Internacional

Intercambio de golpes bajos en vísperas del debate Clinton-Trump

Los candidatos preparan el cara a cara con las listas de «mentiras» del rival

Vídeo: Trump y Clinton se citan en el debate más esperado. - Afp

Cuenta atrás para el debate del siglo. Lo será si la realidad confirma la previsión de los expertos: 100 millones de telespectadores, que empequeñecerían los 67 del Obama-Romney de 2012 y pulverizarían el récord de 80 millones del Carter-Reagan de 1980. El primero de los tres cara a cara entre Clinton y Trump ha despertado una expectación chocante. Siendo los candidatos a la presidencia más rechazados de la historia reciente, van a ser los más vistos. Quizá por eso. El problema de la demócrata se llama falta de confianza (en ella); el del aspirante republicano, credibilidad como presidente. Las palabras que les rodean son tan negativas como el cariz fulero de la campaña, intensificado en vísperas de la cita en la Universidad de Hofstra, en Hempstead (Nueva York), este lunes a las nueve de la noche (hora local). Filtraciones, listas de mentiras, cruce de acusaciones… Todo con tal de minar las posibilidades del rival, intactas en ambos bandos, como indicaban este domingo las apretadas encuestas.

Las denuncias contra el adversario han solapado las propuestas en positivo y los proyectos de futuro de los aspirantes a la presidencia. Un indicativo de lo que se nos viene encima.

Paralelamente a los preparativos del debate de ambos candidatos, el trabajo sucio ha buscado erosionar al rival. Bajo el elocuente título de «Las siete mentiras letales de Trump», el equipo demócrata difundió una selección que consideran definitiva para desacreditar al contrincante. Las probadas falsedades del magnate de que nunca apoyó las guerras de Irak y Libia, que utiliza como ariete contra Clinton, encabezan la lista de «embustes» de Trump, incluida la acusación contra la ex secretaria de Estado y Obama de ser «fundadores de Daesh».

Munición de grueso calibre

Claro que el magnate nunca ha desaprovechado la munición de grueso calibre contra la demócrata. Con el encabezamiento de «Hillary corrupta» y el epígrafe «Asunto del día», el equipo de Trump planteaba este domingo uno de sus muchos «engaños»: por qué Clinton había buscado (y logrado) un acuerdo de inmunidad durante la investigación del escándalo de los e-mails. El republicano incide una y otra vez en el comportamiento opaco de su adversaria. Para lo que denuncia también su presunto trato de favor como secretaria de Estado a la Fundación Clinton. Además del recordatorio de la que considera la mayor de sus mentiras: que el ataque a la Embajada de Bengasi (Libia) se produjo por la difusión de un vídeo contra el islam, y no como un ataque terrorista planificado.

Es la estrategia que ha preparado Trump. Que el debate de este lunes por la noche ponga negro sobre blanco la opacidad de Clinton, para ensanchar la desconfianza de los estadounidenses hacia ella. Intuitivo y confiado en su capacidad de improvisación, el magnate ha renunciado a ensayar en el estrado. Se aferra a doce años de experiencia televisiva en su propio programa, «El Aprendiz». Huye de todo lo que pueda encorsetar su libre forma de comportarse. Su trabajo ha consistido en visionar vídeos de debates de Clinton, en busca de las debilidades que su dilatada experiencia haya dejado sin resolver, y en tormentas de ideas con sus colaboradores.

Una personalidad tan opuesta a la de su rival como las formas de afrontar el desafío. La disciplinada candidata demócrata ha estudiado un amplio dosier sobre Trump. Su equipo es consciente de que ni un renuncio ni una mentira flagrante serían suficientes para hacer mella en un candidato blindado ante sus fieles. También asume la dificultad de planificar puntos débiles en alguien tan impredecible. El objetivo de Clinton será que aflore su temperamento. Que pierda los estribos y se comporte como alguien «inhabilitado para ser presidente».

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