Editorial ABC

Rajoy ante los retos inminentes

Atacar el turismo forma parte de la estrategia de desestabilización de España que los independentistas pretenden por cualquier medio

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, fijó públicamente su criterio sobre los ataques de la extrema izquierda independentista contra intereses turísticos en Cataluña y Baleares. Tras la audiencia con el Rey en el Palacio de Marivent, Rajoy condenó sin paliativos las agresiones protagonizadas por grupos juveniles afines a la CUP y recordó lo que todos los españoles saben: que la recuperación económica y el empleo en España dependen de la industria del turismo. Atacar este sector de la economía forma parte de la estrategia de desestabilización de España que los independentistas pretenden por cualquier medio. Por eso, a las condenas públicas deben seguir las consecuencias, que hasta ahora no se han visto, con forma de querellas de la Fiscalía contra los autores y, sobre todo, sus inductores, parapetados en la dirección de la CUP, la nueva Batasuna en versión catalana que no tiene pudor en respaldar públicamente la violencia antiturista.

Aludió de nuevo Rajoy a la situación en Cataluña y reiteró su mensaje de que no habrá referéndum el 1-O. A estas alturas ya se sabe que las decisiones del Tribunal Constitucional y las querellas ante los juzgados no sirvieron para evitar el 9-N. El compromiso del presidente del Gobierno es que no habrá consulta independentista, así que habrá que confiar en que adoptará todas las decisiones adecuadas para este resultado. Si finalmente se vota el 1-O, no valdrá cambiar el planteamiento para decir que el referéndum carecía de valor jurídico, porque tampoco ahora lo tiene. Al margen de esta consulta ilegal, Rajoy acertó al señalar el grave problema que tiene Cataluña si es la CUP la que decide la agenda política de esta Comunidad Autónoma. Ahora bien, es un problema que tiene una parte de solución en la legislación vigente. El resto depende de los catalanes. La CUP es hija del proceso separatista y de la renuncia de la sociedad catalana, principalmente de Barcelona, a la moderación política. El coste ha sido la desaparición de su tradicional nacionalismo burgués como opción política vertebradora de Cataluña.

El tercer mensaje de Rajoy fue especialmente oportuno, porque se centró en Venezuela y, frente a las ambiguas declaraciones de los representantes diplomáticos españoles, no dudó en negar a la Asamblea Constituyente cualquier legitimidad política. Es muy importante que el Gobierno español sea claro en este asunto internacional porque debe tener una voz que lidere la posición europea frente al dictador Maduro y su gobierno «cubanizador» de Venezuela. Maduro ha llevado la situación tan lejos del punto de retorno que hablar de negociación y cesiones con la oposición sólo contribuye a reforzar la dictadura comunista que se está implantando en Venezuela. La Unión Europea debe aislar al gobierno de Caracas con la misma contundencia que lo ha hecho Mercosur.

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