José María Carrascal

Pablo Iglesias en estado puro José María Carrascal

Este alarde de osadía de Pablo Iglesias no esconde otra cosa que inseguridad y frustración

José María Carrascal - Actualizado: Guardado en:

Pablo Iglesias atraviesa otro de esos momentos de furia, rabia, exaltación y cólera, en los que pierde los estribos y le hacen decir cosas que nada le benefician, como aquel en el que, nada más salir de la audiencia con el Rey, nombró un gobierno a Pedro Sánchez, en el que le confinaba al papel de fantoche, para reservarse el de verdadero presidente. Esta vez es justo lo contrario: considera al PSOE un partido acabado que «se ha puesto de rodillas ante el PP» facilitando la investidura de Rajoy, por lo que corresponde a Podemos, con él al frente, el de auténtica y única oposición. Con el «somos más Podemos que nunca», pide «politizar el dolor de los ciudadanos» para arrollar a los dos decadentes partidos, y ya, montado en ese potro desbocado, no duda en utilizar como argumento que «en Europa, lo que predomina hoy son los discursos beligerantes», para rematar con lo que podría tomarse como chiste si la situación no fuera tan seria: «Gracias a Podemos no existe en España un Frente Nacional». En efecto, no existe una extrema derecha radical. Pero existe una extrema izquierda radical también, tanto o más peligrosa.

Cuando surgieron las primeras desavenencias entre Iglesias y Errejón, bastantes lo atribuyeron a un movimiento táctico para ganar seguidores en un campo más amplio, uno como «policía malo», otro como «policía bueno», Iglesias exprimiendo el miedo ciudadano, Errejón intentando seducirle. Hoy sabemos que no es así, que Podemos está tanto o más roto que el PSOE en un ala radical y otra contemporizadora. Con una importante diferencia: mientras en el PSOE parecen imponerse los contemporizadores, en Podemos, como en todos los movimientos extremistas, se imponen los fundamentalistas. Quiere ello decir que el pulso Iglesias-Errejón todavía no ha acabado y no acabará hasta que uno de los dos caiga, teniendo el segundo todas las de perder, aunque sea el que tenga razón. No se sorprendan, por tanto si un día ven en los titulares de los periódicos su defenestración, simbólica desde luego, pues los tiempos en que los comunistas dirimían sus diferencias con un tiro o caída por la ventana han pasado. Por fortuna para ellos y nosotros.

Un último apunte a este pulso en el partido que más rápidamente ha subido en los últimos tiempos: este alarde de vehemencia, arrogancia, osadía de Pablo Iglesias no esconde otra cosa que inseguridad y frustración. Él es el primero en saber que Podemos se parte no en dos facciones, sino en las diez o diecisiete, con cada una tirando por su lado. Es más, que su «huida hacia adelante» no es ni de lejos compartida. La huida es de cada cual en su propia dirección, generalmente, la regional. Aunque todos comparten el propósito de sustituir a las «fuerzas dominantes» –habiéndolo conseguido algunas– no todas están de acuerdo con el radicalismo y virulencia de Iglesias. Joan Baldoví, portavoz de Compromís en el Congreso: «Me parece muy sensato lo que suele decir Errejón». Compromis, en valenciano, como saben, significa compromiso.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios