Vicente Vera* - Tribuna libre

La farola de los monjes

«Al menos los políticos deberían escuchar y razonar los consejos de los gabinetes de técnicos »

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Recientemente cayó en mis manos un documento realizado por el Brooking Hutchins Center on Fiscal & Monetary Policy radicado en Washington, uno de los think tank más relevantes en el contexto de la política norteamericana y muy cercano a las filas del Partido Demócrata. En uno de sus últimos boletines incluye un artículo ciertamente curioso redactado por el economista Alan Blinder que, tras un largo curriculum, es profesor en la Universidad de Princeton y además ejerció como asesor económico del ex presidente Bill Clinton, famoso por su eslogan electoral “Es la economía, estúpidos” -¿se acuerdan?- . Aunque durante su legislatura tuvo que aguantar el chaparrón de la prensa y la Corte Suprema por un mediático asunto de faldas (casi le cuesta el puesto).

A lo que iba, este señor Blinder publicaba un trabajo académico interesante por su contenido eminentemente práctico y realista, titulándolo en inglés The lamppost theory: Why economic policy so often comes up short. Que, más o menos, quiere decir algo así como Teoría de la Farola, preguntándose por qué la política económica con frecuencia se queda corta. Sospecho que lo de quedarse corta es por los resultados mínimos que se filtran a la sociedad. Y ahora explico lo de la farola. Es una vieja metáfora que Blinder ha utilizado para significar que, en muchas ocasiones, son los políticos aquellos que ocupan las tareas de gobierno quienes utilizan la política económica más como un apoyo al clásico estilo de los borrachos callejeros después de una gran fiesta que por su iluminación.

Este es un razonamiento que se ha explicado en algunas ocasiones. El político sigue sus rutinas evitando la pérdida de votos con su gestión y la de su grupo parlamentario. A veces no es sencilla la implementación de una medida de política económica relacionada con el empleo, la fiscalidad o el ahorro energético. Pueden ser antipopulares y no conviene arriesgar estando las elecciones generales muy cerca. Aplicando la teoría de la farola, podríamos razonar que el político se apoya en la filosofía del modelo planteado por el equipo de economistas pero no se dejan iluminar del todo aunque su aplicación pudiera suponer determinado progreso para todos los ciudadanos representados en la Cámara parlamentaria.

En nuestro país tenemos actuaciones para recordar en las que se ponen de manifiesto estas discrepancias que reflexiona el economista Blinder. Personalmente, me acuerdo de un par de ellas, una la negación de la crisis por el ex presidente Zapatero y una segunda, aquella relacionada con la supervisión del Banco de España en relación con la crisis sistémica en la banca española. Se adujo en los medios periodísticos que el Gobernador del Banco de España, a la sazón Miguel Angel Fernández Ordóñez, miraba para otro lado cuando sabíamos todos que los economistas del banco eran plenamente conocedores de los desfases contables que reflejaban los balances de las entidades afectadas por la nefasta gestión de sus responsables y consejos de administración respectivos. En definitiva, quedémonos con la moraleja de este teoría que no tiene otro fin que hacernos pensar a todos en levantar la mirada hacia el horizonte dotándonos de suficiente iluminación para la resolución de los problemas de una economía o de una empresa. Y no quedarnos con una observación muy corta y limitada que no nos permita una buena planificación. Al menos los políticos deberían escuchar y razonar los consejos de los gabinetes de técnicos que están ahí para iluminar y hacer progresar un país.

Dando una vuelta de tuerca a esta reflexión sobre los políticos y economistas, no me resisto a comentar una entrevista que fue publicada hace escasos días y que además no tiene desperdicio por todo lo que allí cuenta esta persona tan singular que responde al nombre de Moisés Salgado, y no es político ni sindicalista ni personaje famoso. Hablo del monje benedictino que desde el monasterio de Silos, donde es prior, contesta con una lucidez envidiable todas las cuestiones que el periodista descarga con inteligencia y sensibilidad siendo respondidas con un criterio muy sensato y desde posiciones muy arraigadas en una fe inamovible y fundamentada por lecturas de grandes pensadores y filósofos habidos a lo largo de la historia del hombre. Al hilo de las reflexiones de este singular monje, me vienen a la memoria aquellas grabaciones de Cantos Gregorianos que se pusieron de moda por los años noventa del pasado siglo. Recuerdo que fue todo un boom musical que arrasó paradójicamente en los hits parade de España y otros países del entorno europeo.

Ahora nos cuentan que les sorprendió este gran reconocimiento musical llegando a superar las ventas de algunos grupos musicales del pop y del rock. Sí que recuerdo también haber adquirido estos CD, y la verdad, contribuyó a la búsqueda de la paz interior. Al menos contribuyó a divulgar el conocimiento de esta música que trascendió los muros de los monasterios benedictinos. Moisés Delgado explica asimismo que son también ciudadanos y que al ser preguntado por las verdades absolutas responde que ahora no son los curas los que hablan en términos absolutos, sino los políticos y los economistas. De modo que no solo de la oración viven estos agraciados monjes sino que se han percatado del distanciamiento que provocan la teoría económica y la ciencia política en las democracias de este siglo XXI. Yo, he aprovechado esta circunstancia periodística para desempolvar estos discos y conseguir mediante algún rezo y una buena dosis de fe sino levitar al menos entrar en trance espiritual. Una eficaz alternativa para huir de tanta idiotez y desidia a la que estamos expuestos todos los días. Sabemos que Mr. Trump sigue dando la lata con sus mefistofélicos tweets a toda hora menospreciando los dictados y consejos de sus asesores económicos. Permanece impertérrito aferrado a su farola mirándose el ombligo, esperando que su colega Vladimir Putin consiga fatalmente iluminarlo desde su oráculo de Delfos particular.

Termino con unas palabras de Daron Acemoglu con el que despedía el artículo anterior. Es un investigador muy fino y agudo para analizar la economía de un país o de un bloque de países como la UE. Nos argumenta que ante la intransigencia de algunos líderes, lo que surgen son las revoluciones y la inestabilidad política. Amanece un ciclo absoluto de violencia y quebranto social y económico. Al final como explica la Historia, la” revolución devora a sus hijos”, léase revolución rusa o francesa. Ahora que se acercan las vacaciones estivales recomendaría un gran libro para saber más sobre el pensamiento de Acemoglu, se titula “Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza: Por qué fracasan los países” coescrito por su compañero James A. Robinson. Ideal para mantener a raya las neuronas. Feliz verano a todos.

*Vicente Vera es economista