Internacional

Mitt Romney y Nikki Haley, candidatos a la secretaría de Estado

La gobernadora de Carolina del Sur parece ser la favorita, pero el excandidato republicano podría hacerse con el cargo, a pesar de los insultos cruzado que compartió con Trump

Romney y Haley, las opciones del Partido republicano para ocupar la secretaría de Estado
Romney y Haley, las opciones del Partido republicano para ocupar la secretaría de Estado - ABC

La Trump Tower, el imponente edificio neoyorquino que simboliza el emporio del presidente electo, se ha convertido en el centro de las miradas del país, y del mundo. Por el despacho del magnate, situado en todo lo alto, desfilan desde hace días todos aquellos personajes, políticos y asesores, expertos de diferentes ámbitos, que tienen algo que decir o escuchar de Donald Trump.

La llegada de Nikki Haley acaparó buena parte de la atención mediática, rodeada de informaciones que la sitúan en el Departamento de Estado. Según las cadenas de televisión MSMBC y CNN, la gobernadora de Carolina del Sur está llamada a ser la sucesora de John Kerry y Hillary Clinton como secretaria de Estado. Si exceptuamos la vicepresidencia, es el puesto estrella, el que dirige la política exterior del país y el centro de las miradas desde la sorprendente victoria electoral del hombre llamado a revolucionar el planeta.

Que acudiera al despacho de Trump, casi a la misma hora, el veterano y experto Henry Kissinger, el más célebre de los secretarios de Estado con vida, pareció ratificar las primeras informaciones. Aunque no hay nada oficial. Poco después de que los medios fijaran su atención en Haley, comenzó a sonar también el nombre de Mitt Romney para ese cargo. El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, se reunirá este fin de semana con el antiguo aspirante presidencial, según reveló la cadena NBC News, que sitúa a Romney como potencial secretario de Estado de la nueva Administración a pesar de los insultos cruzados entre ambos durante los últimos meses.

Trump respaldó a Romney hace cuatro años, pero en 2016 llegó a decir que fue «uno de los peores y más tontos candidatos en la historia de la política republicana». El exgobernador de Massachusets, por su parte, tachó al magnate de «fraude». La confirmación de Haley sería motivo de sorpresa por dos motivos. A su falta de experiencia en política exterior, se suma otro de orden interno, que recuerda el enorme distanciamiento entre ella y Trump. La gobernadora de Carolina del Sur respaldó durante las primarias a los dos hispanocubanos que se presentaban. Primero, a Marco Rubio. Derrotado el senador de Florida, Nikki Haley se decantó por Ted Cruz. Durante la campaña, no ahorró críticas contundentes a quien ayer llamó a su despacho como presidente electo. Sea para el cargo que sea de la Administración, la gobernadora de Carolina del Sur representa el futuro del Partido Republicano y una imagen que, por su origen indio, ayudaría a Trump a atemperar los temores hacia decisiones antiinmigración. Y más, después de haber incorporado como director de estrategia a Steve Bannon, vinculado a los movimientos en favor de la supremacía blanca.

La incertidumbre está dando paso a todo tipo de quinielas. Las opciones de Rudolph Giuliani y de John Bolton, favoritas del presidente electo para el Departamento de Estado, han ido perdiendo fuerza. El exalcalde de Nueva York, por los vínculos de su despacho de abogados y consultores con grandes empresarios de países como Venezuela, Irán y Qatar. El que fuera embajador de Estados Unidos ante la ONU, por no contar con las simpatías de los republicanos en el Congreso, que ya rechazó en 2005 su nombramiento, que impondría el presidente George W. Bush.

Entre los demás nombres para la Administración, adquiere verosimilitud la presencia del exgobernador de Texas Rick Perry como secretario de Energía. Algunos apuntan también a Ted Cruz para la cartera de Justicia. Aunque el nombre más llamativo, que surgió ayer mismo, es el de Mitt Romney. El anterior candidato a la presidencia por el Partido Republicano en 2012 fue el promotor de la feroz campaña antiTrump del establishment para frenar el ascenso del magnate. Si no es el de secretario de Estado, se cree que se le propondrá otro alto cargo.

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