Toc toc (***): Enredo maniático

El argumento sigue las pautas mecánicas de un juguete cómico con alguna sorpresa final

Crítica de Toc toc
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Esta adaptación de una obra teatral de éxito que el cronista había tenido ocasión de sufrir en escena mejora al original por el mero hecho de tener un reparto carismático que hará las delicias de quien se acerque a verla sin poner muy alto el listón de las exigencias. El argumento sigue las pautas mecánicas de un juguete cómico con alguna sorpresa final: seis pacientes aquejados de un trastorno obsesivo compulsivo (TOC, ya saben de donde viene el título) se encuentran en la sala de espera de un terapeuta que no acaba nunca de llegar, lo que les obliga a iniciar una forma de conversación y salirse de su burbuja de sufrimiento cotidiano.

Sus trastornos son objeto de chanza durante una buena parte de la trama; una insistente musiquita nos incita a verle la gracia a sus manías respectivas. Menos mal que el trabajo de los actores contribuye a humanizar a estos locos de atar, alejándolos de la pura caricatura, para luego tentar el patetismo en un ensayo de autoterapia que sirve de climax emocional. Desde el punto de vista cinematográfico, el reto de un escenario único y una fábula en tiempo real se soluciona «aireando» la pieza al presentar a los personajes (aquí Rossy de Palma está que se sale) y recurriendo luego a un montaje ágil que pretende ofrecernos en primer plano cada uno de los tics de estos tocs. Alexandra Jiménez está más allá del elogio: su loca puede carecer de densidad como personaje pero la actriz es una máquina de precisión milimétrica, admirable, muy divertida. A su lado, hasta Oscar Martínez parece trabajar a medio gas con el chiste único que le permite su síndrome.

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