Hermanas de la Congregación Madre de Desamparados y San José de la Montaña de Valencia, durante la novillada del pasado jueves
Hermanas de la Congregación Madre de Desamparados y San José de la Montaña de Valencia, durante la novillada del pasado jueves - Juan Flores
TOROS

«El Niño de las Monjas», vestido de luces entre hábitos

El pasado jueves debutó en la Maestranza este novillero, tutelado desde su infancia por las hermanas de una congregación valenciana

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Una nube blanca inundó los tendidos y la grada de la Maestranza el pasado jueves. No era el fervor del público pidiendo las orejas a un incipiente torero. Eran unas hermanas de la Congregación Madre de Desamparados y San José de la Montaña de Valencia, que habían venido a animar a «su niño»: Jordi Pérez, «El Niño de las Monjas».

«El Niño de las Monjas» fue el título de una película de los años 50, anteriormente editada como novela, que tenía por protagonista a un chiquillo criado en un convento andaluz que acabó tomando la vía taurina como escapatoria a la peligrosa vida de la calle. Lejos de cualquier ficción, se presentó el pasado jueves como novillero en la Maestranza Jordi Pérez, un joven al que la vida lo maltrató y que con once años encontró refugio en el hogar de unas religiosas de Valencia.

La anacrónica historia de Jordi Pérez bien podría haber surgido en el siglo pasado. Cuando aún no había alcanzado el ecuador de su infancia, ya reunía todos los condicionantes para tomar derroteros peligrosos en la vida. La Generalitat Valenciana le retiró a los padres la custodia de Jordi y de sus dos hermanos, y les puso en el camino a las mujeres que serían clave para sus correctos desarrollos: las hermanas del hogar San José de la Montaña.

La Congregación Madre Desamparados y San José de la Montaña trabaja de la mano de los servicios sociales valencianos, ofertando las 18 plazas que posee su hogar para jóvenes que, como Jordi, no han tenido una infancia fácil. Es allí donde estos hermanos valencianos conocieron el calor maternal. Y fue la madre Elisa, directora del centro, quien adquirió la responsabilidad de darles un futuro a estos niños.

«La situación de Jordi y sus hermanos, por desgracia, no nos sorprendió a su llegada. La gran mayoría de nuestros niños arrastran historias tremendas, generalmente provocadas por familias totalmente desestructuradas. La suerte que tenemos es que pronto se adaptan a nosotras porque aquí conocen cómo es un hogar acogedor y ordenado», expone la madre Elisa Mateos.

Desde su llegada al hogar de las religiosas, su tutor legal fue Fran Durbá, quien diariamente tenía que consolar al chico sus angustiosos llantos. Para distraerlo, ambos se iban todos los fines de semana a Puzol (Valencia), localidad natal del tutor. Es este uno de los pueblos con mayor tradición de «bous al carrer» (toros en las calles). Es ahí cuando Jordi encontró su verdadera vocación, la que daría sentido a su vida.

Por aquel entonces cundió el pánico en el convento: no sabían cómo quitarle la idea de ser torero ni cómo ayudarlo en el caso de ser irremediable. Como medida disuasoria, decidieron inscribirle en un equipo de rugby, aunque aquello duró un mes escaso. «Jordi, llorando desconsolado, buscó a la madre general y le rogó su ayuda. No tuvimos más remedio que buscar en Internet el contacto de la Escuela Taurina de Valencia», señala la madre Elisa.

En las gradas de la plaza de toros también se dejaron ver las hermanas
En las gradas de la plaza de toros también se dejaron ver las hermanas - Juan Flores

«Yo estaba una mañana en la oficina, cuando de repente vi llegar a unas monjas. Debía ser invierno porque vestían el hábito negro. Si me sorprendió verlas por allí, más lo hizo cuando me contaron su 'problema'. Nos entendimos de momento y al día siguiente ya estaba Jordi entrenando en la plaza de toros. Era un absoluto desconocido del toreo, no sabía ni cómo se agarraba el capote», recuerda Víctor Manuel Blázquez, profesor de la Escuela Taurina de Valencia.

Finalmente, las monjas acabaron entregadas con la nueva faceta de «su niño». Son ellas quienes les hacen los remiendos a los avíos de torear. Le acompañan en sus furgonetas por todas las plazas de la península y, ahora que ya ha cumplido los 18 años y ha dejado de estar tutelado por la Generalitat, lo han acogido en otro piso perteneciente a la congregación.

«Cuando vamos a los tentaderos, lo primero que hace al acabar es llamar al hogar para hablar con ellas y contarles la jornada. Es por eso que empezaron a conocerle por la zona como 'el de las monjas' y, pese a que al principio era reticente, decidió empezar a anunciarse así. Cualquier novela o película que hagan sobre su vida se quedará corta con la realidad», explica Víctor Manuel Blázquez.

«Desde que se ha conocido la historia de Jordi, creo que es el novillero al que más vestidos y chismes de torear le han regalado nunca. Todos los toreros se están volcando con él», puntualiza Blázquez.