El encartado, a su llegada a la sala
El encartado, a su llegada a la sala - Ana Pérez Herrera
EL CASAR DE ESCALONA

José Muñoz: «Dormiré tranquilo toda mi vida porque no los asesiné»

Se declara inocente el acusado de matar a tiros a dos hombres en El Casar de Escalona en 2012. Culpa a un amigo del doble crimen

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«Dormiré tranquilo toda mi vida porque no he hecho nada». Con esta frase concluyó este lunes su declaración José Muñoz Mojica, acusado de un doble asesinato en El Casar de Escalona (2.000 habitantes) en 2012. Negó su participación en los hechos durante el juicio con jurado popular que comenzó por la mañana en la Audiencia Provincial de Toledo.

Sin embargo, el Ministerio Fiscal y las acusaciones particulares están convencidas de que, la tarde del 29 de abril de 2012, David Fernández Vilches y Miguel Ángel Cortés Jiménez murieron asesinados por los tiros que el inculpado efectuó con una escopeta y un revólver. El robo de una motocicleta sería el motivo que desencadenó esa reacción violenta de José Muñoz, primero contra David, de 30 años, y luego contra Miguel Ángel, de 19. El más joven fue tiroteado cuando iba a buscar a su amigo David al chiringuito en el merendero «La Chopera», regentado por José Muñoz Mojica y en cuyas inmediaciones ocurrieron los sangrientos hechos.

Pero el encartado, defendido por el abogado Marcos García Montes, se declaró inocente ante el jurado popular, a cuyos miembros el letrado tuteó desde el principio. «No disparé con una escopeta, se lo aseguro cien por cien», recalcó el inculpado, apodado «el Comanche», quien negó repetidas veces que hubiese atacado a los fallecidos.

José Muñoz, muy pausado durante su intervención, explicó que la tarde del 29 de abril de 2012, domingo, estuvo comiendo primero con la familia de su novia y luego fue a una fiesta de cumpleaños de un hijo de un guardia civil, donde había concejales del Ayuntamiento entre los invitados. Allí estuvo menos de media hora y que, a continuación, pasó por el bar La Churrería, donde permaneció apenas veinte minutos. Para entonces se había fumado un par de porros.

Entre las seis y las siete de la tarde entró en otro bar próximo, «el de Curro», donde su amigo Dani le pidió «un par de porrillos». Quedó en llevárselos a un lugar conocido como «la playita», junto al río Alberche y a unos 300 metros del merendero.

Por eso fue en su coche, un Mercedes de color amarillo, hasta su caravana, aparcada junto al chiringuito que regentaba. Allí se encontró con un amigo, Ángel Martín Martín, Angelillo, quien estaba solo, «borracho y con latas de cerveza». «El día anterior [al crimen], Angelillo había tenido un incidente con David, que le pegó», apuntó en otro momento de su declaración, para la que siempre tuvo en sus manos un papel y un bolígrafo.

De la caravana cogió unos cogollos de marihuana y se marchó a «la playita» a pie, dejando en el chiringuito su coche, llaves y su teléfono móvil, por si su amigo Ángel necesitaba hacer alguna llamada.

El ataque con cuchillos

Fue en «la playita» donde el acusado, que no tiene la obligación de decir la verdad, oyó unas detonaciones y que poco después se encontró de nuevo con su amigo Ángel Martín, quien le confesó, sofocado, que había tenido que disparar a unos individuos que le atacaron con cuchillos, aunque no le aclaró de quiénes se trataba.

José Muñoz, drogodependiente en aquella época según reconoció este lunes, afirmó que, cuando regresaba al chiringuito, se encontró con David Fernández muerto en medio de un charco de sangre. Pero decidió abandonar el lugar porque «vi que no podía hacer mucho» por él, aunque le conocía desde hacía tiempo y había tenido hasta entonces una «buena relación» con la familia del fallecido.

En lugar de avisar a la Guardia Civil, como le remachó la fiscal, José relató que cogió 1.000 o 2.000 euros que guardaba en su caravana y se marchó a Madrid en una motocicleta con su novia, Elena, de 18 años. Luego el procesado, con 37 años entonces, llamó a un abogado en 2016, cuatro años después de los hechos, porque «temía» que le acusaran del doble crimen y de que «prefabricaran pruebas contra mí». Fue ese letrado, según el encausado, quien le sugirió que no contase nada a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado hasta que no tuvieran pruebas contra él.

Los tres acusados, sentados en dos bancos: de izquierda a derecha, Fernando Sánchez, María del Carmen Muro y José Muñoz
Los tres acusados, sentados en dos bancos: de izquierda a derecha, Fernando Sánchez, María del Carmen Muro y José Muñoz-Ana Pérez Herrera

José Muñoz estuvo en paradero desconocido cuatro años y cuatro meses. En ese tiempo vivió, según explicó, en varias ciudades de España y en Francia hasta que la Policía Nacional lo detuvo en Madrid el 25 de agosto de 2016. «Mi intención fue siempre entregarme», aseguró ante el jurado popular en varias ocasiones. «Estaba pendiente de fijar el día y la hora con el juzgado para entregarme», añadió José Muñoz dirigido por su letrado, quien por entonces ya era Marcos García Montes.

Sin embargo, el día de su arresto no contó la narración que relató en la sala este lunes, como le recordó la fiscal, a lo que José Muñoz respondió que actuó siguiendo los consejos de su abogado.

Por otro lado, el acusado del doble asesinato exculpó a otras dos personas que son juzgadas en esta causa por encubrimiento. Negó que utilizase documentación falsa facilitada por Fernando Sánchez Sánchez, al que conoció en prisión, y que María del Carmen Muro, madre de Elena, le ayudase a escapar.

«No ha mirado por mi»

A José Muñoz le «extraña» que Ángel Martín Martín, quien declarará como testigo en esta vista oral, esté en la calle libre de cargos. Y por ello, durante su intervención, el reo llegó a afear al Ministerio Fiscal «no haber mirado» por él.

Durante su testimonio en la primera sesión del juicio, María del Carmen Muro negó que ayudase a José Muñoz a huir, por lo que se declaró no culpable del delito de encubrimiento. A pesar de que su hija se marchó inesperadamente con su novio tras el doble crimen, y que no tuvo noticias de Elena hasta tres días después, afirmó que no vio la necesidad de denunciar la desaparición de su hija porque, con 18 años recién cumplidos, ya era mayor de edad. «No traté de localizarla porque estaba muy enfadada con mi hija», explicó María del Carmen, quien recibió una llamada telefónica de la alcaldesa, Soledad Bermúdez, para preguntarle si su hija estaba con ella. «¿Por qué no se planteó ir a la Guardia Civil y contar lo que había sucedido con su hija?», cuestionó la fiscal. «Yo esperaba que la Guardia Civil viniese a mi casa a preguntar por José», respondió la acusada.

Fernando Sánchez Sánchez también se declaró inocente: «No le facilité documentación falsa», aseguró el procesado, quien afirmó que se enteró de los hechos varios meses después por unos amigos. Fernando desveló que la Policía no le había hecho ninguna prueba de voz para cotejarla con unas grabaciones que le inculparían.