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First Dates

Las discrepancias políticas que echaron a perder una cita: «Voy a salir corriendo»

Óliver y Dunia pronto se dieron cuenta de que no tenían absolutamente nada en común

Óliver y Dunia jamás tendrán una segunda cita
Óliver y Dunia jamás tendrán una segunda cita - CUATRO
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First Dates se acerca ya a los setecientos y no da visos de ir a agotarse pronto. Solteros de toda España pican todos los días a la puerta del restaurante que capitanea Carlos Sobera en busca del amor de su vida. Las parejas que se sientan a cenar en el plató de Cuatro son de lo más variado y siempre las hay para todos los gustos.

Rompió el hielo este martes Alejandro, un madrileño de 19 años que llegó justificando su vestuario: «Mucha gente piensa que llevar camisas es de pijos, pero son prejuicios, de forma de ser no soy pijo». A pesar de que negó ser pijo, luego ante las preguntas de la camarera reconoció que su ajetreada vida nocturna se financia vía tarjeta de crédito paterna: «No trabajo en nada, pero me gano mi dinero a mi manera». Andrea, también madrileña de 20 años, pronto caló por donde iba: «Es un chico muy exclusivo, un poco snob, pero me parece simpático y muy dicharachero». Al poco de sentarse a cenar fueron descubriendo que tenían bastantes aficiones en común, como son salir de fiesta o los viajes. También coincidieron en en la geografía política, donde los dos se posicionaron como jóvenes liberales de derechas. Pero rápidamente quedó claro que Alejandro y Andrea no iban a ser nada más que amigos, pues ninguno de los dos quiso tener una segunda cita como pareja.

Poco después pasó por el restaurante Carlos, un catalán de 42 años que ya había pasado por First Dates hace unos y se había vuelto a casa con pareja. Yaki es la mujer que conoció aquella noche y la cita que tuvieron este martes en directo fue para revivir aquel momento. «A mis 43 años he conocido al hombre de mi vida», dijo Yaki nada más llegar al restaurante con la intención de animar a la audiencia a acudir a First Dates. «Yo vengo para pedirle matrimonio», le confesó Carlos a Sobera cuando se presentó, «pero es una sorpresa, claro».

Empezaron la cena disculpándose por algunos errores que habían cometido en el pasado, pero sobre todo recordando los grandes momentos que han pasado juntos desde que se conocieron. La gran pregunta estaba escrita en el plato del postre, oculta bajo la tarta, y Yaki fue descubriéndolo conforme iba comiendo: «¿Quieres casarte conmigo?». Su sorpresa fue mayúscula y su respuesta rotunda: sí, quiero,

Uno de los personajes más excéntricos de la noche fue Óliver, un auxiliar de óptica canario que se definió como «un nuevo Torrente: católico y de derechas». Con tan bizarra presentación cabía esperar grandes momentos del comensal. Su pareja fue Dunia, también canaria pero que en asuntos religiosos tiraba más por «el tema de las energías» que el catolicismo. Y no fue la religiosa la única discrepancia entre ellos.

Casi al final de la cena salió a relucir la política, el peor tema a tratar en una primera cita. Óliver pronto sacó sus credenciales: «Yo soy del PP, aunque lo estén haciendo todo mal». A Dunia no le gustó la noticia: «Voy a salir corriendo, mejor cambiemos de tema porque soy de izquierdas». Desde ese momento la cita se tensó más aún, y ya solo quedaba esperar a que se acabase la cena antes de que todo empeorase más. Y de hecho empeoró, cuando empezaron hablar sobre feminismo y sobre los derechos de las mujeres. El deselance estaba claro: «Hemos tenido demasiadas diferencias, no creo que esto funcione», concluyó Duna.