen y Sagan, más jóvenes, más rápidos y, encima, con menos miedos.

Esta primera semana no ha aparecido en los sprints. A Cavendish, por respeto al Tour, le gusta llegar hasta el final, a París, a esa carretera empedrada entre la Concordia y el Arco del Triunfo. «Es el kilómetro más bello del mundo», proclama. Allí ha ganado cuatro veces. Qué lejos ve ahora París. Y más lejos aún a Merckx y sus 34 victorias. Parece que nunca será como el belga. Ya se lo advirtió el propio ‘Caníbal’: «Me da igual el número de victorias de Cavendish. No tienen nada que ver con las mías. Como si gana cincuenta. Él nunca tendrá cinco Tours. Yo corría para vencer en las etapas y en la general». Nadie pudo con Merckx en su época. Tampoco Cavendish ahora.