«Baños en el Sena (La Grenouillère)», óleo pintado por Renoir en 1869
«Baños en el Sena (La Grenouillère)», óleo pintado por Renoir en 1869
ARTE

¿Cómo seguir admirando a Renoir?

La exposición sobre Pierre-Auguste Renoir que abre sus puertas en el madrileño Museo Thyssen la próxima semana derriba mitos y lo rebasa como pintor exclusivamente impresionista

MadridActualizado:

En abril del año pasado una extraña petición llegaba a la web de la Casa Blanca exhortando al presidente Obama a que retirara «los horribles cuadros de Renoir de las paredes de la National Gallery de Washington». No tuvo ningún efecto. Sin embargo, la apertura en paralelo de una cuenta en Instagram titulada «Renoir Sucks At Painting», algo así como «Renoir apesta como pintor», fue una revancha más eficaz de esta causa, aparentemente estética, defendida por Max Geller, un joven americano dedicado a la comunicación política y que llevó las cosas aún más lejos al manifestarse en octubre de 2015, ante el Museo de Bellas Artes de Boston para exigir que se descolgaran las obras del pintor francés. Todo comienza el día en que Geller visitó la Barnes Foundation de Filadelfia, que conserva la mayor colección de Renoir del mundo, «181 obras todas –según él– nauseabundas». Desde entonces y desde su dictadura basada en un supuesto buen gusto, este americano nos interpela con la pregunta: «¿Por qué se nos impone que Renoir es un gran pintor?». Sobre la misma cuenta de Instagram, una de las descendientes de Renoir contestó a Geller: «Cuando su tatarabuelo pinte un cuadro que valga 78,1 millones de dólares, quizá entonces tenga derecho a la crítica».

Sobre esta polémica, que estalló hace exactamente un año, desembarca en el museo Thyssen de Madrid «Renoir: Intimidad». Una magnífica excusa que nos permite revisar nuestro criterio sobre el pintor desde la contemplación sosegada de sus lienzos. Hablamos con Guillermo Solana, comisario de la muestra, quien nos devuelve una pregunta esclarecedora: «¿En la época de Jeff Koons y Damien Hirst podemos mostrar escrúpulos con el “kitsch”?».

La alegría con dolor

Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) pasa por ser el pintor de la vida alegre, de los días de fiesta, del ruido de las verbenas, las mujeres sensuales, las fiestas al borde de un embarcadero, las mesas con bodegones de manteles luminosos, el cristal para vino y frutas, los colores brillantes y una técnica que aparentemente surgía sola, de manera natural. ¿Es Renoir solo esto?. Conviene tener dos ideas presentes antes de cerrar en falso el estereotipo aprendido sobre el pintor de Limoges. En primer lugar, Renoir, considerado el pintor de la alegría, pintaba desde el dolor. Ya muy joven una artritis reumatoide avanzaba por su cuerpo paralizando sus extremidades, sobre todo sus manos, su obsesión. Caballetes con poleas y pinceles atados a sus muñones deformados con gasas fueron algunos de los ingenios que tuvo que emplear para seguir pintando hasta el final. «Creo no haber pasado un solo día de mi vida sin pintar», solía decir.

Por otro lado, la extensa biografía pictórica de Renoir, con casi 4.000 obras, responde a su deseo obsesivo por querer domesticar a la pintura. Nada hay de carrera lineal, ancha, cómoda y previsible; es más bien la de un incesante combate interno. Su método se basaba en la reflexión y la adicción al trabajo.

Renoir empieza a pintar cerca del Rococó: admira a Fragonard, Boucher y Watteau, de ahí viene el gusto por una temática muy francesa, las fiestas galantes. Son los años de aprendizaje, entonces ganaba su sueldo como pintor de porcelanas hasta que una máquina más eficaz y precisa que él dio al traste con su trabajo. El odio de Renoir por el progreso viene desde que tiene 12 años. «Yo no soy un intelectual, soy un obrero de la pintura».