Sociedad

Alerta naranja por contaminación en Pekín

Las autoridades recomiendan no salir a la calle a niños, ancianos y enfermos con problemas respiratorios al dispararse la polución por las calderas de la calefacción y la falta de viento

Pekín, envuelta bajo una nube de niebla en la alerta roja de diciembre de 2015
Pekín, envuelta bajo una nube de niebla en la alerta roja de diciembre de 2015 - REUTERS

Desde la medianoche, Pekín se encuentra en alerta naranja por contaminación, el segundo nivel más alto en la escala que mide la polución en la capital china. Debido a un incremento en el aire de las partículas PM 2,5, tan pequeñas que se cuelan en los pulmones y pueden provocar cáncer, las autoridades recomiendan no salir a la calle a niños, ancianos y enfermos con problemas respiratorios. Según el medidor de la Embajada de Estados Unidos en Pekín, del que los residentes se fían más que de las cifras oficiales, la contaminación alcanzó durante la madrugada un pico de 269 microgramos por metro cúbico, diez veces más de los límites considerados seguros por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Durante la mañana, la concentración de partículas PM 2,5 decayó hasta los 150 microgramos, un nivel dañino pero habitual en esta megalópolis con más de 20 millones de habitantes.

La alerta naranja durará hasta el domingo, cuando los meteorólogos prevén que un frente frío con viento disipe la nube de polución que cubre Pekín. Hasta entonces, el Ayuntamiento ha ordenado suspender las actividades al aire libre en guarderías y colegios. Aunque las obras también deberían pararse por causar buena parte de la polución que sufre la ciudad, que se debe al polvo que levanta la construcción, no todas cumplen siempre estas órdenes.

Debido a la frenética industrialización que ha traído su extraordinario crecimiento económico, la contaminación es el problema más grave de China. En las ciudades de la costa, plagada de fábricas, siderurgias y centrales térmicas que queman carbón para generar electricidad, una espesa capa de niebla eclipsa el sol e impide que se vea el cielo azul. Como suele ocurrir cada invierno, la polución se dispara en Pekín en cuanto deja de soplar el viento, ya que se acumula en la atmósfera el carbón que queman las centrales térmicas y las calderas de calefacción. A ellas se suman las emisiones de los más de cuatro millones de coches que circulan por Pekín y el humo de las fábricas de las provincias de alrededor, sobre todo de las industrias siderúrgicas de Hebei.

Durante los tres últimos inviernos, en los que ha estado vigente el sistema de alertas instaurado por las autoridades, la polución ha llegado incluso a superar los límites de los medidores. Como ya viene siendo habitual, la alarma social que generan estos máximos agota las existencias de mascarillas y purificadores de aire para el hogar.

A tenor de diversos estudios, la contaminación se cobra cada año alrededor de un millón y medio de vidas. Aunque las autoridades insisten en que los niveles de polución han bajado durante los últimos años, las alertas que provocan estos picos vuelven a mostrar la cara más sucia del desarrollismo chino.

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