El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi - EFE

El BCE admite que los activos tóxicos y las normas dispares frenan las fusiones

El supervisor insta a los países a avanzar en un Fondo de Garantía de Depósitos común para toda la Eurozona

MADRIDActualizado:

Las fusiones entre bancos de distintos países se han convertido en una obsesión para las autoridades nacionales y comunitarias. desde la puesta en marcha de la unión bancaria europea a finales de 2014. Sin embargo, los deseos de los gobiernos y el supervisor han chocado con la realidad: los órganos de dirección de las entidades financieras no las acaban de ver claras por la falta de condiciones propicias para ello. El Banco Central Europeo (BCE) admite ya que hay barreras que las están frenando, como las dudas sobre la calidad de los activos de algunos bancos y la disparidad regulatoria que aún existe de unos países a otros.

El organismo presidido por Mario Draghi lleva tiempo recetando las integraciones transfronterizas, junto con la reducción de costes, la mejora de los ingresos por comisiones y la digitalización del negocio, como una de las vías para que el sector financiero mejore su rentabilidad en un entorno en el que los bajos tipos de interés están mermando sus resultados. «Una mayor concentración y digitalización del sector bancario podría ayudar a mejorar la eficiencia de costes», señala el BCE en su informe anual correspondiente a 2017, publicado ayer.

«Las fusiones bancarias son complejas, costosas y arriesgadas, y su éxito depende de determinadas condiciones propicias. Las entidades de crédito tienen que estar seguras si van a dar este paso, y parece que todavía carecen de la confianza necesaria», reconoce sin embargo el organismo en su reciente informe anual sobre las actividades de supervisión.

Una de las razones que entorpecen esas transacciones corporativas entre bancos de distintos países, tal y como señala el BCE en ambos documentos, es el elevado volumen de activos improductivos que acumulan entidades de países como Grecia, Chipre, Portugal, Irlanda, Bulgaria, Croacia, Hungría, Eslovenia e Italia. En el conjunto de la Unión Europea esos activos tóxicos ascienden a 910.000 millones de euros, lo que ha llevado a la Comisión Europea y el propio banco central a tomar cartas en el asunto con la puesta en marcha de una batería de medidas para acabar de limpiar los balances bancarios.

Valoraciones inciertas

«Al analizar los socios potenciales, pueden existir dudas sobre la calidad de sus activos y su capacidad para generar beneficios. En algunas partes de la zona del euro, los niveles de préstamos dudosos continúan siendo elevados y resulta difícil determinar su verdadero valor», dice el BCE, que cree por tanto que «las medidas para reducir el volumen de préstamos dudosos podrían contribuir a intensificar la actividad bancaria transfronteriza».

Otra de las barreras señaladas por el BCE es la regulación. «A muchas entidades de crédito les gustaría ver el código normativo único plenamente implementado antes de plantearse dar el gran paso de fusionarse con otra entidad», explica la institución. El banco central se refiere, por un lado, a la falta de armonización de los marcos jurídicos y regulatorios por los que se aprueban las fusiones y adquisiciones, así como de las normas tributaria, de insolvencia y en materia de protección de los consumidores, de tienden a ser diferentes en los distintos países.

Por otro, el organismo lamenta que las excepciones que las normas sobre capital regulatorio permiten aplicar a los Estados miembros hacen que al final no se puedan comparar plenamente los niveles de capital de las entidades entre unos países y otros, pese a lo mucho que se ha avanzado en este terreno con la unión bancaria.

El BCE señala un tercer obstáculo: los requisitos de capital a la banca aumentan en función de su tamaño y complejidad, lo que puede ser un desincentivo para que las entidades aborden compras transfronterizas.

La entidad monetaria y supervisora insta por otro lado a los Estados miembros a avanzar en la creación de un Fondo de Garantía de Depósitos único y común para todos los países, tercer y última pata de la unión bancaria, y que países como España y el sector financiero consideran fundamental. «Los depositantes de toda la UE deben estar protegidos por igual y esto es crucial para un sector bancario verdaderamente europeo», defiende el BCE, que no señala la ausencia de este mecanismo como una barrera a las fusiones, como sí hacen los bancos.

El sector financiero ha manifestado en ocasiones que la ejecución de fusiones transfronterizas y la constitución de grandes entidades paneuropeas será la prueba final del éxito de la unión bancaria. El 2016, últimos datos del BCE, fue el peor año desde 2000 en fusiones y adquisiciones de entidades financieras europeas tanto en número de operaciones corporativas como por valor de esas transacciones.

Draghi se desentiende en todo caso de la solución de esas incertidumbres y la deja en manos de la banca y los gobiernos nacionales y la Comisión Europea. «Aunque la supervisión bancaria europea puede advertir de estos obstáculos, su papel en la configuración del entorno es limitado. Las operaciones de concentración han de dejarse a las fuerzas del mercado, y los cambios regulatorios, a los reguladores», zanja.

Impacto de su política en la rentabilidad

El banco emisor defiende en su último informe anual los efectos de su política monetaria de bajos tipos de interés y compra de activos. Es más, frente a la queja de los bancos de que está mermando su capacidad de generar ingresos, el BCE defiende que ha tenido un impacto neutro en la rentabilidad de las entidades, porque los ingresos que han perdido por los tipos de interés negativos lo han recuperado con una mejora de la actividad económica que se ha traducido en más crédito y menos provisiones.

«Las medidas del BCE contribuyeron a que las condiciones de financiación continuaran siendo muy favorables», dice el banco central, en el que detalla que el crédito al sector privado creció el año pasado al 2,8% en diciembre de 2017, su mayor crecimiento desde el inicio de la crisis en 2008, sin que ese se tradujese en una mayor ratio de endeudamiento. Además, la institución celebra el mayor papel del mercado de deuda en la financiación de las empresas europeas, lo que ha reducido su dependencia bancaria.