Editorial ABC

Sánchez se abraza a Podemos

Ya no hay más que un PSOE, el que su secretario general quiere volcar al populismo y al único objetivo de echar a Mariano Rajoy y al PP de La Moncloa

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La entrada de Podemos en el Gobierno de Castilla-La Mancha es un punto de inflexión en la relación del PSOE con la extrema izquierda. Hasta ahora, los acuerdos en comunidades autónomas se habían limitado a pactos de investidura, pero esta coalición de gobierno cambia el escenario y los discursos de la izquierda. Por lo pronto, borra de un plumazo todas las prevenciones, fueran o no sinceras, de los «barones» socialistas hacia Podemos. Si estos dirigentes territoriales, como García-Page, representaron en algún momento la posibilidad de que la vida política española contara con un socialismo de corte nacional y más o menos centrado, el pacto con la organización manchega de Podemos reduce a la nada esa expectativa. Ya no hay más que un PSOE, el que Pedro Sánchez quiere volcado al único objetivo de echar a Mariano Rajoy y al Partido Popular de La Moncloa. Con el paso que ambas formaciones han dado en Castilla-La Mancha, los socialistas se instalan definitivamente en el principio utilitarista de que el fin siempre justifica los medios. Quedaron atrás aquellos tiempos en que Sánchez renegaba de pactos con el populismo y alimentaba la idea de un socialismo de clases medias, responsable con los asuntos de Estado y comprometido con los valores de la Transición. El sueño se ha desvanecido y lo que hay es un pacto de izquierdas con el que el PSOE legitima a Podemos y sus formas como socio institucional y, de forma poco responsable, lo anima a pelear contra el propio socialismo por el liderazgo de la izquierda.

Por más que se pretenda limitar este acuerdo a su ámbito autonómico, el mensaje del PSOE es nacional, porque en plena crisis constitucional con el separatismo catalán, los socialistas optan por una formación que defiende el derecho a la autodeterminación, la derogación del pacto constituyente y la estrategia revanchista contra la derecha. Por no hablar de que hace no tanto pedían la salida del euro y de la OTAN.

Quizá este pacto exprese de forma transparente que hay un nuevo PSOE orientado a abrir una etapa de confrontación ideológica sin precedentes para la que el PP debe prepararse. La última encuesta del CIS ya lo anunciaba. Si el PP quiere convencer a los ciudadanos de lo peligroso que es para España una coalición de izquierdas no deberá limitarse a denunciar el extremismo de Podemos o la incoherencia del PSOE. Será necesario pasar a la ofensiva con una defensa activa de los valores de la ideología liberal-conservadora, de la moderación política -que no es lo mismo que la ausencia de ideas- y de la concordia civil, en los que no encajan los palmeros de la dictadura de Nicolás Maduro, por mucho que ahora ocupen una vicepresidencia y una consejería en el gobierno de García-Page.

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