Galicia

El mundo de la universidad y de la política se rinde a la figura de Albor

Román Rodríguez comparó la «tolerancia» de Albor frente a la «insolidaridad» del secesionismo catalán. Uno de sus nietos recordó la vocación del expresidente: «Hay que hacer que Galicia esté orgullosa de nosotros»

Beccaría, Viaño, Rodríguez, Villanueva, Noriega y Marcelino Agís
Beccaría, Viaño, Rodríguez, Villanueva, Noriega y Marcelino Agís - MIGUEL MUÑIZ

Fue el resumen de toda una vida, contada en tercera persona. Así transcurrió el simposio alrededor de la vida de Gerardo Fernández Albor, el primer presidente electo de la Xunta. Recién cumplidos los cien años, el doctor y político compostelano despertó los elogios de la esfera política y universitaria de Galicia por su vocación de servicio público en circunstancias muchas veces difíciles. Fue durante la apertura de un seminario, organizado el profesor Marcelino Agís, que culminará hoy con la presencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy: impondrá la medalla al Mérito en el Trabajo a uno de sus mentores.

Frente a un abanico de personalidades citadas en el Pazo de Fonseca —entre ellas, el presidente del Consejo de Estado, Romay Beccaría—, el conselleiro de Cultura, Román Rodríguez, ensalzó los valores de «respeto, tolerancia y convivencia» predicados por Albor, y los puso en comparación con la hoja de ruta ilegal del secesionismo en Cataluña. En tiempos, subrayó, en los que algunos apuestan por la «insolidaridad», sobresalen obras como las del expresidente: «Más que nunca necesitamos líderes como Albor; estamos en una oportunidad única para recordar su legado», reseñó el responsable de educación del Gobierno autonómico.

El delegado del Gobierno, Santiago Villanueva, se sumó a los halagos hacia alguien que «fue capaz de lidiar con mano firme, pero también gran generosidad» en los primeros pasos del autogobierno gallego. Villanueva reflexionó sobre los modos de la nueva política, inmersa en debates que «exceden los escaños» y donde «los 140 caracteres pesan más que un discurso de investidura». Del espíritu de aquellos años, concluyó, «tenemos mucho que aprender».

En la sede noble de la Universidad compostelana, el rector Juan Viaño valoró la labor referencial de Albor como cirujano general y digestivo, pero sobre todo la consideración que tenía de la educación: «No concebía el crecimiento social sin el acompañamiento de la universidad». Martiño Noriega, por su parte, resaltó la «cosmovisión», el «perfil picheleiro» y la influencia internacional del dirigente democristiano, especialmente en Europa, donde presidió la comisión para la reunificación de Alemania.

«Orgulloso de Galicia»

Las intervenciones institucionales dieron paso a las conferencias y mesas redondas temáticas. El presidente del Consello da Cultura Galega, Ramón Villares, apeló a los orígenes: «Era una persona formada dentro de una tradición cultural galleguista», relató, sobre el entorno de un Albor criado en el seno de una familia con raíces en Vilalba. Los años de la preautonomía fueron los de la «realpolitk»: las figuras del exilio y los círculos intelectuales intentaron que Galicia convergiera con Cataluña y el País Vasco y se asimilara a su papel en la Transición. Albor fue su hombre, desde que uno de sus conocidos sondeó sus aspiraciones políticas aprovechando una consulta en el Policlínico de la Rosaleda.

Ya en el terreno personal, uno de los quince nietos del expresidente, Adrián Fernández Albor rememoró los fines de semana en la antigua casa presidencial de Roxos y las largas jornadas de trabajo de su abuelo en su despacho, rodeado de tomos y ejemplares sobre la historia de Galicia. Como en la mejor tradición oral, algunas lecciones pasaron de generación en generación: «Siempre tuvo vocación para enseñar». Para eso, y para inculcar a su círculo más próximo el compromiso por lo demás. En ocasiones, repetía: «No llega con estar orgulloso de Galicia, hay que hacer que Galicia esté orgullo de nosotros».

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