La aventura sinfónica de los Beach Boys

«With The Royal Philharmonic Orchestra» protagoniza las críticas de discos de la semana, junto a «So sad, so sexy» de Lykke Li y «Fantast» de Claptone

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  1. The Beach Boys «With The Royal Philharmonic Orchestra»

    El genio creativo de los Beach Boys, Brian Wilson, siempre creyó que los arreglos vocales que compuso en los años '60 «podrían fluir de forma natural hacia algo sinfónico», pero ha tenido que esperar medio siglo para ver cumplido ese pequeño gran sueño. Los pasados 8 y 9 de marzo, la Orquesta Sinfónica de Londres se encerró en el Estudio 2 de Abbey Road (la histórica sala donde los Beatles, Pink Floyd y otros artistas legendarios facturaron algunas de las canciones más celebradas en todo el mundo) para grabar nuevos arreglos orquestales con el fin de complementar las clásicas armonías vocales de la banda californiana.

    Elegantes y sobrios, estos arreglos no se ponen al volante y son un mero acompañante que interviene sólo para reforzar, y no para ornamentar. La fusión funciona muy bien en «Good Vibrations», con un ostinato de violín y unos vientos sutiles y etéreos que ensanchan el poder evocador del clásico, o en «Sloop John B.», con un trombón atrevidamente obsesivo que encaja como un guante en la rítmica. También en «California Girls», «Here today» o «Don't Worry Baby», pero no tanto en el resto del disco, donde el papel de la orquesta resulta demasiado recatado, como si no supiera muy bien dónde ni cómo entrar, como si tuviera miedo de entrometerse demasiado en piezas que, por otra parte, no necesitan ni una sola nota más para ser perfectas.

    Joyas como «God only knows» o «Wouldn't it be nice» sólo se ven modificadas con nuevas intros para después quedarse prácticamente como estaban, y otras como «Help me Rhonda» pasan por manos de la orquesta sin pena ni gloria. Lo mismo ocurre, pero con resultados aún más insustanciales, en temas menores (si se puede llamar así a algo firmado por los Beach Boys) como «Kokomo», «Darling», «In my room», «The warmth of the sun» o «Disney girls», que no mejoran gran cosa tras este experimento. En realidad, tanto esfuerzo sólo ha merecido la pena para unas pocas canciones. Pura anécdota para completistas.

    6 / 10

    NACHO SERRANO

  2. Lykke Li «So sad, so sexy»

    Tristes y sexys, así es como nos gusta ver a nuestros ídolos pop. Lykke Li parece haberlo entendido en su décimo aniversario en el retorcido mundo de la música, y lo celebra con ironía entregando su disco más comercial hasta la fecha. También es el más terrenal: del dream-pop de altos vuelos de sus primeros trabajos,Li desciende hacia un synth-pop abierto al R&B y el trap.

    La compositora, productora y vocalista sueca establecida en Los Angeles suele tardar tres añitos en terminar sus discos («Youth Novels» salió en 2008, «Wounded Rhymes» en 2011, y «I Never Learn en 2014»), pero esta vez ha alargado el proceso aún más para comandar un verdadero regimiento de ingenieros de sonido con Malay, Jeff Bhasker, Jonny Coffer, Jeff Bhasker, T-Minus, RostamBatmanglij, Skrillex y Dj Dahi a la cabeza, y a continuación tratar de homogeneizar los resultados de las grabaciones con una mezcla marca de la casa.

    Pero por el camino, Li se ha expuesto a una «yankilización» que le ha hecho perder algo de perspectiva sobre su propia carrera. Había construido un imaginario propio que ahora se diluye especialmente en las incursiones traperas, donde el ejercicio de estilo se come a la artista. Y aunque hay algunas piezas reseñables a las que agarrarse con gusto como «Hard rain», «Better alone» o «Utopia», definitivamente esta no es la reinvención que se esperaba de ella.

    6,5 / 10

    NACHO SERRANO

  3. Claptone «Fantast»

    Todo lo que tiene de misterioso el berlinés Claptone, con su máscara veneciana siempre ocultando su rostro y un halo de misterio que no le ha impedido codearse con lo más selecto del pop contemporáneo, se torna en abrumadora y efectiva sencillez en cuanto el quién da paso al qué y, sobre todo, al cómo. Porque, más allá del disfraz carnavalesco, lo del alemán es puro hedonismo para conquistar pistas de baile y darle a la electrónica una vistosa pátina de accesibilidad.

    Así era en «Charmer», su debut de 2015, y así es ahora que, con el pop electrónico comiéndole un poco más de terreno al house, el alemán ha dado rienda suelta a su versión más escapista rodeado de una abultadísima nómina de colaboradores. Por aquí desfilan, entre otros, Zola Blood, Ben Duffy, Kele Okereke (Bloc Party), Blaenavon, Joan as a Policewoman, Matt Simmons y Clap Your Hands Say Yeah, nombres que se conjuran para poner voz a los paraísos líquidos y sintéticos que va trenzando el alemán.

    Siguiendo los pasos de Hot Chip, «Fantast» echa mano de loops infinitos, ritmos espejados y voces moldeadas por el soul para firmar una agitada sesión de baile coronada por himnos pop («Under The Moon»), detonaciones de funk robotizado («Bad Thing»), excursiones a los márgenes del house («La Esperanza»), hipnóticos aquelarres de ritmo («Cruising») y canciones tan rotundas como «Animal». Un nuevo ejemplo de la habilidad del berlinés para moldear el ritmo y manejarlo a su antojo.

    8 / 10

    DAVID MORÁN