Fernando Sicre

Urnas chinas

Lo paradigmática de ellas, su especial valor añadido, es la «tradición democrática» del país que las diseña, las vende y las envía a la bolivariana Cataluña

Fernando Sicre
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Lo paradigmática de ellas, su especial valor añadido, es la «tradición democrática» del país que las diseña, las vende y las envía a la bolivariana Cataluña. Como quiera que utilizan la técnica del despiste desde hace cinco años, a lo mejor las urnas son meras cajas, continente, y su contenido un sinfín de bolas chinas, para que disfruten Junqueras y Puigdemont, ahora las meto, ahora las saco, como si de las papeletas de las votaciones se trataran. La Consejera Borrás declaró desierto el concurso, por el que el Gobierno catalán pretendía adquirir 8000 urnas de metacrilato. Junqueras, ha decidido que la compra se haga ahora por adquisición directa. También ha cambiado el Gobierno, porque varios de sus integrantes no dan la talla de auténticos independentista. Le harán un análisis de sangre como requisito previo a su nombramiento y cuando analicen su genética musical, entonarán la marsellesa o quizás la novena de Beethoven, oda a la alegría, porque así lo quiso Macrón, muy francés también él, pero por derecho propio.

No tengo ninguna duda que el independentismo imprime carácter. Se lleva en la sangre. Es de transmisión genética. El gen es considerado la unidad de almacenamiento de información genética y unidad de la herencia genética, transmitiendo esa información a la descendencia. Junqueras, ese galán catalán por antonomasia, reniega de su genética hispana y hace público su ADN francés. Éste cabe en una caja, mejor dicho en una «boite». Hablemos con propiedad en francés, vayamos a ofender a semejante mamarracho. Una caja llena, repleta de «balles» orientales. Solo hay que mirar al Presidente de la Generalidad, para ser consciente de que la genética francesa debe tener ciertas concomitancias con el ADN de la fregona. Debe haberse introducido alguna de esas bolas por la boca y sus pelos han quedado inmortalizados como elemento propio de la limpieza diaria del suelo de la Generalidad. No es menos Junqueras. Exactamente desconozco si conoce adecuadamente el manual de instrucciones de esas bolas de origen asiático. Cuando lo miro fijamente, yo que soy hispano por antonomasia, enamorado de la tauromaquia, veo la cara de Robespierre y su mala leche reconcentrada con rostro de morlaco dando cornadas en Nimes. Cuando desagrego mi mirada, primero lo observo por el pitón derecho y veo en él a Jane Birkin. Si la observación la hago por el izquierdo, sólo atino a ver a Leticia Casta. Debe ser todo ello una combinación de su genética francesa, unido a la excitación que le debe producir el trasiego de ese cuerpo esférico «made in china» por sus interioridades. En realidad lo que observo es el blanco de sus ojos, que me permite fantasear. Sin embargo, cuando fulmino con la mirada a Puigdemont, no soy capaz de desagregarla, solo atino a ver una fregona y nada más.

Parece que el Gobierno de España ha cogido el toro por los cuernos. No, no es así. Eso es un eufemismo. Pero al menos comienza a exigir el cumplimiento de la Ley. Sí así hubiere sido desde la Transición, hoy hablaríamos de la faena que José Tomás habría hecho el día de la Virgen del Carmen, saliendo por la Puerta Grande de la Monumental. Ni Puerta Grande, ni Monumental. Si me apuran, ni Catedral va a quedar, porque los de la CUP quieren reasignar su cometido funcional, asignándole ahora su condición de economato. Pero, se ha hecho patente el temor que inflige la Ley española. La impostura de los independentista-catalanes se va agotando. Algo así, como cuando del continente se saca su contenido. La caja se queda vacía y las bolas chinas han sido producto de un efímero placer. La bolas son de China, al menos así se adjetivan. Quizás su constante uso a través de los siglos, desde los orígenes de la dinastía guan, ha predeterminado su genética y han quedado rasgado sus ojos, como cuando Serge Gainsbourg y Jane Bitkin entonaban el «je t’aime moi non plus». De España no son las bolas, en España hay pelotas, como las del Toro de Osborne. Sres. del Gobierno de España, vengan a El Puerto y sacien la sed con fino Quinta. A lo mejor encaran mejor.

Fernando Sicre