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El mayor «show» de la política, desde dentro

Todo listo en Hofstra University, en Nueva York, para el ‘debate del siglo’. Seguridad máxima, inundación de medios y apoyos para Trump y Hillary se mezclan en el campu

Parte de los asientos donde se acomodará al público del debate junto al punto de control y realización
Parte de los asientos donde se acomodará al público del debate junto al punto de control y realización - AFP

El mayor «show» de la política que se puede contemplar en el mundo ya tiene los motores en marcha. La Hofstra University, un centro universitario a una hora y media de Nueva York, es hoy el centro de la atención de EE.UU, y de todo el mundo.

El campus de la universidad está circundado de vallas de seguridad y es una misión casi imposible, también para los invitados y la prensa acreditada, llegar al centro deportivo donde se verán las caras, por primera vez en un debate, Hillary Clinton y Donald Trump.

Es el mayor espectáculo político en televisión -se calcula que lo verán cien millones de personas, un récord histórico solo a la altura de la «Super Bowl» del fútbol americano- que también se está viviendo congran intensidad en este suburbio neoyorquino.

Una marea de periodistas rumia entre controles de seguridad de la policía local y estatal, de agentes del servicio secreto y de vigilantes de seguridad de la propia universidad y de otros centros educativos cercanos. Las estrellas de las cadenas de noticias se dan codazos con miembros del congreso, opinadores, gestores de la campaña, técnicos de sonido y empleados de la organización.

El debate se ha comido la atención de todo el país en los últimos días, y este campus en medio de Long Island no es una excepción. Dominan los carteles en apoyo a Clinton, con lemas como «Stronger Together» -«Juntos más fuertes»- o «Im With Her» -«Estoy con ella»-. Sus voluntarios reparten pancartas, chapas, banderines. Se colocan en el fondo de los platós televisivos desde los que CNN, NBC, ABC o Fox emiten sin descanso y gritan y los agitan cuando ven el piloto rojo que marca que están en directo. El primer gol lo ha marcado Clinton.

«Habla mucho de la campaña de cada uno», dice Kristine McGowan, una voluntaria de Clinton. «Todos nosotros tenemos carteles, y estamos bien organizados. Los seguidores de Trump gritan. Si así organiza él su campaña, no creo que sea capaz de gestionar bien un país».

El ambiente es claramente pro-Clinton. Es un centro universitario, lleno de jóvenes, lejos del público objetivo de Trump, al que le va mejor entre el votante de más edad y menor nivel educativo. Pero al multimillonario neoyorquino no le faltan grandes seguidores. Alex Marsky, que estudia Finanzas en Hofstra, lo deja claro con su atuendo: camiseta azul a favor del candidato republicano -con la leyenda «Donald Trump, por fin alguien con bolas»- y tocado con la famosa gorra roja de su campaña «Make America Great Again».

Lleva gafas de aviador y una cadena de oro. Asegura que se interesó en la política nacional desde el desembarco de Trump en las primarias, en junio del año pasado. «Me gusta porque me recuerda a mí. Dice lo que piensa, sin importar las consecuencias, porque cree en ello», explica. A su lado, Anthony Calos, también estudiante, dice que le gusta Trump porque es un «outsider, alguien que no pertenece al sistema» y que casi todo el mundo está a favor de Clinton en Hofstra.

«A veces es difícil debatir de esto con gente que apoya a Clinton, no entienden nuestra postura», asegura y pasa revista a la lista habitual de acusaciones contra Clinton: la financiación de su campaña, sus lazos con Arabia Saudí, su salud… En cualquier caso, ambos verán el debate, probablemente «en alguna de las fiestas de debate» que hay en el campus.

Mientras los estudiantes mostraban a quién apoyaban, los invitados no paraban de llegar al centro universitario: entre otros, el marido de la candidata demócrata -Bill Clinton- y su hija Chelsea, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio o el candidato a vicepresidente con Trump, Mike Pence.

Los dos grandes protagonistas llevaban ya un buen tiempo en las instalaciones universitarias. Trump pasó la mañana en la torre de Manhattan que lleva su nombre y donde está su residencia, reunido con su equipo más cercano. Se le vio llegar a Hofstra confiado, relajado. Ni siquiera llevaba la corbata puesta. Clinton, que ha preparado a conciencia el debate, casi encerrada varios días en su casa en Chapaqqua, un suburbio adinerado de Nueva York, pasó las últimas horas en un hotel en Long Island cercano al lugar del debate.

Dentro de poco estarán a solas sobre la alfombra, de un azul presidencial, del debate más esperado en los últimos años.

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