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Tribunales

El acusado de lanzar un cóctel «McGyver» en un albergue: «Todo es un montaje»

Los hechos, por los que la Fiscalía solicita seis años de prisión para el encausado, se produjeron en Villafranca del Bierzo (León) en febrero de 2016

LeónActualizado:

El acusado de lanzar un cóctel «McGyver» en el albergue de peregrinos de Villafranca del Bierzo (León) en febrero de 2016, consideró en la vista oral celebrada esta mañana en la Audiencia Provincial de León que se trata todo de «un montaje». Al hacer uso de la última palabra a la que tiene derecho el acusado, después de haberse negado a declarar previamente, C.G.C., aseguró ante el Tribunal: «Esto es un montaje, según veo yo». Según sus declaraciones, se encontraba haciendo el Camino de Santiago y ante la acumulación de nieve tuvo que «quedarse parado», y aseguró no haber salido del albergue «por las malas condiciones atmosféricas».

Tras las diferentes declaraciones y pruebas periciales y testificales, la Fiscalía mantuvo su petición de seis años y medio de prisión para el acusado -seis años por un delito de tenencia de explosivos y seis meses por el de desórdenes públicos- al entender que las pruebas presentadas permitieron demostrar los hechos de una manera «más que suficiente».

Por el contrario, la defensa del acusado solicitó la libre absolución de su defendido por estimar que los hechos «no han sido probados», sino que se mostraron «meros indicios». Además, la letrada de la defensa mantuvo que los materiales para la elaboración del cóctel «McGyver» no se encuentran entre los enumerados en el Real Decreto que recoge los materiales explosivos, ya que el aguafuerte, la salfumán y aluminio son «materiales domésticos»; y tampoco ha quedado demostrado, a su juicio, el delito de desórdenes públicos ya que los hechos tuvieron lugar en un albergue de peregrinos que no es de titularidad municipal, informa Ical.

Jesús Arias, presidente de honor de la asociación que gestiona el albergue «Ave Fénix» de Villafranca del Bierzo, relató cómo dejaron al acusado quedarse unos días hospedado en el establecimiento, pero dados los problemas que ocasionaba, ya que «tocaba todas las cosas», se vieron obligados a expulsarle, algo que se tomó «muy mal» y se fue «de manera amenazante», algo que no tomaron en serio. Unos días más tarde, el testigo dijo haber visto al ahora acusado con una botella de ácido con la que le dijo que «se hacían bombas».

Fue más tarde cuando, en el albergue, notaron un fuerte ruido en el patio del albergue y un olor «asfixiante», además de que se encontraron restos, incluso del tique de compra en el supermercado. «No había ninguna duda», declaró el responsable del establecimiento, porque incluso acudieron a la mujer del supermercado que confirmó que se trataba del acusado.

Esta mujer, que también prestó declaración, recordó cómo el peregrino había acudido al supermercado a comprar Salfumán, un producto que «no se vende todos los días, y menos a un peregrino», señaló. Su recuerdo se hizo más claro cuando visualizó, junto a dos responsables del albergue, las cámaras de seguridad del supermercado, donde comprobaron que había sido C.G.C. quien había adquirido este producto de limpieza.

Por su parte, los agentes de la Guardia Civil encargados de la elaboración del informe posterior a los hechos, reconocieron que se trataba de un artefacto casero elaborado a partir del uso de una botella de plástico en la que se introduce ácido clorhídrico o Salfumán mezclado con aluminio, algo necesario para producir la deflagración. «Es peligroso en determinadas zonas del cuerpo y provoca daños bastante considerables», reconoció uno de los agentes, porque aunque de forma individual no se reconocen como explosivos, sí provocan de forma conjunta una reacción química peligrosa.