Familia - Educación

Cuando la inteligencia es una maldición

Sara, de 10 años, y Samuel, de 9, son dos niños de altas capacidades
Sara, de 10 años, y Samuel, de 9, son dos niños de altas capacidades - ÓSCAR DEL POZO

A Paulina no le sorprendió ver que Sara, cuando tenía solo tres años, recitaba en casa los cuentos que le leía en clase la profesora «prácticamente al dedillo, con sus pausas, sus entonaciones... parecía que los estaba leyendo», rememora. Tampoco cuando a los 6 años escribía dolidos poemas de amor. Ni cuando su hijo Samuel a los 4 relacionaba conceptos de tal forma que a los mayores se les escapaba, o ganaba a los mayores en los juegos.

Estos dos niños conforman el 0,24% de niños con altas capacidades diagnosticados en España, una cifra muy inferior al 2% que se estima que existen en nuestro país, según denuncia un informe de la Fundación Mundo del Superdotado. La paradoja está, advierte la presidenta de esta organización, Carmen Sanz Chacón, en que los 142.842 menores que están por diagnosticar son menores que, si no reciben atención específica, es muy probable que terminen sus estudios con fracaso escolar, sufriendo acoso escolar y con graves problemas emocionales, de adaptación o conductas disruptivas en el aula, falsos TDAH...».

«O visto de otra forma: son niños que de recibir la atención adecuada se convertirían en alumnos excelentes que nos colocarían en los Informes PISA al nivel de los países más avanzados del mundo, o un 2% menos de alumnos con trastornos psicológicos y graves problemas de adaptación o conductas disruptivas en clase, menos costes en salud mental y medicación para falsos TDAH, etc», añade.

Sin criterio único

Pese a que la legislación española recoge en las leyes de Educación la necesidad de que este tipo de alumnos reciba atención educativa especifica por parte de las administraciones, varios son, según esta fundación, los motivos que impiden este correcto diagnóstico. En primer lugar, que en España no hay un criterio único a la hora de identificar a niños con un cociente intelectual (CI) de 130 o superior.

En este sentido, y según advierte Sanz Chacón, también autora del libro «La maldición de la inteligencia», «sería indispensable fijar una única definición nivel nacional, de forma que no dejara fuera a ningún niñosuperdotado (CI igual o superior a 130). Pero lo que ocurre en la actualidad, y con las leyes que tenemos, es que un niño puede ser de altas capacidades en Andalucía, pero no en Cataluña».

Esta disparidad de criterios según las distintas comunidades es también lo que hace que Murcia o Canarias estén mejor posicionadas en el ranking (con entre el 0,49 y el 1,09 % de alumnos identificados). «En cualquier caso, esta situación sigue dejando a muchos alumnos sin la educación especial que les correspondería», insiste Sanz Chacón.

Ampliar el concepto

Para esta experta, mejorar esta realidad llevaría aparejada una nueva mirada hacia la prueba más común hasta ahora en nuestro país. «La teoría de los Tres Anillos de Renzulli, mal entendida e interpretada, por la que se exige a los alumnos que presenten alta capacidad intelectual, alta creatividad y alto rendimiento. Esto deja fuera a miles de estudiantes superdotados, porque están desmotivados... o porque no pintan con muchos colores... A nuestro juicio creemos que sería bueno también que, independientemente de su creatividad y su rendimiento escolar, se ampliase el concepto de altas capacidades intelectuales a niños con un cociente intelectual de 120 o superior, o a los que muestran talentos especiales (artísticos, deportivos, etc.)».

Aparte de esta ausencia de criterio concreto, el informe denuncia que sería urgente mejorar el proceso a la hora del diagnóstico, algo que suele ocurrir en la escuela. Por este motivo, explican, «es necesario que tanto los profesores como los equipos de orientación estén formados y sepan identificar tempranamente a los alumnos dealtas capacidades intelectuales y obtener de ellos su máximo potencial», insisten.

Una vez que el niño está diagnosticado, la legislación actual recoge que es posible acelerar al menor un mínimo de tres años durante su etapa escolar. En este sentido estos colectivos piden que se simplifique al máximo los trámites burocráticos a realizar por el centro y que se considere esta medida de carácter ordinario, igual que la repetición de curso, en lugar de ser excepcional, y sin necesitar autorización especial por parte de la administración.

Otra apuesta pasa porque los niños se mantenga en su curso, pero con la creación en cada centro escolar de aula Abierta deAltas Capacidades Intelectuales, a la cual el menor pueda acudir semanalmente para realizar actividades de enriquecimiento curricular.

Pero a la postre, tal y como apunta Francos Gagné, uno de los máximos exponentes en el campo de la alta capacidad a nivel mundial, «el gran problema radica en que los sistemas educativos de los países desarrollados se centran en el alumno medio, en conseguir reducir el fracaso escolar y en ayudar a los que tienen dificultades».

Política de Estado

«Se olvidan de un sector de la población escolar que necesita ayuda para desarrollar esa capacidad. Se dejan de lado porque se tiene la idea o el pensamiento de que van a tener éxito aunque no se haga nada con ellos, lo cual es irreal», añade Gagné. «Invertir en la educación de los alumnos más brillantes es imprescindible para el futuro de nuestro país, por esa razón debe ser una política de estado», concluye Carmen Sanz Chacón.

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