Tribunales

El guardia civil que asesinó a un marroquí: «Pensé que era un terrorista»

Le echó de la carrretera y les descerrajó 14 tiros; el último le atravesó la cabeza «porque creí que íbamos a volar por los aires»

MadridActualizado:

A sangre fría. Con ensañamiento. Así fue el asesinato que presuntamente cometió un guardia civil de 31 años contra un transportista de 39, natural de Marruecos, que tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino. Todo ocurrió en la A-3, a la altura de Fuentidueña del Tajo, el 25 de abril de 2016 a las 7.30 horas. El Ministerio Público solicita 21 años de cárcel para el procesado, que hasta el próximo 2 de febrero se sienta en el banquillo con la atenuante de alteración psíquica. En el juicio trató de justificar su acción diciendo: «Por sus rasgos árabes, pensé que era terrorista y que íbamos a volar por los aires, pero, en ningún momento, quise matarle, solo detenerle».

El agresor, Ángel Luis Viana, que llevaba una semana de baja aquejado de lumbalgia y que circulaba con una catana de 45,5 centímetros de hoja atada a su espalda y bajo los efectos del consumo de hachís, expulsó de la carretera a Younes Slimani y le descerrajó 14 tiros. Al ver que la víctima aún respiraba, ya moribunda, realizó el último disparo en la sien.

El vehículo del imputado
El vehículo del imputado

Así lo considera probado el Ministerio Fiscal en su escrito de conclusiones provisionales, en el que destaca que «el incidente de tráfico lo provocó el acusado con el ánimo de acabar con la vida de la otra persona». Por ello, embistió repetidamente con su vehículo, un BMW, el de víctima, un Opel Zafira, hasta que lo sacó de la carretera, indica el texto.

Mientras eso ocurría, se ponía en paralelo y le disparaba con su arma reglamentaria (que no le retiraron pese a estar de baja) hasta en dos ocasiones. Ante su conducción temeraria, el Zafira impactó contra el quitamiedos.

Le remató en la cabeza

El aterrorizado transportista salió corriendo para pedir ayuda al resto de los conductores mientras que el acusado se tiraba de su vehículo en marcha y comenzaba una persecución mortal con la lluvia de disparos, 14, de los que le alcanzaron seis. Cuando el herido cayó desplomado, el imputado se acercó y, al ver que aún vivía, le descerrajó otro disparo que le atravesó la cabeza, muriendo en el acto. Así lo indica el fiscal.

En un primer momento, el agente dijo que Younes trató de darse a la fuga tras el accidente para justificar lo desproporcionado de su acción, un extremo que fue negado por los testigos. Espontáneamente, indicó a sus compañeros que fueron a arrestarle: «Antes de que un moro de estos nos reviente de un bombazo, lo reviento yo». Sin embargo, en su declaración el pasado miércoles precisó que «cuando vio a la víctima supo que era un terrorista, por lo que trató de detenerle, disparándole en las piernas. El procesado indicó que «no le vio armado pero intuía que podía llevar algo debajo, como un chaleco explosivo, porque tenía un abrigo grande y abultado». Agregó que le preocupó que el coche estuviera «lleno de bultos», cuando en realidad, iba casi vacío, sostiene el fiscal.

«Detenerle, sí; matarle, no»

«Le disparé porque le di el alto y él siguió corriendo, pero no es cierto que lo hiciera 14 veces. No puede ser». Entonces, la víctima frenó y él «lo tiró al suelo para inmovilizarle, le tumbó y le puso de rodillas», dijo el fiscal. No le cacheó, reconoció: «Él empezó a invocar a Alá. Pensé, aquí reventamos y fue cuando hice el fatídico disparo». Luego, avisó a sus compañeros, convencido de que había evitado un atentado.

Alegó que comenzó a consumir hachís y coca porque estaba mal psicológicamente. Sin embargo, no pidió la baja por eso y sostuvo que quería tener el arma porque «estábamos en alerta cuatro». Varios testigos manifestaron que vieron cómo insultaba y perseguía a Younes sin dejar de usar el arma. «Le dio en la cabeza como una ejecución». Un compañero le calificó de frívolo. «Miradle. Es un tipo raro», dijo sobre la víctima, cuyo cuerpo ensangrentado yacía en el suelo.