Wayne Brabender (derecha) defendiendo a España
Wayne Brabender (derecha) defendiendo a España - ABC

Nacionalizados que dieron gloria (o vergüenza) al deporte español

Leyendas como Di Stéfano, Brabender o Dujshebaev contrastan con «Juanito» Muehlegg o Josephine Onyia

MadridActualizado:

El debate se ha calentado, paradójicamente, en tiempos de globalización (aunque la paradoja pierde fuelle en una España donde algunas regiones buscan orígenes míticos e, incluso, clubes de fútbol se adjudican medallas olímpicas). A nadie le preocupó en los años 60 y 70 del pasado siglo que Wayne Brabender, el legendario jugador de baloncesto del Real Madrid, naciera en Minnesota. Se nacionalizó español en 1968 y aquí prestó sus servicios, con su club (13 Ligas y 4 Copas de Europa) y con la selección española (190 veces internacional; mejor jugador del Eurobasket de Barcelona 1973, en el que España obtuvo la medalla de plata). Sin cambiar de deporte, Chicho Sibilio, nacido en la República Dominicana, fue un fijo en el Barcelona (aquel recordado equipo con Epi, Solozábal y compañía) y en la selección durante los años 80. Tal vez entonces se le daba al refranero valor de ley: «Uno no es de donde nace, sino de donde pace».

Ahora, con las redes sociales convertidas en tribuna universal, el debate de la procedencia de los deportistas se ha convertido en un clásico. Lo ha sido con Orlando Ortega, que defendió a Cuba en Londres 2012 y a España en Río 2016. Antes de que se sustanciara su nacionalización hubo atletas que manifestaron su enojo a la Federación de Atletismo, aunque la cosa no pasó a mayores. Tras ganar la plata en 110 metros vallas, Ortega paseó la rojigualda en el estadio olímpico, agradeció con lágrimas la oportunidad y convenció al público de su compromiso. Otros nacionalizados de origen cubano que triunfaron aquí fueron los saltadores de longitud Niurka Montalvo (oro en el Mundial de Sevilla 1999) y Joan Lino (bronce en los Juegos de Atenas 2004). Sandra Myers (Little River, Kansas) se convirtió en la primera mujer española en subir al podio en un Mundial de Atletismo:bronce en 400 metros en Tokio 1991.

Salvo la tropa recalcitrante de «trolls» que pulula por las redes, nadie cuestiona a tipos como Ibaka o Mirotic (excelente su comportamiento con la selección de baloncesto en los Juegos), como nadie bajaría del pedestal de héroe del balonmano patrio a Talant Dujshebaev a pesar de venir al mundo en Biskek, Kirguistán.

Dos iconos del fútbol español, Alfredo Di Stéfano y Ladislao Kubala, nacieron en Argentina y Hungría, respectivamente. Kubala defendió la camiseta de tres selecciones nacionales distintas (Hungría, Checoslovaquia y España), un caso único, y fue el seleccionador que más duró en el banquillo hispano (once años). Marcos Senna (Sao Paulo, Brasil), extraordinario mediocentro, fue uno de los artífices del éxito de España en la Eurocopa de 2008.

Martín López-Zubero (Jacksonville, Florida), logró la primera medalla de oro olímpica para la natación española (200 metros espalda, Barcelona 92). Siempre compitió por nuestro país. No así la también nadadora Nina Zhivanevskaya, que en aquella cita logró medalla bajo la bandera del Equipo Unificado (los restos de la Unión Soviética) y en Sidney 2000 un bronce con España en 100 metros espalda. Los aficionados sí borrarían el rastro de otros que mancharon el buen nombre de nuestro deporte, como Johann Muehlegg, esquiador de fondo de origen alemán, descalificado por dopaje en los Juegos de Salt Lake City 2002, o la vallista nigeriana Josephine Onyia, suspendida de por vida por la IAAF tras cuatro positivos.