Natación Ryan Lochte, ensuciado por una fiesta

Acusado por la policía de inventarse un atraco, el nadador intenta tapar su descrédito y la fuga de patrocinadores

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Ryan Lochte, ensuciado por una fiesta

La cuenta de twitter de Ryan Lochte no es ninguna sucursal del remordimiento. Mucho menos, una filial del arrepentimiento o la pesadumbre. Las primeras imágenes describen a un tipo bronceado, de sonrisa metálica y dentadura perfecta que transmite una exacerbada seguridad en sí mismo. Un campeón de natación que baila y quiere olvidar. Así se lo cuenta a sus 1,2 millones de seguidores. El palmarés de Lochte en wikipedia rebosa por los bordes, tal es el número de medallas que ha conseguido en los Juegos (12), en los Mundiales o en los campeonatos Panamericanos. Pero la estrella estadounidense que ha convivido a la sombra de Michael Phelps aún no ha cerrado su último episodio. Sucedió lejos de su hábitat –la piscina–, en una gasolinera de Río de Janeiro donde las cámaras grabaron que mintió a un país, a su madre y a sus 1,2 millones de fans en Twitter.

«Todo el mundo tiene que estar cansado de escuchar esto. Yo solo quiero seguir adelante», se escabulló Lochte esta semana en Nueva York cuando tuvo que responder a las preguntas de los periodistas durante la presentación del programa de televisión «Bailando con las estrellas», del canal ABC, en el que participará junto a la gimnasta olímpica Laurie Hernández, el rapero Vanilla Ice o el exgobernador de Texas Rick Perry. Ya no le persiguen sombras de nadadores en la pileta, sino una cara dura descomunal.

«Asumo toda la responsabilidad. Soy humano. He cometido un error. Un error muy grande», aceptó Lochte de mala gana. Después de ser desenmascarado por la policía de Río de Janeiro, no le quedó otro remedio que el escarnio público.

Fue la noche más cara para Ryan Lochte, una leyenda de 32 años en Estados Unidos. Acudió junto a tres nadadores norteamericanos a una fiesta en la Casa de Francia en Río de Janeiro. Juerga, risas y alcohol en una farra en la que Lochte era una de las estrellas invitadas. También hubo chicas, alguna de las cuales flirteó con los deportistas. Lochte colgó un vídeo en una red social.

Se marcharon en taxi a las seis de la mañana –y no a las cuatro como dijo el nadador en su primera versión–. Se detuvieron en una gasolinera para ir al baño. Orinaron en la calle, destrozaron el material, llegaron guardias de seguridad y uno de ellos sacó un arma para reducir el alboroto de los deportistas. Obedecieron todos, menos Lochte, quien orgulloso permaneció en pie. Lo que la policía brasileña describió luego como una bronca nocturna, Lochte lo había elevado a atraco con arma de por medio. Habló de sustracción de móviles, cartera y dinero.

Puso en cuestión la seguridad de una ciudad y el crédito de un país. Y lo hizo según la policía porque «tenía razones para no divulgar la verdadera historia». Según diversos medios americanos, el campeón olímpico se inventó la trama propia de Hollywood para que su novia no sospechase sobre una infidelidad. Su pareja es Kayla Rae Reid, exmodelo de Playboy.

Lochte ha perdido muchos patrocinadores, pero el escándalo no le ha resultado tan lesivo para sus intereses económicos. Le han contratado en el reality de baile y esta semana suscribió su segundo contrato de publicidad, RobocoppUSA. Guiños del destino, una empresa de seguridad privada.

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