Real Madrid

El gen del minuto 93 continúa vivo

El campeón se clasificó de penalti porque dominó y atacó en busca del gol hasta el final, con su espíritu ganador

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El fútbol es un estado de ánimo. Es verdad. La psicología juega tanto como la calidad. La sustituye. La elimina. O la potencia. En el vestuario de Valdebebas se analiza que el terremoto del Barcelona en Roma no supuso un acicate para el conjunto madrileño. Todo lo contrario, produjo una honda preocupación. Les hizo pensar que la Juventus, que utiliza las mismas artes marciales y tácticas que el conjunto romano, podría jugar igual. Así lo hizo. Y repitió el 0-3. La diferencia es que el Real Madrid no desapareció del fútbol, como hizo el equipo de Valverde, sino que quiso atacar y marcar con su espíritu competitivo, hasta conseguirlo, a pesar de sus múltiples carencias tácticas. La polémica del penalti oscureció esas virtudes.

El Real Madrid se sintió golpeado en tres ataques de la Juventus, eficacia suprema en sus despliegues ofensivos, y continuó su dominio, insistente, hasta encerrar a su rival. Es una virtud madridista, nunca pierde su identidad. Y hay una realidad: el penalti solo evitó la prórroga. Los blancos nunca estuvieron eliminados y atacaron siempre. El Barcelona sí estaba eliminado y no atacó nunca. Todo es muy distinto

Hay una verdad indiscutible: el penalti solo evitó la prórroga. El campeón de Europa nunca estuvo eliminado, como si lo estuvo el cuadro azulgrana. Reinaba un 3-3 en el cómputo total de la eliminatoria y faltaba el veredicto final. No es lo mismo.

Mandó hasta en el desacierto

El Bernabéu vivió una noche tan rara como aquel 3-4 del Schalke, el 10 de marzo de 2015, cuando Cristiano salvó al club con dos goles al filo del adiós. Ayer, los blancos volvieron a subsistir al filo de lo imposible, pero con el 0-3 dominaron, encerraron a su rival (cosa que el Barcelona nunca hizo) y Cristiano solucionó una vez más el embrollo de sus compañeros, alienados por la fiereza juventina. Esa es una virtud madridista. Hasta en el desacierto general no dejaron de tener el balón en su poder. El ADN de dominar el partido nunca lo olvidan, aunque sufran un 0-3.

Asustado por el empate en la eliminatoria, 3-3, el Real Madrid tampoco perdió nunca su alma ganadora, su gen competitivo. Atacó en busca del gol mientras la Juventus le noqueaba con esos tres golpes en sus únicas oportunidades reales de gol. El acierto para aprovechar las ocasiones es un genoma sobrehumano italiano, casado con su concentración estratégica para sacar jugo de sus acciones ofensivas. El Real Madrid dominante peleó contra esa eficacia enemiga de la que han aprendido mucho.

Dice el vestuario de Valdebebas que ellos nunca pensaron que el «calcio» sea inferior. Nunca hablaron del «bombón Roma». Siempre tuvieron sumo respeto a los rivales italianos. Demasiado, indica un líder de la plantilla. Hoy, la Roma no es el deseado en el sorteo. El Real Madrid llega a semifinales con asignaturas suspendidas y aprobadas de golpe.