Memoria anual de Cáritas

Menos pobreza pero más intensa

La acción social de Cáritas Diocesana benefició a 24.688 personas en 2017 | Se constata una mejora de la economía en Cádiz pero los gastos en alimentación, vivienda y salud siguen ahogando a los más desfavorecidos

CádizActualizado:

La asistencia de Cáritas Diocesana de Cádiz alcanzó a 24.688 personas en 2017. De ellas, 8.175 recibieron una ayuda directa y siguieron un itinerario de inserción. La institución religiosa prestó atención a 1.109 personas sin hogar y logró que 112 personas de las atendidas salieran de la calle. Aunque en ocasiones se olvida, detrás estos números hay rostros; historias de familias que permanecen sumergidas en la precariedad, la inseguridad y la dependencia. La pobreza no se puede reducir a pura estadística y, aunque una primera lectura de la Memoria Anual de Cáritas invite al optimismo, hay que evitar llegar a conclusiones rápidas. La recuperación económica no va en paralelo con la mejora social que no alcanza a los más desfavorecidos.

María del Mar Manuz, directora de la institución, señala que las cifras que denotan una cronificación de la pobreza, que afecta a las familias con más cargas. «Las personas que continúan pidiendo ayuda muestran situaciones graves y enquistadas de necesidad, sobre todo en cuestión de salud y de vivienda –pagos de farmacia porque el Servicio Andaluz de Salud no cubre todos los medicamentos, pagos de alquiler, luz, agua, gas– y también carencias en alimentación y educación. Esto hay que decirlo porque la Iglesia sigue teniendo que apoyar la compra de material escolar para muchos niños, gafas a personas mayores o leche infantil por ejemplo», explica. La crisis ha aumentado la diferencia entre ricos y pobres y Cáritas pide matizar el discurso de la recuperación económica porque no llega a todas las familias. En el terreno de la pobreza infantil la situación es, si cabe, más preocupante: «Nos estamos encontrando con familias con niños enfermos graves que necesitan someterse a tratamientos a largo plazo y sin recursos para podérselos garantizar».

«Cuando las situaciones revisten mayor gravedad, el esfuerzo de recuperación es más exigente y precisa un sostén y un acompañamiento mayor, más especializado»

La Iglesia Diocesana invirtió el pasado año 2.086.340 euros. Estos recursos son resultado, por una parte, de lo invertido por las Cáritas Diocesanas de forma directa a través de sus proyectos y servicios especializados y, por otra parte, son fruto del esfuerzo conjunto de las parroquias, a través de los respectivos servicios de acogida que atienden los equipos de voluntarios.

El programa de atención a las personas sin hogar se extiende por toda la geografía diocesana y ha dado acogida y acompañamiento a 1109 personas. El perfil de las personas que reciben responde a hombres, de entre 40 y 60 años. Muchos de ellos tienen problemas de salud mental y reclaman medios sanitarios que desbordan la capacidad de la entidad. Esta realidad pone de manifiesto, año tras año, la marginación y déficit de atención de estas personas por parte de los servicios públicos de salud y sociales competentes, a los que corresponde coordinarse para acometer esta atención humanitaria elemental.

Un puente hacia el empleo

Cáritas trabaja a pie de calle. En contacto directo con las personas, que son lo más importante para la institución. Su flexibilidad permite que su acción llegue con más rapidez a situaciones donde las instituciones públicas son menos ágiles.

«En el fondo de la cuestión social encontramos siempre una cuestión social y espiritual»

La inserción social a través del empleo es uno de los pilares de la organización en la última década. De las 751 personas que en el último año participaron en programas de empleo, el 37% (278 personas) consiguieron acceder a un puesto de trabajo con contrato.

Una parte destacable en estos itinerarios es oferta formativa que contribuye para aumentar las posibilidades de lograr un empleo. Durante el año 2017, se han formado 218 alumnos y, con el programa de mediación laboral, 145 de ellos han encontrado trabajo. Igualmente, un 5% de los alumnos han retomado a la formación reglada.

El perfil de las personas que acceden a este servicio responde mayormente a personas desempleadas (25–45 años), con baja cualificación profesional, cargas familiares y situación de vulnerabilidad social. De cada 100 euros invertidos en 2017, unos 26,58 euros se destinaron a las acciones encaminadas a mejorar la empleabilidad de personas atendidas. En total, se invirtieron más de 554.473,41 euros.

Tirón de orejas

La percepción de la recuperación parcial de la economía ha producido un efecto de freno y ha provocado una bajada de las aportaciones recibidas el pasado año. También se han relajado las donaciones de muchas entidades sin ánimo de lucro dedicadas a la asistencia y promoción social. Este descenso sumado a los retrasos en el abono de cantidades comprometidas por algunas administraciones ha obligado a la Cáritas a poner en marcha un plan de sostenibilidad para garantizar su obra social, consiguiendo mantener todos sus servicios y programas. Por lo tanto, se constata que el discurso de la recuperación macroeconómica está desincentivando las contribuciones económicas, pero no en cuanto a la generosidad de los voluntarios y de las empresas colaboradoras que «siguen siendo una fortaleza para Cáritas».