Isabel Gómez y Beatriz Pérez, dos clientes de la residencia. / A. R.
Ciudadanos

«Cuando entré en el Santísimo me quitaron la cartilla»

Residentes del geriátrico de Medina Sidonia revelan que se les impedía ver a familiares y amigos

MEDINAActualizado:

Indignación y ganas de que se haga justicia. Éstos son los sentimientos más extendidos entre los internos de la residencia el Santísimo de Medina Sidonia, así como el de los trabajadores y vecinos del pueblo. Las andanzas que el padre Pepe y su camarilla supuestamente han llevado a cabo no dejan a nadie indiferente. Y tras conocerse todos los detalles comienzan a aflorar los clientes que descubren que ellos también fueron afectados. Al menos 40 personas pudieron ser estafadas, según la Guardia Civil, aunque hasta ahora sólo se han interpuesto dos denuncias.

Isabel Gómez Peinado y Beatriz Pérez Carrera son dos residentes del Santísimo y aseguran haber sufrido también los engaños del padre Pepe. Ellas no han presentado denuncia, ni tienen planeado hacerlo: «No entendemos de abogados y no podríamos pagarlos». No obstante, piden que «no dejen de investigar y que nos devuelvan hasta el último céntimo a todos los afectados, que somos muchos», afirma Isabel.

Beatriz, por su parte, recuerda que al llegar a la residencia rápidamente le quitaron la cartilla. «Me dijeron que firmara unos papeles, pero yo me negué». A pesar de esto, reconoce que «han sacado dinero sin mi autorización». Con todo, ni Isabel ni Beatriz son capaces de precisar qué cantidad de dinero les podrían haber arrebatado los antiguos gerentes del geriátrico El Santísimo, que desde mayo está dirigido por la ONG Mensajeros de la Paz.

Sin libertad para salir

No sólo denuncian la desaparición del dinero. También las condiciones del centro, que según ellas no eran las esperadas: «La comida estaba mala y era escasa», destaca Isabel refiriéndose al periodo de la Asociación Obreros de la Cruz, aunque al recordar el trato de los trabajadores afirma que «siempre ha sido bueno». Con el padre Pepe, en cambio, nunca tuvieron trato, porque «no se acercaba a nadie». De hecho, dicen que les sorprendía que los falsos religiosos no mantuviesen relación con casi nadie. Beatriz recuerda cómo la amenazaron cuando compró una cámara fotográfica: «Me decían que si les hacía una foto me la iba a comer». También las relaciones personales con el exterior eran entorpecidas por los responsables del Santísimo. Beatriz, por ejemplo, tenía una pareja sentimental, pero «desde que me ingresaron no me dejaron verlo», lamenta. Algunos trabajadores del geriátrico han admitido que al conocerse el escándalo de la estafa, muchos familiares «han recogido a los abuelos y se los han llevado a sus casas». A pesar de las explicaciones de la nueva dirección del centro, para convencerles de que los problemas son cosas del pasado.