Alñberto Cortez - ABC

Muere Alberto Cortez, el poeta de las cosas sencillas

El músico autor de canciones como «En un rincón del alma» y «Cuando un amigo se va» tenía 79 años

MadridActualizado:

«Cuando un amigo se va / queda un espacio vacío, / que no lo puede llenar / la llegada de otro amigo». Alberto Cortez cantó cientos, miles de veces esta canción, que compuso en 1969 para recordar a su padre. Ayer miles de gargantas la murmuraron al conocer el fallecimiento del cantautor argentino, aunque radicado desde hace décadas en Madrid. «Amo Madrid como si hubiese nacido en su seno -escribió-. Tanto como si por arte de magia fuera yo un sobreviviente, héroe del dos de mayo, es decir, gato gato, o fuera yo el Pichi o el Felipe de mi vida». En esta ciudad ha muerto a los 79 años; llevaba unos días ingresado en el Hospital Universitario HM Puerta del Sur de Móstoles debido a las complicaciones de unas úlceras gástricas.

Basta citar un puñado de sus canciones para certificar la importancia de Alberto Cortez en la música iberoamericana: además de ese «Cuando un amigo se va», escribió temas universales, de esos que pareciera que no tienen autor porque siempre estuvieron ahí, como «En un rincón del alma» o la sorprendente «Me lo dijo Pérez», a los que habría que sumar canciones como «Castillos en el aire», «A partir de mañana», «Como el primer día», «No soy de aquí», «Yo voy soñando caminos» o «El abuelo»; y también sus canciones sobre poemas de Machado, Neruda o Miguel Hernández (con Joan Manuel Serrat firmó unas hermosísimas «Nanas de la cebolla»). Y así hasta doscientas treinta y dos canciones que recoge su catálogo.

«Cantar, qué cosa tan sencilla, ¿verdad? -escribió Cortez en una ocasión- Cualquiera puede hacerlo, en cualquier momento y en cualquier lugar. Es verdad, cualquiera puede cantar, pero no cualquiera puede cantar bien». Y es que cantar -y escribir- fue lo que Alberto Cortez hizo durante toda su vida. «Canto porque no tengo otro remedio», dijo en una entrevista hace cinco años. Lo hacía desde que, con seis años, su madre le llevara al conservatorio de su localidad natal, Rancul, en la provincia argentina de La Pampa. Allí nació el 11 de marzo de 1940, a las ocho de la mañana, José Alberto García Gallo, su nombre real. Tenía doce años cuando empezó a escribir canciones. Una de las primeras, recordaba, fue «Un cigarrillo, la lluvia y tú».

Llegó a Madrid en 1961. Ya entonces había abandonado sus estudios universitarios de Derecho para dedicarse a la música, y había dado varios tumbos en orquestas y espectáculos, no solo en su Argentina natal sino también en Italia, Bélgica -donde conoció a la que sería su mujer, Renée Govaerts-, Canadá, Francia o Estados Unidos, donde alguien tuvo la idea de convertirle en el nuevo «latin lover» de Hollywood. «El precio que le exigen tiene que ver con la moral y rechaza la oferta», se asegura en la biografía de su página web.

El 22 de abril de 1967 ofreció un recital en el Teatro de la Zarzuela, en el que dejó atrás a un Alberto Cortez más ligero y nació el cantautor que hoy conocemos: de hondos sentimientos, preocupado por cuestiones sociales pero; fundamentalmente, el poeta de las cosas sencillas . Repitió unos meses despés, el 19 de diciembre de ese año en el mismo escenario, en un concierto dirigido musicalmente por Waldo de los Ríos, y que resulto polémico. «Me he atrevido -decía Alberto Cortez en un anunció de página entera publicado en ABC unos días antes- a poner música a poemas de Antonio Machado, de Lope de Vega, de Quevedo, de Góngora,. del marqués de Santillana, y voy a cantar esas canciones junto a otras de Atahualpa Yupanqui».

En 1969, su disco «El compositor, el cantante» terminaría de lanzar la carrera de Alberto Cortez no solo en España sino en toda Iberoamérica, especialmente en México. Volvió a Argentina en 1970 tras diez años de ausencia, pero el fracaso le hizo prometerse que no volvería a cantar allí. No cumplió la promesa, naturalmente, y desde 1978 volvería a su país natal en varias ocasiones para cantar en escenarios como el Luna Park o el Teatro Colón (que se abrió con él a la música popular).

Las décadas de los ochenta, noventa y los primeros años del nuevo siglo son tiempos de éxito internacional, especialmente, y como es lógico, en Iberoamérica, con giras constantes y actuaciones y grabaciones junto a artistas como Facundo Cabral, María Dolores Pradera, Estela Raval o Pablo Milanés; todo ello a pesar de un derrame cerebral sufrido a principios de 1996. En los últimos años, aunque espaciadas sus actuaciones fundamentalmente por su salud, estas siguieron. De hecho, su hospitalización motivó la suspensión de dos conciertos en Santo Domingo.