LA ALBERCA

Peris y Ramírez

Son la noche y el día, dos estilos distintos, pero magistrales. Dos amigos del alma

Alberto García Reyes
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A Luis Carlos y a Manolo les separa casi todo. Uno es flemático, poderosamente impasible. El otro era extrovertido, extraordinariamente jovial. Pero fueron amigos de verdad. La noche y el día de Sevilla. Dos maestros distintos dando la misma clase. Por eso el premio que ABC le ha concedido a Luis Carlos Peris Zoffman no es sólo un reconocimiento a su indudable autoridad como periodista, sino un homenaje a don Manuel Ramírez Fernández de Córdoba, que ahora presta su nombre al galardón taurino de las letras sevillanas, pero que siempre ha sido un trofeo para quienes amamos el oficio de juntar palabras. Los que tuvimos la suerte de conocer y tratar a Manolo seguimos presumiendo de su amistad como si colgara en un pergamino de la pared de nuestro salón. El aprecio de Ramírez es un premio que nos dio el destino. Peris ya lo tenía porque compartió con él los mejores y los peores momentos de su carrera. Pero a partir de ahora tendrá también el ole de Manolo en sus vitrinas porque este periódico se lo ha otorgado oficialmente.

Los periodistas de mi generación aprendimos a leer dejando caer lagrimones en los textos de estos maestros, que tenían una virtud que en estos tiempos es la masa con la que se fabrica la nostalgia: no se parecían entre ellos, cada uno tenía un estilo propio. Peris ha sido siempre directo, austero, rotundo, escritor de atajos, no de rodeos, observador silencioso y gran administrador de elogios. Por eso cada una de sus alabanzas es un tesoro, porque la ojana no cabe en sus frases. A los hombres de pocas palabras les sobra la mentira. Y Luis Carlos ha sido siempre un economista del lenguaje y de la vida. No regala minutos a nadie. Es de los que practican la filosofía de Paul Celan, que denunciaba que son los oídos de los desolladores los que prostituyen las palabras. Él escribe sin la posiblidad de las segundas interpretaciones. Y cuando da, mira a los ojos. Sentencia. Una vez se cruzó con cierto personaje siniestro que venía protestando a solas. «¿Qué te pasa, fulano?». «Que un tío me ha confundido con mengano y me acaba de dar una mascá», le explicó. Peris, sin inmutarse, le contestó: «Pues menos mal que te ha confundido con ese, porque si llega a saber que eras tú te mata».

El jurado del premio taurino Manuel Ramírez no ha confundido a Luis Carlos Peris con nadie. Ha ido a matarlo por la herida que más le duele. Manolo. Los dos se han desangrado desde que eran unos chavales por la llaga del currismo y del Betis. De ahí que el premiado acuñara ese concepto que también le define a él: el Currobetis. Miles de periodistas nos moriremos tras haber escrito varios quijotes para nada. Nadie se acordará de nosotros. En cambio, Luis Carlos quedará porque alcanzó la cumbre de la abstracción: definió una forma de vivir con una sola palabra. Currobetis. Porque todo el periodismo cabe en una de sus ventanas del Diario de Sevilla, todo el toreo cabe en media verónica del Faraón y toda Sevilla cabe en el abrazo de Luis Carlos y Manolo que ABC festeja en su eterna primavera.

Gracias, maestros, por abrir camino y por dejar esta huella.

Alberto García ReyesAlberto García ReyesArticulista de OpiniónAlberto García Reyes