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Cien cosas por las que mereció la pena pasar por Cádiz (capítulo primero)
Actualizado: 08:18

Cádiz indispensable

Cien cosas por las que mereció la pena pasar por Cádiz (capítulo primero)

Día 20/08/2015 - 08.18h

Seguro que cada cual tiene las suyas. Personales e intransferibles como la carne de la identidad. Si alguien las quiere aportar. Aquí tiene su casa. La de todos. La de nadie

Has escuchado tantas veces una verdad como la otra. Culo del mundo y centro del universo. Paraíso e infierno. Pobre y sabia. Vieja y viva. Muerta y golfa. Según las circunstancias y el estado de ánimo, lugareños y visitantes escogen al azar una palabra, un sentimiento, del cesto negro o del cesto rojo. Espanto. Orgullo. Huída. Melancolía. Qué más da. Se trata de jugar. Hagamos de la casualidad, virtud. Nacimos aquí. O nos enamoramos aquí. O trabajamos, o veraneamos. Estuvimos una vida, un fin de semana o un año. Apenas hay diferencia.

Van cien motivos por los que festejar que conociéramos Cádiz, de forma natal o casual, permanente, momentánea o indiferente. Casi todas las falsas razones son aplicables a cualquier rincón de la tierra, con apenas cambiar los nombres propios, el nombre de la calle. Pero tocó éste. Son algunas, al voleón. Seguro que cada cual tiene las suyas. Personales e intransferibles como la carne de la identidad. Si alguien las quiere aportar. Aquí tiene su casa. La de todos. La de nadie.

1.- Porque siempre hay una casapuerta disponible para dar besos apresurados.

2.- Por coincidir en este planeta, que tiene millones de años, justo ahora, justo aquí, con José Manuel Gómez, El Gómez.

3.- Por aprender pronto que el embuste -nunca la mentira- es una de las bellas artes. El Peña y El Beni, sus profetas.

4.- Porque inventamos el atún rojo y nos importó una mierda que fuera pescado azul. El que lo niegue, a los tiburones.

5.- Por sentir placer y miedo a la vez. Al verte los pies con el Atlántico cristalino al cuello en Bolonia mientras ves el perfil de África.

6.- Por sacar el brazo por la ventanilla del coche en el Puente Carranza cada vez que llegas de Sevilla un día de calor. Y lo haremos en el segundo puente.

7.- Por respetar que cada habitante, sobre todo mayor, sea meteorólogo con un máster en vientología aplicada, de Poniente, de Levante, de Sur o Noroeste.

8.- Por conseguir parar los coches con el culo en el casco antiguo. Y no se te ocurra tocarle la bocina al feliz peatón que ocupa la vía con su paso de tortuga.

9.- Por haber visto a Pepe Mejías y a Mágico González porfiar. A ver quién ponía más cachondo al balón y al graderío.

10.- Por ver la cara de asombro de los americanos, que no los norteamericanos, al recorrer las murallas de Cádiz.

11.- Por poder vestir a cualquier hora, en cualquier sitio, cualquier día, como si fueras a ir a la playa justo después.

12.- Por echar de menos en estos tiempos al gigante aquel del rotulador. Con las maravillas que escribía en las paredes. Con las que podría escribir ahora.

13.- Por recitar los nombres de los bares de los años 80 como si fueran una inolvidable alineación de fútbol.

14.- Porque pudimos pasar varios veranos, enteros, cada día, junto a Esther Arroyo en topless cuando tenía 18 años. Ahora serán otras con otros nombres. Pero siempre serán como ella. Nada cambia.

15.- Por volver a leer a García Márquez, en un banco del Parque Genovés o la Plaza de Mina, después de que te firmara el libro cuando estuvo por aquí.

16.- Por el hojaldre inexplicable, incomensurable, del Gallego de la Catedral (vulgo: pastelería Casa Hidalgo).

17.- Por vivir en un sitio que ofrece amor de verano desde marzo hasta noviembre. Con atardeceres y revolcones de playa incluidos.

18.- Por comprender que no hay nada más gaditano que tener apellidos extranjeros, gallegos, cántabros o vascos, parientes del quinto coño y de aquí al lado, familia inmigrante o emigrante. Por tener la sangre de ida y vuelta. Las raíces, para las macetas.

19.- Por ver, extrañado, cómo los demás aplauden durante el verano las puestas de sol que tu estómago vitorea en silencio todo el año.

20.- Porque 'Luna de Agosto' la escribió Santiago Auserón tras pasear por una viña de Jerez un septiembre cualquiera. Si no es verdad, da igual.

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