Varios cubos para recoger el agua de las goteras en la entrada al monumento en recuerdo a las víctimas del 11-M
Varios cubos para recoger el agua de las goteras en la entrada al monumento en recuerdo a las víctimas del 11-M - GUSTAVO MORALES
Opinión: la polémica por el monumento del 11-M

Por dignidad

La sociedad civil debería avergonzar a Carmena y reparar el monumento a las víctimas del atentado yihadista

MADRIDActualizado:

Estoy convencido de que España es un gran país. También de que muchas veces no lo parece. Un distintivo de las naciones que se respetan es que cultivan su memoria y jamás se olvidan de los suyos. Caminando por Green Park, en el centro de Londres, siempre te admiran las permanentes coronas que todavía recuerdan a los muertos de la Primera Guerra Mundial, una crudelísima y estúpida conflagración de imperios decadentes que terminó hace casi cien años. Los soldados que participaron en aquella cenagosa guerra de trincheras y sus mujeres ya no están.

Pero alguien se preocupa espontáneamente de cuidar los monumentos que evocan los caídos, de ensalzar a los Tommy muertos con pequeñas cartas de recuerdo, plastificadas para que no las pudra la lluvia, o de depositar flores frescas en las fechas señaladas. Cada noviembre, los británicos de toda ideología y condición engalanan sus pecheras con amapolas, plantas que según un poema brotaron en los campos de sangre de Flandes con la paz. Algunos taxistas londinenses incluso adornan sus vehículos TX4 negros colgándolas en la calandra.

Como todos los españoles, recuerdo perfectamente el 11 de marzo de 2004. Seguía para mi periódico la campaña electoral de Rajoy y estábamos en Barcelona. De buena mañana nos dirigíamos al aeropuerto rumbo a su último mitin, en San Sebastián, cuando las radios empezaron a contar el ataque a los trenes. La campaña quedó suspendida y nos llevaron a Madrid. Nadie habló en aquel vuelo. Las azafatas de Iberia lloraban por el pasillo del avión. El piloto expresó su compasión con voz quebrada. Algunos bisbisearon una oración queda. Luego hubo vergüenzas, como la utilización electoralista del atentado que hizo Zapatero. Pero prefiero recordar lo honorable.

Bajo una lluvia cerrada, el formidable pueblo de Madrid, que en realidad conformamos todos los españoles, abarrotó La Castellana para expresar su pena y su rabia. Dientes apretados y ojos llorosos. Una dignidad que te ganaba y te sobrecogía. Los servicios de emergencias españoles demostraron que son de los mejores del mundo y la policía capturó pronto a los yihadistas.

En marzo de 2007 se inauguró en Atocha un monumento en recuerdo de los 193 muertos de aquel dolorosísimo atentado. Allí estaban los Reyes y su hijo, hoy Felipe VI; el presidente Zapatero, la presidenta Aguirre. Sonó música de Pau Casals. Aunque el acierto de la obra es discutible, España estaba a su altura honrando para siempre a las víctimas. Hoy apena ver el monumento, venido a menos, rodeado de palanganas cuando llueve. La lámina con los 193 nombres se ha caído varias veces.

El Gobierno municipal anterior lo descuidó. El actual ha prometido por dos veces restaurarlo. Pero la dulce ineptitud de Carmena ha dejado todo en anda, como siempre. Ver la obra así es una vergüenza. La sociedad civil no necesita esperar a las autoridades. Asociaciones de víctimas e instituciones culturales y sociales podrían promover hoy mismo una cuestación para reparar y mejorar el monumento. Hay amnesias que son una afrenta y no cabe tolerarlas ni un minuto.