Paula Iwasaki y Pablo Béjar, en «La dama boba»
Paula Iwasaki y Pablo Béjar, en «La dama boba» - MarcosGPunto

Dos textos clásicos de nuestro teatro, bajo la mirada de la juventud

La Joven Compañía de Teatro Clásico y La Joven Compañía presentan sendos montajes de «La dama boba» y «La fundación»

MadridActualizado:

Coinciden esta semana dos estrenos con un denominador común: la juventud de sus intérpretes. La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico y La Joven Compañía (la similitud de sus nombres es motivo de litigio entre ambas) presentan, respectivamente, «La dama boba», de Lope de Vega, y «La fundación», de Buero Vallejo (la versión, de Irma Correa, se ha titulado «En la fundación»). Ambos conjuntos tienen supuestos similares, pues combinan la formación y la interpretación, acogen a actores de determinadas edades (de los 18 a los 28 años, con mínimas variaciones en cada caso) y tienen como principal objetivo el público más joven. Sus responsables y los directores que trabajan con ellas -en este caso, Alfredo Sanzol y José Luis Arellano- coinciden en señalar las características que las convierten en especiales: su entusiasmo, su energía, su flexibilidad y su extraordinaria calidad.

«La dama boba», de Lope de Vega

La cuarta promoción de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico (que, excepcionalmente, desarrolla un tercer año de trabajo, cuando lo estipulado son dos) ha contado para este montaje con uno de los autores y directores más destacados del teatro español de nuestros días: Alfredo Sanzol (último premio Nacional de Literatura dramática). El dramaturgo madrileño cuenta que «La dama boba» es uno de sus textos favoritos; «es una comedia que siempre he mirado con mucha admiración». Según Sanzol, habla de cómo nos tratamos los unos a los otros, de cómo nos vemos; algo que también modifica nuestra esencia. «Somos también lo que los demás ven sobre nosotros».

«La dama boba» es una de las comedias palatinas de su autor, y el manuscrito original está fechado el 28 de abril de 1613. Es, dice Sanzol, «un cuento mágico sobre el poder que tiene el amor de transformar nuestro entendimiento, y una sátira contra el machismo que ha creado un tipo de mujer perfecta: “la que es inteligente y se está callada”».

La protagonista de la comedia es, efectivamente, una «mujer boba», a la que sin embargo Lope otorga, según dice Sanzol, «dignidad, y la convierte en un personaje moderno, de carne y hueso, más allá del estereotipo. Es una mujer que toma conciencia de sí misma y tiene miedo». Y de la obra añade que es «una fiesta de la libertad del ser humano para construir su carácter; Lope construye el humor amando a sus personajes, en los que pone admiración y fe».

Jimmy Castro, David Soto Giganto, José Fernández, Daniel Alonso de Santos, Marçal Bayona, Georgina de Yebra, Cristina Arias, Paula Iwasaki, Kev de la Rosa, Silvana Navas, Miguel Ángel Amor y Pablo Béjar componen el reparto de esta comedia, que Sanzol ha querido presentar despojada de escenografía (aunque el director ha convertido la sala Tirso de Molina en un trampantojo) y con un vestuario actual y aparentemente casual -«pero está equilibrado y tiene una lectura dramatúrgica», dice-.

«En la fundación», de Antonio Buero Vallejo

Una escena de «En la fundación»
Una escena de «En la fundación» - David Ruano

Sobre el papel, no parece «La fundación» -estrenada en 1975, y una obra con profundas huellas filosóficas- un texto muy apropiado para el trabajo que desarrolla La Joven Compañía. Fue Jaime de los Santos, consejero de Cultura, Turismo y Deportes de la Comunidad de Madrid, quien propuso a la compañía que realizara lo que José Luis Arellano, director de todos los montajes de La Joven, califica de «hazaña». «Teníamos que arriesgarnos -sigue-; desde el teatro tenemos una deuda con Buero Vallejo, y tenemos también el deber de presentárselo a los jóvenes, tanto los actores y los espectadores; si pasan tres generaciones más sin contacto entre la profesión y Buero, éste dejará de existir. Así que merecía la pena poner en pie este texto».

La actriz y dramaturga Irma Correa ha sido la encargada de la versión, cuyo resultado se presenta bajo el título de «En la fundación». «El hecho de ser una adaptación para una compañía de actores jóvenes ya condiciona el lenguaje y muchas actitudes de los personajes. Ha habido además que ajustar la extensión del texto, que originalmente tenía una duración de casi tres horas». Finalmente, dice Irma Correa, «tenía una obsesión: el ritmo. La cadencia que tiene el texto de Buero no es la cadencia que creíamos que debía tener el trabajo de la compañía».

La pena de muerte a la que estuvo condenado Buero Vallejo tras la guerra civil, y que lógicamente marcó su existencia, está muy presente en esta obra de tintes pesimistas. «Hace tiempo dice José Luis Arellano-que en España no hay pena de muerte, pero los jóvenes, y hemos tenido muchas conversaciones con los actores sobre esto, entienden perfectamente lo que supone. Pero Buero dijo en algún momento que la obra es esperanzada. Y yo creo que es verdad. Es una obra que habla de la rebeldía, y por eso creo que conecta muy bien con La Joven Compañía. Presenta a una serie de personajes que bajo ningún concepto quieren dejarse morir. Es verdad que tiene momentos muy pesimistas, de reflexiones muy duras, pero luchan hasta el final por sobrevivir. Hay una frase en la función: “si pensamos que es posible, entonces será posible, que conecta muy bien con la gente joven... Y con todo el mundo. Hay un mensaje de esperanza en esta obra: pese a la muerte, pese al horror, pese a las cárceles -no habla solamente de las cárceles físicas-, tenemos que seguir luchando para salir de ahí».