Enorme impostura

«Solo el 4,4% de los navarros hablan a diario un idioma que se quiere imponer por motivos ideológicos»

Luis Ventoso
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Mi suegro era un gigante físico de hermoso timbre de voz, un vitalista aficionado a la pelota vasca y a las rancheras mexicanas. Las interpretaba con tanto arte con su guitarra que hasta fue tentado en su mocedad para convertirse en cantante profesional en el extranjero (aunque tuvo el buen tino y la inteligencia de hacerse constructor). Procedía del Sur de Navarra y el vascuence le era ajeno. Mi suegra nació en el último pueblo entre Navarra y Francia, en el pre-Pirineo. La lengua familiar de su infancia era un vasco dialectal, que incluía vocablos franceses y españoles. Se casaron y se instalaron en San Sebastián, donde les fue estupendamente hablando en castellano, aunque siempre apreciaron las culturas vasca y navarra.

Al estudiar Periodismo en Navarra tuve la suerte de vivir cinco años en la estupenda ciudad de Pamplona, de gran calidad de vida y vecinos fiables y cabales. En mis andanzas cotidianas, las diurnas y las nocturnas –que no eran pocas ni breves–, no recuerdo que nadie me interpelase en euskera. Las ocasiones en que veía a una cuadrilla hablando en vasco eran también contadísimas. Deducción elemental tras mi lustro navarro: en Pamplona no hablaba euskera ni Blas. Eso es lo que percibí en mi vida real, sin que mediase apriorismo ideológico alguno, y lo que sigo encontrándome cada vez que voy allí. Todo el mundo habla en español. En cambio al salir de Pamplona hacia el Norte el uso del vascuence va tornándose común. Por ejemplo, cuento con unas excelentes amigas de Vera de Bidasoa que hacen toda su vida familiar en vasco, el hermoso idioma que siempre se habló en su hogar (por cierto, no son nacionalistas y a veces cuentan anécdotas vitriólicas sobre abertzales que se dirigen a ellas con el euskera ritual de salutación, pero que luego son incapaces de seguirles la conversación). Por el contrario, de Pamplona para abajo el vasco va convirtiéndose en una auténtica rareza.

En Navarra mandan ahora los nacionalistas partidarios de la integración en el País Vasco. Gobiernan a pesar de que no ganaron las elecciones (UPN se impuso en los comicios con seis escaños más que Uxue Barkos, la actual presidenta, que cogobierna con Bildu). Dentro de su ejercicio de ingeniería social para vasquizar Navarra –cuyo horizonte final sería la independencia–, han decidido dar primacía al euskera para poder ser funcionario navarro. Muy bien. ¿Y cuántos navarros hablan vascuence? Según el último estudio en profundidad del Gobierno de Navarra, que data de 2011, tan solo el 4,4% de la población (2,1% en Pamplona). Es decir: el 95,6% de los navarros tienen como su lengua única de uso cotidiano el español, pero ahora se les va a imponer para ser funcionarios un idioma que en realidad prácticamente no existe en media comunidad foral. ¿Lógica? Ninguna. ¿Sectarismo político? Todo. Una espectacular impostura, inédita en toda Europa, que solo tiene un objeto: ir descosiendo España con hechos diferenciales, impuestos a golpe de rodillo legislativo y del despilfarro de millones de euros sacados de los impuestos de todos, nacionalistas y no nacionalistas.

Luis VentosoLuis VentosoDirector AdjuntoLuis Ventoso