Barcelona-Real Madrid

Luis Enrique, debilitado e irascible

El técnico del Barcelona vuelve al discurso ácido y recuerda que en su primer año las cosas estaban peor. Zidane ha sumado diez puntos más de que llegó al Madrid

Luis Enrique, en una rueda de prensa con el Barcelona
Luis Enrique, en una rueda de prensa con el Barcelona - EFE

Luis Enrique no pretende hacer amigos, no le interesa quedar bien con nadie. Después del bajonazo de Anoeta, el peor partido de su etapa como reconoció sin dobleces ante las cámaras, regaló un parlamento con una buena dosis de autocrítica, cabizbajo y enfadado porque el Barcelona jugó nefasto. Pero Luis Enrique no es de llantos prolongados y ayer, en su comparecencia previa al duelo copero de esta noche contra el Hércules, recuperó el tono ácido y respondió a todas las preguntas con sarcasmo, alérgico a la prensa desde que vestía calzón corto. Cada cuestión, una sobrada, tratando de exhibir una tranquilidad impostada. «Esta plantilla sigue siendo la mejor de los tres años en los que he estado, pero el entrenador sigue siendo el mismo paquete», ironizó. Un entrenador que, por cierto, tiene contrato hasta junio y no hay noticia alguna sobre su futuro.

No es, ni por asomo, el más simpático, pero no busca la palmadita por mucho que en la grada de animación del Camp Nou se desgañiten coreando su nombre. Tiene a la masa azulgrana más ruidosa de su parte, y la gran mayoría entiende que se ha ganado con creces el pan, campeón del triplete el primer año y con un doblete de Liga y Copa en el segundo. Ahora, sin embargo, la situación ha cambiado y el Barça viaja a seis puntos del Real Madrid justo antes del clásico, con Luis Enrique en el punto de mira.

Él, de todos modos, sigue en su mundo, ajeno al ruido aunque le encanta la brega mediática. El asturiano no olvida que en su primer año estuvo a punto de firmar el finiquito, precisamente después de perder en Anoeta con el consiguiente despido de Zubizarreta y la tensa relación con Leo Messi, así que negocia desde el diván y se aísla con carreras o escapadas en bicicleta (muchas veces es su medio de transporte a la ciudad deportiva). «Si recuerdo el primer año me sale una sonrisa enorme porque más no me pudieron criticar y luego se subieron al carro», recuerda.

Hubo tirón de orejas del entrenador en San Sebastián y una charla después en Barcelona, emplazando al grupo a una reacción inmediata para no perder de vista al enemigo. Con un micrófono de por medio, Luis Enrique saca uñas. «Es evidente que debemos mejorar y ser más regulares, pero no veo signos para preocuparme excesivamente más allá de algunos episodios puntuales, creo que seguimos siendo favoritos a todos los títulos», argumentó ayer.

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