Madrid

Aniversario del reloj de la Puerta del Sol: Siglo y medio de historia entre campanadas

Se cumplen 150 años de su inauguración por parte de Isabel II, Madrid lo celebrará con vídeos, teatro y uvas

El reloj de la Puerta del Sol, sobre los tejados del centro de Madrid
El reloj de la Puerta del Sol, sobre los tejados del centro de Madrid - MAYA BALANYÁ

Más de 8,5 millones de campanadas se han dejado sentir en la Puerta del Sol desde que, tal día como mañana sábado de hace 150 años, quedó instalado sobre la torre de la Real Casa de Correos el archifamoso reloj que todos los españoles conocen. Para celebrarlo, la Comunidad de Madrid ha preparado un programa que incluye teatro, un vídeo que permite una visión de 360º desde la torre, o la felicitación de famosos relacionados con las campanadas como Ramón García o Cristina Pedroche.

El reloj fue un regalo al Ayuntamiento de Madrid del relojero José Rodríguez Losada. Fue la reina Isabel II quien se encargó de inaugurarlo el 19 de noviembre de 1866, el día que se cumplían 33 años de su primera proclamación.

El magnífico trabajo de Losada -que tuvo que salir de España e instalarse en Londres en 1828 por su implicación en una conspiración liberal- no sólo se ha manifestado a lo largo del tiempo como una obra maestra por su precisión, sino que también se ha convertido en todo un símbolo para los españoles, que siguen prefiriéndolo a ningún otro a la hora de escuchar las campanadas de la Nochevieja.

Una torre diferente

Cuando llegó a la Puerta del Sol, a lo que entonces era sede del Ministerio de la Gobernación, fue situado en la torre, que no era la misma de ahora, sino otra cuyo diseño era obra del arquitecto Juan Bautista Peyronet. A comienzos del siglo XX fue sustituida por la actual, más ajustada a las características y, sobre todo, al peso del mecanismo del reloj.

Muchas son las anécdotas que rodean sus 150 años de vida. Sobre todo, porque siempre despertó la curiosidad de los madrileños, atentos a cualquier novedad concerniente al mismo. Por ejemplo, en 1920, la revista Precisión publicaba que una Nochevieja había «tanto barullo en la plaza que no se recibió el sonido de las campanadas», y la gente -como ahora, desconfiada con el poder-, lo achacó a una orden del ministro De la Cierva. «Se armó un gran lío, y hasta los periódicos salieron indignados al día siguiente por la supuesta determinación» del ministro.

En ocasiones se hace difícil distinguir entre la realidad y lo que sólo es producto de la imaginación popular. Así ocurre con el episodio que cuenta que el rey Alfonso XIII, el 31 de diciembre de 1930, se presentó de incógnito en la Puerta del Sol y allí, calado el sombrero y subido el cuello del gabán, disfrutó de unas uvas multitudinarias rodeado de su pueblo.

Entre las particularidades de este reloj, una de las principales está en su capacidad para señalar con sus campanas no sólo las horas, sino también los cuartos; de ahí el lío que cada año se forma en millones de domicilios españoles, tratando de discernir cuándo llevarse a la boca la primera uva.

Volviendo a la hemeroteca, el 27 de julio de 1952 los madrileños volvían a alarmarse al ver un andamiaje rodeando la torre y cegando tres de las cuatro esferas del reloj. Lo que ocurría era que se estaba restaurando su estructura, y se aprovechó para «corregir la holgura de las agujas». Todo estaba en regla; como explicaba entonces a ABC el encargado de sus cuidados entonces, Pío Gabín Sagardía, «el estado del mecanismo es perfecto; en 87 años de funcionamiento casi ininterrumpido, no se aprecia en él signo alguno de desgaste». Y auguraba: «Puede seguir funcionando con absoluta precisión durante más de mil años».

Desde los 11 años

Él sabía de lo que hablaba: subió por primera vez al reloj con su tío, José Anduaga, el anterior encargado, cuando apenas tenía 11 años. Allí vio la inscripción grabada en las campanas: «Mears & Stainbak Founders London-José Rodríguez de Losada, a la Villa y Corte».

Gabín recordaba tres averías en el reloj: una, «durante el ciclón de 1905, cuando se rompieron las esferas». Dos, cuando un obús de la guerra lo atravesó sin dañarlo. Y «en 1940 se rompió uno de los dientes del reloj y estuvo el mismo parado durante todo un domingo».

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