Cultura - Música

Los Rolling Stones vuelven al blues en su primer disco en diez años

Eric Clapton colabora con su guitarra en una obra «cruda y auténtica» que saldrá el 2 de diciembre

Charlie Watts, Keith Richards, Mick Jagger y Ronnie Wood, integrantes de los Rolling Stones
Charlie Watts, Keith Richards, Mick Jagger y Ronnie Wood, integrantes de los Rolling Stones - AFP

Cuenta la leyenda de los Rolling Stones que todo comenzó hace 54 años, cuando un muchacho llamado Mick se encontró en un tren londinense con Keith, con quien ya había coincido en la escuela de primaria sin trabar mayor relación. Jagger, de clase media más acomodada que Richards, viajaba rumbo a sus clases en la London School of Economics. Keith, que vivía en una vivienda de protección oficial con sus padres, iba a la escuela de arte, donde más bien perdía el tiempo tras ser expulsado del colegio por falta de interés.

Mick llevaba un disco de blues y se pusieron a hablar, porque era la pasión de ambos, su religión. La simiente de los Stones estaba sembrada. Y ahí sigue, cuando el cantante peina 73 años y el guitarrista 72. «Si te metes en un vagón de tren con un tío que lleva bajo el brazo el disco de Chess Records con el "Rockin' at the hops" de Chuck Berry y The best of Muddy Waters, ¿cómo no va a ser amor a primera vista?», escribió Richards en su autobiografía.

Más de diez años después de la publicación de su último disco de estudio, el discreto «A bigger bang» de 2005, los Stones anuncian su entrega número 25, que se titula «Blue & Lonesome» (triste y solitario) y saldrá a la venta el próximo 2 de diciembre. La portada es el logo-lengua de la banda teñido de azul.

A estas alturas, un disco nuevo de los Stones no va a cambiar el mundo del arte. La crítica seria sostiene que su última obra apreciable fue «Tatto you», de 1981, y que en realidad lo último que realmente estuvo a la altura de su nombre fue «Some Girls» (1978). Pero esta vez hay una novedad que da interés a la noticia: los Stones miran a su primer amor, el blues, y han versioneado clásicos de la escuela de Chicago, de músicos como Little Walter o Howlin' Wolf.

También ha sido diferente la manera de grabar. Tras la publicación en 2010 de las memorias de Keith Richards, donde llamaba prima donna insufrible a Jagger y hasta cotilleaba que el atributo viril del viejo galán es de discretas proporciones, las relaciones de ambos entraron en punto muerto. Tampoco es que antes de esa crisis fuesen muy amistosas. Desde sus peleas de los años ochenta, prácticamente no se hablaban. Sus discos los registraban por teléfono, grabando cada uno su parte por separado. La sociedad Jagger-Richards, que nació en el tren del Sur de Londres estaba rota y todo era una lucrativa máquina de directo.

Versiones

Pero esta vez, según ha revelado su productor, el estadounidense Don Was, todo fue distinto. Volvieron al blues y durante tres días hicieron unas sesiones muy libres y sueltas, sentados en círculo en los estudios British Grove, en Chiswick, al Oeste de Londres. El resultado es «muy crudo y muy auténtico, capta la esencia de lo que son», en palabras de Was.

El blues fue la música que conmovió a los juveniles Jagger y Richards y los puso en marcha

Ron Wood, el benjamín del grupo, que ha sido padre recientemente con 69 años, asegura que las versiones son «extremadamente buenas». Richards explica que ha sido «como los viejos tiempos de Richmond», la localidad del Suroeste de Londres donde ofrecieron sus primeros conciertos. Hoy se saldrá de dudas. Hasta ahora solo se ha facilitado un anticipo de diez segundos, donde se les ve en el estudio y suena la armónica de Jagger.

La veteranísima banda inglesa también ha registrado algunas canciones nuevas. En el disco suena además la guitarra de Eric Clapton en dos piezas. «Mano lenta», otro feligrés de blues, se encontraba en el mismo estudio trabajando, en otra sala, y añadió sus punteos en dos cortes. Tal vez no quede mucho tiempo para seguir disfrutando de los dedos mágicos de Clapton, de 71 años, porque ha relevado que padece una dolencia del sistema nervioso que le dificulta tocar la guitarra.

Achaques del rock

Son los achaques del rock en edad de pensionista, que se verán por todo lo alto, con sus grandezas y limitaciones, desde mañana en el festival Desert Trip de California. Una especie de gran Woodstock gerontocrático, que reunirá a lo más granado que sobrevive del rock de los sesenta. Abrirán los propios Stones y luego desfilarán Dylan, The Who, Paul McCartney, Neil Young y Roger Waters. Un cartel irrepetible por muchos motivos, empezando por el biológico.

La máquina comercial de los Stones es infatigable. No se perdona un dólar. Antes de viajar a California, han ofrecido un concierto privado en Las Vegas para una convención de camioneros. Además del disco que hoy presentan, en noviembre publicarán el documental del concierto para medio millón de personas que ofrecieron en La Habana, donde se dio la curiosidad de que el público subyugado por el régimen comunista prácticamente desconocía su cancionero.

El blues fue la música que conmovió a los juveniles Jagger y Richards y los puso en marcha. Es conocida la anécdota de que en su primer viaje a Estados Unidos, a Richards se le vino su mundo al suelo cuando se encontró a su ídolo de mocedad, Muddy Waters, brocha en mano y vestido de mono, pintando el techo de los estudios Chess de Chigado. Los grandes bluesmen negros inventaron el género haciendo música con los dolores del Sur, pero fueron los chicos pálidos de Londres lo que acabaron ordeñando la vaca. Y en ello siguen.

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