Fotograma del documental 'La gran ola'
TSUNAMIS

'La gran ola': El inevitable final de Cádiz bajo las aguas

El documental, presentado este viernes en Cádiz, alerta del riesgo real de tsunami con el testimonio de decenas de expertos

Actualizado:

'La gran ola'’ no es una película. Es una bofetada, un puñetazo a los políticos y, sobre todo, al espectador que en la noche del pasado viernes llenaba la sala 1 de los cines de El Corte Inglés de Cádiz, donde no cabía un alfiler. El documental no pretende agradar al espectador, no quiere entretenerle. Quiere enfadarle, quiere incomodarle. Y, sobre todo, quiere salvarle la vida en caso de que llegue la gran ola. Que, repite una y otra vez, va a llegar.

Fernando Arroyo, el director, cuando acabó la proyección de esta verdad incómoda, cogió el micrófono. Y comenzó hablando de la experiencia de María Belón, superviviente del maremoto del sudeste asiático. Habla de su experiencia en Japón, y cómo para ellos es algo fundamental saber qué tienen que hacer en caso de tsunami. Y aquí llega el paralelismo con Cádiz. «Le pregunté a María ‘¿cómo vas a Tailandia con el miedo que tienes a los maremotos?’, ‘es que nadie hablaba de eso en Tailandia, podía haber ido a Cádiz’, me respondía ella». ¿Qué fue lo que pasó en Tailandia? «No había nadie vivo que pudiera contar qué era un tsunami, como pasa en Cádiz». Sus palabras suenan más duras que las que se proyectan en la pantalla.

El director contó que, como en Cádiz, nadie en el sudeste asiático pensaba que podía llegar un tsunami

Y es que en el debate posterior a la cinta, Arroyo no habla de la película. Se puede decir que ese rodear la película es incluso constante. No habla de efectos especiales, de gráficos o de los expertos de primer orden que participan. Habla, con la complicidad del público, de cómo actuar en caso de tsunamis. Con el micrófono, como antes con la cámara, pretende concienciar de qué hacer en caso de que se produzca. Y se indigna de la pasividad que tiene la sociedad antes este asunto. «Los políticos se asustan cuando tratamos el tema», repite.

Arroyo, para alertar de la necesidad de empezar a tomar medidas de prevención, mira la sala de cine. Hay extintores y salidas de emergencia. «¿Y cuántos cines han ardido en Cádiz en los últimos 50 años? Nosotros no decimos que el tsunami vaya a ocurrir mañana, sólo que queremos que si pasa debemos tener sistemas de alerta». Y si nadie iría a un cine sin prevención de incendios, «¿por qué tenemos esa pasividad ante el tsunami?»

Los espectadores se agitan en la silla y Arroyo, serio, llama a la tranquilidad: «que nadie deje de ir a la playa; de hecho, yo veraneo en Rota». «Hacemos ‘La gran ola’ para estar preparados» y añadió que parte de esa responsabilidad supone pedir «a quien corresponda» que no se nos oculte información.

«El documental tiene más de 40 horas de entrevistas y algunos entrevistados incluso se han quedado fuera», resume. El mérito del documental «es que antes de la necesidad de estar prevenidos ante esta inevitable cuenta atrás, sólo se hablaba entre expertos, en la Universidad. Pero esto ha cambiado». Arroyo reconoce que «ir al cine a ver un documental no está en nuestro ADN, no nos gusta que nos calienten la cabeza. Pero hay que hacerlo».

Cádiz, sin esperanza ante la ola

El creador del documental se indigna cuando se sugiere que existen sistema de prevención contra maremotos. «Cuando os digan que hay sistema de alerta, no os lo creáis. Cuando os insistan en que se han hecho simulacros, no os lo creáis, ¿habéis participado en simulacro de tsunamis?» Un espectador dice que sí. Las instalaciones eran militares.

En la parte del documental nadie se mueve de su silla. Pero tampoco lo hace nadie cuando llega el debate posterior. Todos oyen atentos a los distintos expertos que intervienen, como Gregorio Gómez Pina, que pormenorizan cuestiones técnicas acerca de los maremotos.

Uno de los mensajes que se repiten constantemente en ‘La gran ola’ y que vuelven a aparecer en la charla es que, tarde o temprano, llegará un nuevo tsunami a las costas gaditanas, como viene ocurriendo desde hace 3.000 años. Desde esa época, se ha constatado 14 maremotos en Huelva y 7 en Cádiz.

«Ir al cine a ver un documental no está en nuestro ADN, pero hay que hacerlo»

José Manuel Calvo, del Instituto Español para la Reducción de los Desastres (IERD), también muestra una brizna de esperanza sobre las medidas que se están tomando. Explica cómo el colegio Tierno Galván ha realizado el primer simulacro de maremoto. Detalla cómo el director tiene unas llaves de las gradas del Carranza y cómo en la evacuación simulada ascendieron a las gradas superiores del Estadio. Y ya dijo que hay otros colegios interesados.

«¿Está tranquilo porque vive en un piso alto? ¿Y quién le dice que le va a pillar en su casa?» Antonio Pazos, de la Armada, también tomó la palabra. Y no tranquiliza a los espectadores / participantes. «No hay garantías de que los edificios, incluso los construidos tras los años 80, no vayan a colapsar o a tener daños. Por lo general, si aguanta el terremoto, podrá aguantar el maremoto», vaticina.

Arroyo recuerda qué le salvó la vida a María Belón cuando llegó el maremoto. «El azar y la educación». Así, explica como ejemplo la anécdota de Tilly Smith, una niña cuyo profesor de geografía le enseñó que si bajaba mucho la marea podía ser indicativo de tsunami. Cuando lo detectó, avisó a su familia y logró salvar a la gente del hotel en el que estaba.

El director insiste en que lo fundamental del documental no es la propia cinta, sino que se sepa qué hacer. ¿De qué sirve saber que llegue un tsunami si nadie sabe qué hacer? Una niña toma la palabra, «le voy a decir a mi directora que lo enseñe en el colegio». El productor, sonríe, el objetivo se ha conseguido.