Humor negro

«... A veces se nos olvida que a Fitur se va a vender la ciudad, no sólo a pasarlo bien, a mirarse el ombligo y a autocomplacerse»

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Con Fitur me ocurre un poco como con el COAC –queda feo tantas siglas en la misma frase, pero es lo que tiene la economía del lenguaje-, que leo el programa del Ayuntamiento e intento imaginarme algo novedoso, original, inteligente… y luego resulta más de lo mismo. Sale una agrupación de romanos, y detrás salen cuatro; o de egipcios, o de soldados, eche la vista atrás y verá que llevo razón. Este año, de momento, les ha tocado a los negros –dicho sin ningún ánimo de incorrección política, por cierto- y a las brujas. Seguro que se ha preguntado más de una vez –reconózcalo, usted también se hace esas preguntas- qué extraña conjunción planetaria se produce para que todas las musas quieran ir vestidas de lo mismo en el mismo año. Tal vez tanta semiótica instalada en el concurso, tanto esfuerzo neuronal volcado en el «concepto», hace que se pierdan fuerzas a la hora de buscar el atuendo adecuado. Porque estará de acuerdo conmigo en que, casi todas las veces, se le va la presentación y buena parte del repertorio, en hilar el nombre de la agrupación con el tipo. No ocurría antes -¿de cuánto tiempo hablamos cuando decimos antes?- y era todo mucho más sencillo. Los piratas, iban de pirata, los senadores romanos, de eso mismo; incluso las quince piedras iban de piedras. Luego se complicó todo y hacía falta algo más que imaginación para entender por qué se llamaba así esta o aquella agrupación. Un derroche de virtuosismo literario similar al de las cartas de los restaurantes de postín, que al final te deja con la misma sensación de hambre, y termina el repertorio y sigue usted sin saber por qué se llamaba aquel coro, o aquella comparsa de aquella manera… En fin.

No era esto de lo que quería hablarle, por supuesto. Pero me pasa un poco como a Martínez Ares, que me cuesta llegar al público en el primer pase, -son obras complejas, que diría El Niño- y me entretengo cogiendo flores por el camino. Total, que con Fitur me pasa como con el COAC, ya se lo dije. Espero cada año la presentación de la oferta turística de nuestro Ayuntamiento, y cada año me parece peor, aunque en el fondo siga siendo la misma. Porque a veces se nos olvida que a la Feria Internacional del Turismo se va a vender la ciudad, no solo a pasarlo bien, a mirarse el ombligo y a autocomplacerse. Que sí, que resulta que este año partíamos con ventaja al ser uno de los destinos emergentes del mundo –que dicho así parece más de lo que es, pero bueno- «según nada menos que TripAdvisor», en palabras de la concejala de Turismo. Entienda usted que no haga ningún comentario sobre la web de viajes inglesa, ni sobre sus métodos para ganar dinero –no es precisamente una cándida ONG para viajeros guays-, y que tampoco lo haga en relación a las fuentes que utiliza el Ayuntamiento. Sería como anunciar que los presupuestos municipales los financia COFIDIS. Cada uno puede dar solo lo que tiene, que diría el otro.

Lo del patrimonio, la historia y la cultura está muy bien –muy manido, pero muy bien- y lo de los doce meses para disfrutar tres mil años de historias, también –menos manido, todo hay que decirlo. No queremos un turismo solo de playa, de acuerdo, sino un turismo cultivado que aprecie nuestra cultura –nuestros horarios, nuestros museos, nuestra oferta teatral y musical, nuestro cuidadísimo comercio, nuestra limpieza…- y para ese turismo selecto, de TripAdvisor, nuestro alcalde está decidido a darlo todo. Incluso un logo –mire usted por donde, otro más, que ya estaban tardando-, un diseño que represente el patrimonio histórico de la ciudad.

Ese patrimonio que representa el tesoro de esta ciudad «donde existen 129 torres miradores, donde tres arcos medievales saludan a un teatro romano a los pies del océano Atlántico y por donde han paseado talentos como el de Manuel de Falla, Chano Lobato, La Perla o Fernando Quiñones», como dijo José María González –no me diga que no es precioso- quien defendió ese patrimonio que «guarda, mima y protege Cádiz con celo como son sus vecinos y vecinas».

Más de lo mismo, como verá. Las 150 actividades del pasado verano a las que se les va a sacar más partido que a un puchero, y los topicazos de las civilizaciones que se pararon en un Cádiz “que divide los mares y los continentes”. No es Carnaval, pero lo parece. Nada que ver con la oferta presentada por el Patronato Provincial de Turismo, al menos en la forma –lo del fondo, ya es otra cosa- y con esa apuesta por el interior de la provincia. Lo que le decía al principio, a mi con Fitur me pasa como con el COAC. Intento encontrarle sentido a lo que veo, y se me va la presentación y buena parte del repertorio intentando hilar el nombre con el tipo.

Por cierto, entre lo de los planos desplegables «en español y en inglés», los folletos con horarios de monumentos, los del yacimiento Gadir y los del programa “provisional” del Carnaval 2018, han repartido una cosa que se llama «Rutas Monumentales del Centenario», ¿lo ve? Me pongo a pensarlo y se me pasa la actuación completa intentando entenderlo, ¿Centenario de qué?

Tendré que esperar a los cuartos, a ver si me entero de algo.