La acumulación de lípidos (en rojo) promueve el desarrollo del carcinoma hepatocelular
La acumulación de lípidos (en rojo) promueve el desarrollo del carcinoma hepatocelular - UNIVERSITÄT BASEL
CÁNCER DE HÍGADO

Inhibir la síntesis de lípidos, clave para prevenir o frenar la progresión del cáncer hepático

La inhibición de la proteína mTOR podría bloquear la síntesis de los ácidos grasos y lípidos que requiere el carcinoma hepatocelular para crecer y expandirse

MADRIDActualizado:

En el año 2015 se diagnosticaron en nuestro país 5.862 nuevos casos de cáncer de hígado, muy especialmente en varones –suponen cerca del 75% de todos los casos– y personas mayores de 50 años. Un tipo de tumor en el que destaca el carcinoma hepatocelular –representa en torno al 90% de todos los casos de cáncer de hígado– y que, si bien sexto en frecuencia, se corresponde con la segunda enfermedad oncológica más letal en todo el mundo. La razón para esta elevada mortalidad se explica, por una parte, por los retrasos en el diagnóstico de la enfermedad –en sus fases iniciales no presenta síntomas específicos– y, por otra, por la falta de tratamientos eficaces una vez el tumor ha progresado. De ahí la importancia de un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Basilea (Suiza), en el que se identifica una vía para prevenir o detener la evolución de este tipo de cáncer: la inhibición de la proteína mTOR, responsable de ‘conseguir’ al tumor la energía que necesita para su desarrollo.

Como explica Yakir Guri, co-autor de esta investigación publicada en la revista «Cancer Cell», «el hígado es, de alguna manera, la cocina de nuestro organismo. Almacena y recicla los nutrientes, produce los precursores hormonales y desintoxica el organismo al eliminar las sustancias nocivas, como los fármacos y el alcohol».

Fuentes de energía

Es bien sabido que el consumo excesivo de alcohol acaba dañando el hígado. Un perjuicio que, asimismo, puede ser igualmente inducido por la obesidad, la diabetes o la falta de ejercicio. El resultado es que, en un primer lugar, el afectado desarrolla el denominado ‘hígado graso’, que si bien asintomático se acompaña de una inflamación que puede progresar hasta un carcinoma hepatocelular. Y una vez aparece el tumor, las células cancerígenas se encargan de ‘devorar’ todo el tejido hepático sano, lo que conlleva inevitablemente a un fallo hepático –y al deceso del paciente.

Pero, ¿de dónde obtienen las células la energía para reproducirse de forma incontrolada? O lo que es lo mismo, ¿para convertirse en cancerígenas? Pues, simple y llanamente, de los lípidos –las consabidas ‘grasas’–. Sin embargo, los tumores requieren una cantidad de energía descomunal, por lo que la cantidad de lípidos necesarios para suplir sus necesidades resulta desorbitada. Entonces, ¿de dónde salen tantos lípidos? Una pregunta crucial dado que la acumulación de ácidos grasos y lípidos en el hígado es una de las principales causas del carcinoma hepatocelular.

El complejo proteico mTORC2 juega un papel crítico en la progresión del ‘hígado graso’ benigno al carcinoma hepatocelular

Para responder a esta pregunta, los autores utilizaron un modelo animal –ratones– al que manipularon para que sus células hepáticas tuvieran continuamente activada una proteína denominada ‘diana de rapamicina en células de mamífero’ (mTOR). Como indica Yakir Guri, «ya sabíamos que MTOR está implicada en el desarrollo tumoral al controla el crecimiento celular. Sin embargo, desconocemos que vías metabólicas y de señalización se encuentran afectadas en el caso específico del carcinoma hepatocelular».

Los resultados mostraron que mTOR, o más bien el complejo mTORC2 de la proteína, promueve la síntesis de ácidos grasos y de ciertos tipos de lípidos. Como apunta Yakir Guri, «la mayoría de la gente desconoce que nuestro organismo contiene más especies de lípidos que genes. Y ahora, en nuestro trabajo hemos sido capaces de analizar un amplio espectro de estos lípidos».

Concretamente, el trabajo muestra que mTORC2 estimula la producción de dos tipos de lípidos fundamentales para el crecimiento celular: los esfingolípidos, tipo de lípidos que forman parte las membranas celulares y que tienen que ser continuamente sustituidos en las células en ‘rápida’ proliferación; y las cardiolipinas, localizadas en las mitocondrias e implicadas en la producción de energía. Así, y al potenciar la síntesis de cardiolipinas, las ‘hambrientas’ células tumorales aseguran su fuente de energía. Pero como refiere Yakir Guri, «dado que las células cancerígenas dependen de la síntesis de novo de ácidos grasos y lípidos, si cierras el gripo detienes el desarrollo del tumor».

Cerrar el grifo

En último término, los autores analizaron muestras de carcinoma hepatocelular tomadas de pacientes humanos para ver si, tal y como sucedía en los modelos animales, mTORC2 y sus vías de señalización se encuentran igualmente activadas y, por tanto, promueven la síntesis de ácidos grasos y lípidos. Y de acuerdo con los resultados, sí.

Como concluye Michael N. Hall, «nuestro trabajo muestra cómo este complejo proteico juega un papel crítico en la progresión del ‘hígado graso’ benigno al carcinoma hepatocelular. Y asimismo, demuestra que los inhibidores específicos de la lipogénesis tienen el potencial de prevenir el desarrollo tumoral, abriendo así la puerta al desarrollo de terapias potenciales frente a este tipo de cáncer».