
La segunda generación vino de la mano de El Nene, que echó los dientes en el bar Canuto y se entretuvo en crear El Sherry, en la calle Medina. El tabanco lo heredó de su padre y del tio Manuel. El Nene le dio empaque al lugar y, sobre todo, un tono muy jerezano con el esmero puesto en la andanada de botas de Valdespino que se encuentra en lo que en su día fue un antiguo local de lavado de botellas y que se alquiló para agrandar el negocio. Dentro de esas botas, y gracias al enamoramiento que existe entre El Nene y Jerez, probablemente esté uno de los mejores olorosos de la ciudad.
Jesús Muñoz es el hijo de El Nene. Desde hace ya bastantes años el tabanco depende de él. «Quizá hemos acertado cuando decidimos evolucionar con los tiempos. Sin perder la esencia, seguimos siendo jóvenes", comenta.
Lo de siempre
Fruto de que lo auténtico no se pierde es que uno de los lugares donde más se beben los caldos de González Byass y de Real Tesoro. Se acompañan con chacinas, la carne mechá, la rica tortilla de doña María del Carmen La Nena y el buen ambiente, sobre todo a mediodía, que es cuando el tabanco hierve de actividad y trasiego de platos, además de las noches del fin de semana. «Antes sólo había una botella de ginebra y otra de güisqui. Ahora existe un catálogo de bebidas largas muy considerable», subraya. Los tiempos han cambiado, pero quizá, gracias a las actualizaciones, el tabanco San Pablo sigue y seguirá durante muchos años con vida. Que así sea.







