Internacional

Orban desafía a Bruselas

El «no» al reparto de cuotas ganará hoy en el referéndum de Hungría; la única duda gira en torno a la participación, necesaria para hacerlo vinculante

Fieles musulmanes en la mezquita de Budapest el pasado viernes
Fieles musulmanes en la mezquita de Budapest el pasado viernes - AFP
HERMANN TERTSCH Budapest - Actualizado: Guardado en:

Unos ocho millones de húngaros están hoy llamados a las urnas para decidir si aceptarían o no la asignación por parte de la Unión Europea de cuotas de refugiados. El resultado está ya claro. El rechazo a la llegada de refugiados en cualquier circunstancia es masivo. La única duda que ayer se mantenía era si la participación superará o no la barrera del 50% que valida el referéndum.

Esta consulta es una movilización política del gobierno húngaro en favor de su propia cohesión y su hegemonía en la sociedad húngara además de un pulso político e ideológico a una Unión Europea dominada por la política de Angela Merkel de aceptar a los refugiados y minimizar las dificultades y lo problemas resultantes. El primer ministro Viktor Orban se ha convertido en el líder del bloque opositor a la política de Merkel y los países occidentales en materia de refugiados. No solo los gobiernos países del este integrados en el grupo de Visegrado, la propia Hungría, Polonia, Eslovaquia y Chequia, también fuerzas políticas emergentes en muchos países de la UE muestran una creciente oposición a la inmigración en Europa.

El gobierno húngaro es muy consciente de que está lanzando también una señal a un año 2017 repleto de citas electorales, incluidas las presidenciales francesas y las federales alemanas. El gobierno húngaro lanza por tanto un pulso a lo que llama «la hegemonía de la izquierda liberal europea» -en la que incluye democristianos y socialdemócratas- que según Budapest pone en peligro los propios cimientos de la sociedad libre y de la identidad europea. Las campañas que en este sentido y contra la inmigración musulmana ha orquestado el gobierno húngaro han sido tachadas por esa izquierda europea y por muchas ONG como xenófoba y racista.

El gobierno de Orban niega tal extremo y atribuye estas acusaciones a los lobbies izquierdistas y liberales que dominan la política de Bruselas y a los que considera culpables de la mayor parte de los problemas de Europa, entre otros de la ceguera ante los problemas que genera la corrección política. Respecto al resultado, ya ha dicho que uno similar de votantes al que aprobó el ingreso en la UE o la OTAN, entre el 40 y el 50%, tiene plena validez si no jurídica sí política para lo que se propone. Que no es otra cosa que exigir que cuestiones capitales para el futuro de los estados nacionales las decidan estos y no la Unión Europa.

Húngaros entrevistados por medios occidentales mostraban al mismo tiempo su rechazo a toda inmigración y especialmente a la musulmana, pero también escaso interés por acudir a las urnas para algo que creen resuelto. Una de las respuestas más repetidas era que está claro que los refugiados no quieren venir a Hungría. “Todos quieren ir a Alemania”. De momento no se han dado pasos para extender el sistema en Bruselas más allá de la asignación de cuotas para repartir 160.000 refugiados del pasado año. Pero no solo Hungría ve con espanto la pretensión de que se instalen una cuotas que automáticamente repartan a todos los refugiados que van llegando a Europa y así se modifique la composición demográfica.

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