El primer A400M del Ejército español, con la cruz de San Andrés en la cola
El primer A400M del Ejército español, con la cruz de San Andrés en la cola - EV

«Misión cumplida»: así colaboró el A400M en el repliegue del Ejército del Aire en Estonia

El pasado 7 de septiembre este coloso participó en su primera misión militar internacional: la retirada de material del Ala 15 de la base de Ämari

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Volar en un avión de transporte militar poco tiene que ver con hacerlo en uno comercial. Ni siquiera aunque este sea el Airbus A400M, el más moderno del Ejército del Aire español. En este coloso (puede soportar sobre sus hombros nada menos que 37 toneladas) los agradables asientos acolchados son sustituidos por unos de lona. Y otro tanto sucede con el ruido de sus cuatro motores turbo propulsados, algo constante durante el viaje y que jamás hallaríamos en un aeroplano comercial. Sin embargo, su finalidad no es la comodidad.

Este gigante ha sido creado con otro objetivo: poder echarse a la espalda cargas como la del pasado 7 de septiembre. Una jornada en la que viajó a la base de Ämari (en Estonia) para colaborar en el repliegue de las fuerzas españolas encargadas de la Policía Aérea en el Báltico.

La operación comienza de buena mañana. A eso de las diez despega el A400M de la Base Aérea de Zaragoza con el objetivo de arribar hasta Tallín (Estonia). Es su primera misión militar internacional. Un gran estreno, a pesar de que ya ha sobrevolado los cielos en muchas ocasiones. «Este avión ha estado haciendo vuelos de adiestramiento continuamente. Además, viajó a México el abril para participar en la feria aeronáutica Famex 17», explica a ABC durante el viaje el comandante Mateo Trueba, a los mandos de esta bestia de carga. Según determinó en la cabina, a día de hoy ya ha acumulado unas «150 horas de vuelo» en un aeroplano que «es puntero en el mundo a nivel tecnológico».

Trueba, nacido en Santander (tierra que vio el alumbramiento de Juan Ignacio Pombo, aviador que protagonizó un épico raid a mediados del XX), se deshizo en elogios hacia el que es hoy su caballo de batalla. La primera unidad de un avión que ha arribado a tierras españolas para jubilar a los diez C-130 Hércules que, hasta ahora, eran la columna vertebral del Ejército del Aire en lo que ha carga y transporte se refiere.

«Es mucho más moderno. Casi 50 años más moderno», determina. Para el militar, las ventajas que ofrece el A400M pasan por «unos sistemas mucho más automatizados» que permiten a sus tripulaciones volar «menos a mano». «Ahora prima más el trabajo de gestión», explicó.

Pero no todo es viajar más rápido que los Hércules o ser perfecto para llevar a cabo repostajes en vuelo. En palabras de Trueba, el A400M es «mucho más cómodo para la tripulación» y los militares que viajan en su interior. Incluso se atreve a desvelar durante el vuelo una pequeña curiosidad. «Los baños que tiene el Airbus son como los de un avión civil. Eso es una mejora importante en comparación con los del Hércules, que eran unos simples agujeros». Sin duda, un pequeño lujo para las dos tripulaciones certificadas (de momento) en su pilotaje. Las mismas que tuvieron que viajar hasta la sede de Airbus en Sevilla hace ya varios meses para aprender a manejar este coloso.

Cuatro meses de misión

Las cinco horas del vuelo pasan voladas. Y nunca mejor dicho. A las 14:00 toma tierra el A400M (T-23, atendiendo a la denominación militar) en la base aérea de Ämari (Tallín, Estonia). El hogar de los 128 militares del Ejército del Aire que, hace menos de medio año, asumieron la labor de ser la Policía Aérea en el Báltico. Es decir, de controlar los cielos de Lituania, Letonia y Estonia en el marco de la misión internacional de la OTAN.

«Igual que hay autoridades en tierra, nosotros hacemos lo mismo por el aire. Estonia no tiene fuera aérea propia, solo algunos helicópteros y dos viejos aviones de transporte. Por eso, cada cuatro meses se rota y un país trae cuatro cazas hasta aquí», determina a ABC el capitán Miguel Ángel Pérez Casanoves.

Mientras cargan el A400M con «material sensible», Casanoves ultima el regreso a casa «con la misión cumplida». «El lunes fue el relevo, y el martes se hizo una ceremonia con el país que entra ahora, Bélgica», completa. En sus palabras, los nuevos policías llegan con cuatro F-16 que sustituirán a nuestros cinco F-18. «Hemos traído uno más como muestra de compromiso de España hacia la OTAN. De esta forma, hemos garantizado que hubiera siempre cuatro operativos», afirma a este periódico el jefe del destacamento Ámbar, el teniente coronel José Ramón Asensi Miralles.

Si Trueba es el valedor del Airbus, este oficial no puede evitar sentir orgullo paterno por los cazas españoles: «Tenemos un avión muy moderno e integrado. No tenemos Twitter, pero casi».

Asensi recuerda que la labor que el Ejército del Aire español ha ejercido estos cuatro meses en Ämari es determinante ya que, según explica, en el corto plazo no es viable que Estonia disponga de una fuerza aérea propia. «Eso requiere dos cosas: una inversión importante y conocimientos que solo se consiguen con la experiencia», completa. Por ello, nuestros militares también se han convertido durante este tiempo en mentores. «Si nos decían que necesitaban conocer mejor las comunicaciones en red, traíamos expertos para que les ayudaran», completa. Aunque siempre priorizando la labor principal, «que el espacio aéreo esté controlado, vigilado y sea seguro».

Y es que, en estos meses la misión principal del Ejército del Aire ha sido identificar a todos aquellos aeroplanos rusos que invadieran el espacio aéreo de la OTAN. Tarea que han realizado mediante los llamados «Alfa Scramble». «Es la forma básica de actuar. Dos pilotos, dos mecánicos y dos armeros están 24 horas de servicio. Deben tener el avión en el aire en el momento en que suene la sirena», señala a ABC el comandante Mario Poramateus. Según explica, una vez en vuelo los cazas deben llegar hasta el contrario e identificarle. «Tras pasar los datos a los controladores, nos mantenemos a la espera de lo que nos digan», completa. De esta guisa han interceptado, durante esta misión, 90 naves provenientes de la tierra de Putin.

«A finales de junio nos encontramos entre 10 y 12 cazas que, en paquetes de cuatro, escoltaban a varios “vips” que iban desde el norte de Rusia, a la zona de Kaliningrado. Fue la ocasión en la que más aviones identificamos de golpe», completa.

Con todo, también señala a este diario que sus hombres han participado además en operaciones de «Tango scramble» (ejercicios para medir la velocidad de reacción del destacamento) y ejercicios con otros países. «Entre todas, hemos llevado a cabo unas 250 misiones, y ninguna de ellas ha sido abortada. En todos los casos siempre han despegado dos aviones de forma exitosa», explica. Entre aquellos aeroplanos que han visto las cámaras de los F-18 españoles se encuentran Sukhoi 31, Sukhoi-34, Sukhoi-27 e, incluso, algún Mig-31 de los años 90.

La estancia en Ämari es breve para el A400M. Mientras los militares españoles cogen sus mochilas para iniciar el viaje de vuelta a la Península, sus cuatro gigantescos y potentes motores se ponen en marcha. Minutos después, y tras algunas carreras por la pista para ultimar los preparativos del despegue, este coloso deja atrás Estonia cargado con material del Ala 15. Para su tripulación ha sido un largo día de vuelo. Para los soldados del Ejército del Aire desplegados en Tallín, entre dos y cuatro meses. Aunque, eso sí, pueden presumir de haber regresado a casa sanos, salvos y «con la misión cumplida» (como afirman todos aquellos a los que pregunta este diario).