Cultura - Teatros

Marta Poveda: «En Lope, hasta las comas tienen significado»

La actriz interpreta a Diana, la protagonista de «El perro del hortelano», en el montaje de la Compañía Nacional de Teatro Clásico

La actriz Marta Poveda, en la entrevista
La actriz Marta Poveda, en la entrevista - Maya Balanyá

Hay algo en Marta Poveda que genera una energía positiva contagiosa. Será su naturalidad, su franqueza, o esa mirada siempre aprendedora... Con la Compañía Nacional de Teatro Clásico mantiene un idilio discontínuo, que comenzó con la Rosaura de «La vida es sueño» y que ahora la lleva hasta uno de los personajes femeninos más hermosos de nuestro teatro clásico: Diana, la protagonista de «El perro del hortelano». El montaje, que abre la temporada de la CNTC, lo dirige Helena Pimenta.

«De Diana me gusta –dice Marta, sin ningún preámbulo– que siempre se está examinando en presente; que se para siempre a preguntarse qué le pasa, lo que siente: alegría, turbación, enfado, celos... Es todo el tiempo muy honesta consigo misma, y eso la hace muy fuerte y muy valiente, y a la vez muy sensible y frágil».

Manipuladora

Esta última frase podría también aplicársele a la propia actriz, que ha entrado en el personaje de la mano de Helena Pimenta. «Me da miedo ser arrogante si digo que la hemos hecho especial... Se habla mucho de que Diana es una manipuladora, una gran estratega y una mujer que puede pecar de ruda... A mí me parece el resto de los personajes quienes la convierten en todo eso. Diana es una “diana” en la que clavan sus dardos todos los que están a su alrededor. Ellos dicen que es manipuladora, que es un vendaval, que es retorcida, que es el perro del hortelano... Pero, en realidad, eso es en lo que la quieren convertir. Es una víctima de los miedos de los demás».

Diana, por el poder que ostenta, es una mujer atípica para su época. «Los demás piensan que Diana no merece ese poder, que lo tiene porque le ha tocado. Y lo utilizan. Quizás todos tendemos a hacer eso –reflexiona–, a emplear la crítica como una manera de evitar enfrentarnos a nosotros mismos. En este país atacamos a los demás constantemente:en la política, en las artes... Los celos y la envidia son grandes amigos nuestros».

Trabajo meticuloso

No sabe responder Marta Poveda a la pregunta de si Diana es el personaje más complejo que ha interpretado. «Tiene muchas aristas; es muy racional y muy pasional, tremendamente inteligente... Hay que estudiar mucho para entender qué quiere decir en cada momento; hasta los puntos y las comas tienen significado. Lleva mucho trabajo, y muy meticuloso, y eso lo hace al tiempo complicado y apasionante. Y el texto está tan bien escrito que te allana mucho el camino para construirlo. Lope escribía de manera sobrehumana».

Defender a un personaje en verso no parece, en principio, la manera más natural de hacerlo. «Las emociones que se tratan en el teatro del Siglo de Oro son tan profundas, tan importantes y elaboradas que no puedes expresarlas con un lenguaje sencillo; van más allá de la propia palabra. Y el verso es el mejor instrumento para transmitirlas. Ocurre como con el flamenco, que no puede hablar de cómo hacer un cocido, por ejemplo, habla de siempre de sentimientos muy marcados. Del amor, del odio, de la filosofía, se habla mejor con un lenguaje elaborado»,

Crecer

El verso, por otro lado, es música. «El ritmo resulta fundamental –asiente Marta– y ayuda a romper el posible distanciamiento con los espectadores. El ritmo apasiona, el lenguaje musical llega al corazón. Y el actor tiene la responsabilidad de potenciar cada palabra para llegar a los espectadores. Eso es el trabajo actoral». «La partitura del verso –añade la actriz– puede parecer una limitación, pero lo que te da es mucha libertad; cuanto más acotado estás, más tienes que utilizar tu creatividad, y eso me ha hecho crecer mucho como actriz. Trabajar además en una institución como la CNTC me aporta una disciplina que no encuentras en otros lugares, y eso te hace crecer igualmente;poder interpretar además a personajes como Rosaura o Diana, que llegan a lugares emocionales tan profundos y a lugares racionales tan interesantes, supone un crecimiento profesional pero, sobre todo, personal. Es muy difícil abarcar completamente estos personajes, y tienes que darle muchas vueltas a la cabeza... Y eso, nuevamente, te hace crecer».

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