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El número de hijos, «una decisión económica»

Los demógrafos achacan la baja natalidad en España a «la alta calidad de vida que se quiere dar a los hijos»

MadridActualizado:

Francia, Suecia e Irlanda son los únicos países de la Unión Europea que están cerca de poder garantizar el reemplazo generacional de su población. Con la tasa de fecundidad más alta de todos los estados miembros –1,92; 1,85 y 1,81 nacimientos por mujer, respectivamente–, estos tres países están a un paso de alcanzar los 2,1 nacimientos por mujer necesarios para mantener el tamaño de su población independientemente de la inmigración entrante o saliente.

España, Portugal, Italia, por el contrario, se encuentran a la cola, con 1,34 nacimientos por mujer. «Los valores religiosos y tradicionales de la familia muy arraigados en la cultura de estos países y que nos han ayudado a soportar la crisis económica sin tantos quebrantos tienen, sin embargo, cada vez menos peso en la tasa de fecundidad», advierte a este periódico Antonio Izquierdo, catedrático de Demografía y Sociología en la Universidad de La Coruña. Para este profesor, «esos valores tradicionales han sido sustituidos por otros más individualistas» y la sociedad y los políticos han dejado de ver a los hijos «como una inversión colectiva».

La falta de protección de la familia por parte del Estado y la escasa certidumbre sobre el futuro también lastran la natalidad entre las generaciones más jóvenes. Teresa Castro, demógrafa del CSIC, recuerda que detrás del bajo número de nacimientos «no hay una cuestión de valores sino más bien económica». «Las dos patas que más afectan son la falta de políticas públicas en favor de la familia y la situación económica que se traduce en la escasa estabilidad en el empleo», señala. Castro añade una variable más y es «la aspiración cada vez más alta de los padres de dar una mejor calidad de vida a los hijos».

Las dificultades para acceder a una vivienda y poder conciliar la vida laboral y familiar también condiciona el número de hijos. «Vivimos en una contradicción porque la sociedad española es muy familista pero las políticas públicas no lo son», denuncia Fernando Vidal, director del Instituto de la Familia de la Universidad Comillas-ICADE.