ADICCIÓN A LAS REDES

«Los padres deben poner freno a la barra libre de acceso a las redes»

La psicóloga Esmeralda Vázquez, especialista en adolescentes, alerta de que se percibe la adicción a internet sólo cuando ha producido otros problemas

CÁDIZActualizado:

Los padres llegan a la consulta del psicólogo porque no saben qué le está pasando al niño. Cada vez saca peores notas, en casa se muestra muy irritado e, incluso, ha dicho que pasa del rollo ese que antes tanto le gustaba (el fútbol, la música o cualquier tipo de actividad de ocio). Y tras rascar un poco se descubre lo que sucede: existe una adicción al móvil. O a internet, o a los vídeojuegos... a las tecnologías de la información o comunicación (TICs) en cualquier caso. La psicóloga Esmeralda Vázquez, especialista en adolescentes y cuya consulta está en San Fernando, alerta de que suele detectarse el problema cuando ya es tarde. Pero también es clara: «suelen ser casos recuperables».

Vázquez da algunas pistas sobre los síntomas que deben hacer sospechar a los padres. «El joven empieza a aislarle, tiene problemas de sueño y bajan sus resultados académicos. Suelen estar obsesionados con las TICs porque ellos no controlan la tecnología: ella les controla a ellos», pormenoriza. En ese sentido, muchas veces presentan síntoma parecidos a los de un adicto a la droga, «con una especie de síndrome de abstinencia –ya que sufren cuadros de ansiedad cuando están alejados de sus teléfonos– y de aumento de la tolerancia –cada vez necesitan más tiempo de exposición para sentirse bien-».

Sobre la edad a la que se debe permitir el acceso a un teléfono con conexión a internet, Vázquez señala que no hay una edad clara, pero que suele rondar los 13 o 14 años. «En cualquier caso, cuanto más problemas de madurez presente el niño, más habría que retrasar ese acceso a las TICs», incide esta psicóloga, que rechaza por completo la tendencia a que el teléfono móvil sea uno de los regalos de Primera Comunión.

«Una pequeña regla que se puede emplear es la de comprarles el móvil cuando empiecen a salir, a desarrollar más su independencia; con anterioridad, mejor si el móvil es sólo de llamadas».

En casi todas las dependencias, pero en ésta más especialmente, el afectado no acude por sí mismo en busca de ayuda, sino que viene acompañado de su núcleo familiar, cuya colaboración también es imprescindible para superar la adicción al móvil, las redes sociales o los juegos on-line. «Deben hablar en casa, fomentar un clima de comunicación porque limitare a prohibir el uso no ayuda, y menos en estas edades». Aunque matiza «sí es muy útil establecer límites, señalarles que no hay barra libre de acceso a la tecnología; por ejemplo, marcando horas a las que no se puede acceder a internet».

Vázquez, en la recuperación de esta obsesión por la tecnología, pone el acento en que «se puede superar, pero el afectado debe reconocer que tiene un problema y asumir el cambio de costumbres». Eso sí, frente a otras adicciones, el objetivo no es desterrar el objeto de deseo, sino que se realice un uso «sano y correcto».