Refugiados en España (Primera entrega)

Maysun, refugiada siria: «Tuve que elegir a cuál de mis hijos sacaba conmigo del país»

Farmacéutica, con dos hijos y una familia de clase media, tuvo que dejarlo todo en Damasco y huir

Una carta de invitación de España le permitió escapar del horror sirio

Vídeo: Maysun vive hoy en Madrid. Así ha sido su éxodo
CAROLINA MÍNGUEZ / RAQUEL QUÍLEZ Infografía: Paloma Ruiz Del Pozo - Actualizado: Guardado en:

La vida de Maysun podría ser la de cualquiera de nosotros. Farmaceútica, casada con un ingeniero y una familia feliz de clase media. Vivían en Damasco, una ciudad «bonita, tranquila», dice. Hasta que, en 2011, una serie de protestas pacíficas contra el gobierno de Bashar al-Asad marcó el inicio de lo que sería el horror. «Nadie podía imaginarse entonces que íbamos a tener que abandonar nuestras casas, que iban a matarnos, que tendríamos que enfrentarnos al Régimen… y al ISIS», cuenta desde un modesto piso de Madrid.

Pero volvamos a esos inicios. Su hermano, de 32 años, era doctor y ninguno de los dos dudó en ayudar a muchas de las personas que llegaban a la ciudad huyendo de los ataques. Excusa suficiente para que las fuerzas de Al Ashad les incluyeran en la lista negra. Y entonces… el terror: «Un día, unos hombres, no sé quién, entraron en su casa y le asesinaron delante de sus hijos» -Maysun llora cuando lo recuerda- «Con 32 años. Mi hermano, mi gran amigo, la persona que mejor me entendía...».

Y empezaron las amenazas, las persecuciones, el miedo atroz. Maysun relata una escena tras otra. Como aquella tarde en que un bombardeo acabó de un plumazo con la habitación en la que jugaban los cuatro hijos de su vecina. Los cuatro. Muertos. «Ella enloqueció, se pasaba los días preguntándonos si los habíamos visto…¿Has visto a mis hijos? ¿Has visto a mis hijos?”. O esa otra tarde en que fueron a buscar a un joven que estudiaba un master. Tres días detenido, «después, desapareció».

Lo cuenta en este vídeo:

¿Dónde están mis hijos?

Maysun también estaba amenazada de muerte y una carta de invitación de España llegó como salvavidas. Su prima salió en su auxilio, la embajada española aceptó y comenzó el éxodo con una condición: sólo podía traerse a uno de sus dos hijos. «Tuve que elegir entre los dos, imagina... Al final elegí al mayor porque era el que más riesgo corría de que le reclutasen. Dejé al pequeño allí, con mi marido, sin saber si les iba a volver a ver...». Maysun llora de nuevo.

Su huida no fue fácil: tres días caminando de forma clandestina por las montañas hasta llegar a Líbano. Con el aliento de las fuerzas de seguridad de Al-Asad en la nuca, temiendo el disparo letal. Pero lo logró y, tres meses después, cruzaba las puertas de un centro para refugiados de Alcobendas (Madrid), donde fue atendida durante nueve meses.

Maysun es una más de las miles de personas que han tenido que huir de sus casas y empezar de cero en otro país. Según datos de CEAR, en 2015 se duplicaron las solicitudes de asilo en España, alcanzando las 14.881 debido, sobre todo, a los conflictos de Siria y Ucrania. Sus compatriotas fueron los más numerosos: un total de 5.724 peticiones el pasado año (vea las nacionalidades en el mapa inferior). Dentro de lo dramático, de lo terrible de la situación, su camino ha sido menos traumático que el de las miles de personas que vemos cada día jugarse la vida en embarcaciones de juguete y campos de refugiados. España le esperaba, ha homologado su título de farmacéutica y le ha permitido la reagrupación familiar. Su marido y su hijo pequeño ya están también en Madrid.

Ahora viven los cuatro en un piso de Alcobendas, una localidad al norte de Madrid, gracias al sueldo que obtiene el hijo mayor como traductor. A cambio, ha tenido que renunciar a sus estudios de Bellas Artes.

«Yo nunca había tenido miedo del futuro, pensaba que si trabajaba bien, todo estaría en orden y podría dar una educación a mis hijos, como hicieron mis padres conmigo. Ahora tengo mucho miedo, no sé si vamos a subsistir, qué va a pasar con la familia que sigue en Siria, si vamos a volver a vernos… Éramos normales, como vosotros, con todo el futuro por delante y lo hemos perdido todo...».

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